7. Caribe desde La Guajira

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Golfe de Mexique, 18éme Siécle

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Agustín Codazzi – 1840

Atlas fisico y politico de la Republica de Venezuela dedicado por su autor, el Coronel de Ingenieros Agustin Codazzi al Congreso Constituyente de 1830. Caracas 1840. Lith. de Thierry Fres. Cite Bergere 1 a Paris.

Mapa de las costas de Tierra-Firme, desde el Orinoco hasta Yucatan: de las islas Antillas y la mayor parte de las Lucayas con las derrotas que siguio Dn. Cristobal Colon en sus descubrimientos por estos mares y las derrotas de otros navigantes que reconocieron las costas de Venezuela. Lith. de Thierry Frs. a Paris. (Agustín Codazzi, Caracas 1840)

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Todavía no se metió en el mar. Pero lo huele. Aparicio Retaguardia levanta el periscopio y aspira. No está lejos. Yo le muestro. Isidro dibuja con una rama seca en la arena un contorno como un lago salado en la caldera de un volcán, salpicado de puntas de piedras que se salen del nivel cero. Esta es la Guajira. El Cabo de Vela está en la entrada de la Bahía de Portete. Desde Portete navegamos hacia el Norte. Salimos al mar abierto y en esta época el mar está revuelto inquieto hasta cuando duerme no está tranquilo.

Fíjese que la brisa le viene de la derecha, siéntala y corrija contra la corriente que viene con el aire de lejos, del desierto, de Africa. Siempre sopla de allá aunque engañe en el embudo. Trae toda la humedad y se mete como una verga tirabuzón en la papaya caliente. Pero Usted navegue su moto a vela hacia el Norte, ubíquese. La Guajira desaparece a popa. Ahora estamos con ciclón y sólo verá mar y cielo gris, bochorno espeso. Una sopa marinera en blanco y negro. El ciclón lo va a zarandear y a confundir. Pero aguante canalla, aguante.

Al tercer día tendrá costa delante, llegará a una playa, beberá agua de coco y le darán de comer pescado, un trago de aguardiente y dormirá en una choza de palma en el caserío. Lo despertarán las manos de mujer negra que le untarán la piel quemada y reseca con un aceite de aroma que le hará soñar con tambores y hogueras. Afuera verá las dos banderas que juntan Haití con Saint Domingue, dos corrales con cuatro lenguas, cocidos con un tramo de cerco de huesos y tripas. Eso está a tres días y tres noches al norte del Morro de la Guajira.

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Inquietud   -   Foto P. Smith

Pero puede que nunca llegue allí. Si los vientos del Este le ganan y lo empujan como casi siempre ocurre puede que delirante y medio muerto se encuentre con islas donde sólo habitan mujeres, islas de azucar y chocolate, o la Isla del Maiz donde sólo podrá comer langosta con ketchup y algas secas. O puede que se engañe frente a Bluefields y se enamore bailando Palo de Mayo con el cuerpo untado de aceite de tiburón en la Mosquitia Nicaraguense.

Los que no se mueren antes llegan locos y caen de rodillas. No por fé ni por pedir misericordia. Por las piernas desarmadas, las rodillas remordidas y pies en llagas. Le rodearán los cangrejos. Tratará de apoyarse en algún madero y terminará con una cruz clavada en la arena y otros encuentren sus huesos pelados junto a los palos darán Gracias a Dios por haberselo llevado por fin al desgraciado. A veces las corrientes arrastran más y el náufrago delirante se le abre delante una laringe de boa lodosa: es la Boca del Patuca. Si la métase y busque con quien hacer negocio porque del Patuca sigue saliendo oro, merca, crucifijos, y muñecas inflables. A los del Patuca les encantan las boinas con estrellitas. Llévese algunas para el bisnes: rojas, negras, verdes y hasta celestes. Lleve boinas. Traiga merca y pepas de oro cobrizo. Cabezas resecas, encogidas.

Las de cura con balazo frontal cotizan mejor. Patuca. Madrugadas de sangre escarchada. Mañanas turcas. Largo sopor del mediodía hasta que crezca la sombra y discursen los bichos con el río. Y así puede seguir bordeando de playa en playa. Encontrá ciudades también. Yo le recomiendo que se acomode una semanita en Cancún. Cosa de estudiar ese sitio: fíjese que allí hacen peregrinaje cada año las mujeres del norte. Mujeres de todo tipo pero sobretodo grandes y pálidas.

Yo las vi y tuve el gusto de conocer personalmente a algunas personalidades. Es algo religioso para ellas. Desde que bajan de los barcos y los aviones se empiezan a menear y a tomar aguardiante pintado con paraguitas de colores. Y desde que se instalan al sol les sale una energía tremenda. No paran de menearse y reirse de todo y arrastran al primer cbrón que les resulte simpático y se lo comen. Así como le digo se lo tragan vivo. Impresionante la gente quedesaparece en esos sitios. Y Usted que conoció algunas, cómo se salvó? Cómo se defendía? Usted sabe, hay que ser fuerte y rápido. Primero que aspiren y tomen el aguardiente de colores. Entonces es como amansar caballo, hay que darle y no soltar, correrlos por el llano, hasta que estén cubiertas de espuma, el cuerpo de sudor y espuma, la boca como rabiosas.

Cansarlas hasta que se le aflojen las piernas y le de un respiro a sus riñones. Usted lo siente porque las bajan, dejan de apretarlo como serpiente y se aflojan. Ese es el punto merengue. Ahí les viene un sueño corto a las carapálidas y entonces Usted agarra lo que puede de donde estén y huye. Huya por la puerta si está sin traba. Huya por las ventanas si alguna está abierta. Rompa las paredes si no hay otra. Huya por el hueco y corra, no deje de correr hasta llegar a una playa con canoas y métase al mar y nade o reme y aléjese antes de que a la doña se le pase el sueño porque si no las del norte se huelen lo que les dejó adentro y con eso lo siguen como sabuesos en celos y créame que si no se mete lejos mar dentro lo encuentran y ahí no tiene escape. Ahí está perdido. Tiburones sexuales. Fin.

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~ por lofredo en Diciembre 3, 2008.

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