BeTa-1. El Desierto Protector
Carte Genérale de l’Amérique du Sud et des Îles qui en dépendent
H. S. Dufour – 1836
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“…En aquel imperio, el Arte de la Cartografía logró tal Perfección que el mapa de una sola Provincia ocupaba toda una Ciudad y el mapa del Imperio toda una Provincia. Con el tiempo esos Mapas Desmesurados no satisficieron y los Colegios de Cartógrafos levantaron un Mapa del Imperio, que tenía el tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él. Menos Adictas al estudio de la Cartografía, las Generaciones Siguientes entendieron que ese dilatado Mapa era Inútil y no sin Impiedad lo entregaron a las Inclemencias del Sol y de los Inviernos. En los desiertos del Oeste perduran despedazadas Ruinas del Mapa, habitadas por Animales y por Mendigos; en todo el País no hay otra reliquia de las Disciplinas Geográficas”.
“Del rigor en la ciencia” – El hacedor
Jorge Luis Borges
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La ruta donde la Sierra Nevada de Santa Marta se mete hasta el borde del Caribe es verde, madura, risueña, filosa, negra y agua fresca en cada quebrada. Al acercarse a La Guajira el paisaje se seca, las plantas se encojen, crecen espinas y proliferan cactus, hojas pequeñas, amargas, santos remedios en ramas. Menos risa. Espejos opacos. Prudencia y respeto.

Africana XRV750 Guajira – Foto Gino Lofredo (2007)
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Con el sol a media altura el Reta siente mareos deshidratados. Escasea la sombra. El sudor fluye y se evapora. La ruta hierve y el aire deforma la silueta del tráfico. Rueda sobre un terraplén dos o tres metros sobre el nivel del llano. Las banquinas engañan con el ripio suelto, un derrape corto, un talud abrupto y prematuro. Arbustos, piedras, cactus, cabras en la polvareda.
Una carpa de plástico cuelga entre dos palos y una rama espinosa, resguarda a un hombre indio y mulato, sus ojos verdiclaros lo mira desde el filo del ala del sombrero. La Africana se inclina de lado y el Reta desmonta parándose en el estribo izquierdo, pasando la pierna derecha sobre la montura. Acordes de dolor recorren la partitura. Cierra los ojos y respira hondo. Sale del casco, seca el sudor del cráneo, ventila la barba y le pide al rostro un gesto de paz. El hombre sentado que lo observa abre lentamente una incondicional exhibición dental de bienvenida.
¿Viene de lejos en esa belleza? Buenos días. Isidro. Retaguardia, para servirle. Así como Usted surgió del camino, ahora se llama Aparicio y de verlo ya se nota que se está volviendo Guajiro. Se desguanta y saludan. Un poco de sombra. Isidro mira y lee las calcomanías de la Africana: Tierra del Fuego, Latitud Cero, River Boca. ¡Cómo así tío! ¡Usted va montado en un clásico! Tanta carga en la previa le va a encender el combustible. Isidro ríe como si el chicleta se hubiera declarado bisexual o casco azul de la ONU. Comprende. En realidad soy de Central dice Aparicio. ¿Conoce? Cómo no: Campeón de cien jornadas victoriosas. Valiente triunfador que orgullo inspira. Justo.
Oiga Tío Usted está llegando a destino… Viene de donde el Sur es hielo y ya le falta poco para Punta Gallina. Hasta ahí llega y pare. Descanse un poco y medite bien porque del Morro al Norte es puro mar adentro y si quiere seguir, a esa yegua caliente tiene que ponerle un palo con vela. El Reta sigue mareado. Respira hondo y busca fresco para bajar la fiebre. Sombra, brisa, agua, algo.
Tranquilo Tío. Sáquese un poco la armadura y siéntese acá. Así Tío, así. El Reta se sienta y se afloja las botas. Mire como acomodan el color los lagartos, como estiran el pescuezo. Les cae bien vea. Se ponen naranja como si ya lo conocieran Aparicio, ¡qué me dice!. El sudor en la brisa seca le aclara un poco la vista. Isidro va hacia un arbusto espinoso y con un cuchillo corto pela una lengua de corteza y la huele. Tome Tío. Chupe que hace bien. Mastique tranquilo. El Reta acepta y prueba. Lavanda afilada alerta. Agridulce, picante, olvido amargo, alcohol lejano.

Isidro, Rosquillo y Don Aparicio en Cuatro Vías - La Guajira – Colombia
Foto Gino Lofredo (2007)
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¿Sabe que La Guajira es colombiana, venezolana, árabe, Wayuu, sobretodo Wayuu? Encuentra Guajiros que se le ven alemán, inglés, como Africa otros. Acá hay de todo. Usted está dónde Dios empezó a crear el universo. Donde un día se aburrió y decidió jubilarse y al carajo. De entonces los entuertos pendientes. ¿Sabe que nuestros muertos pasan un par de años en tránsito haciendo sombra en el ring, cotejando con alguno que siga vivo, dos años confusos esperando que los metan en una vasija de barro o en un costal? Muchas cosas sin aclarar ni resolver. Cada cosa a su tiempo y en su debido lugar.
Mensajeros. Usted sabe: los profetas. Uno ordena que se cocine sólo lo que viene con escamas, que la concha no, que la leche así y no asa; otro que vivan los pobres, otro que el alcohol no pero que la marimba sí; otro que prestar sin cobrar, otro que al revés del riesgo y a los parientes descuento, respetando dignidades; y a quiénes no prestar jamás, cómo desplumar a los tontos y a los que se merezcan, cuidando lo ajeno, y que al chancho de lejos por sucio. Chúpese el dedo con la salsa. Corte esa mano por acá. Bese aquella por allá.
No se junten demasiado. Pero como el amor es ciego júntense todos contra todos. En cada ranchería pocos, juntos sin amontonarse. Que mande la Doña. Quédese sueltito Tío. Que no los entierren hasta el cuello y los decapiten a pedradas a los dos. Les caigan un muro de piedras y el que no se muere queda suelto. Nosotros, en cambio, tranquilos. Guiso de chivo. Pescado y mariscos. Respeto. Silencio.
Bastón a tierra, palabrero, Bastón a tierra. Para botar corriente y recibir correo tectónico. Pronto tendremos un Guajiro Emperador. Acuérdese. Ya mismo el Guajiro Obama es Emperador. Era hora coño. Somos tranquilos sí. Pero tenga cuidado que el Guajiro sí sabe pelear Tío. No subestime. Nada de pacifista: antes de dar golpes se mide bien, se medita, se evalúa el daño, el dolor, la circunstancia. Aclarado el por qué, con quién, el cuánto, el tiempo y los muertos, se hacen cuentas, pagan deudas y a lamerse el lastimado y descansar. Hecho lo hecho y medidos los resultados y con el acuerdo de todos se escucha la Palabra y cada cual a cumplir lo que le toca.
¿Cuándo me va a llevar a dar una vuelta en esa belleza Tío? No peso mucho y me acomodo. ¿Por qué le dice Africana? Parece Pura Sangre Guajira. Esas nalgas. Vamos Tío. Conmigo va seguro. No se arrepiente. Palabra.
Calmó el calor y hubo algo de brisa. Acomodaron los trastos en la Africana, montaron juntos y entraron briosos a Riohacha cuando se prendía el malecón de feronomas angelicales y luciferinas, luciérnagas curiosas, caderas, risitas pícaras mirando a Barbablanca bajar los bártulos del trineo hablando solo, feliz y agradecido.
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Frente al malecón en Riohacha, pasada la medianoche, Aparicio toma cerveza y chupa la salsa de los calamares al ajillo agridulce. Está en trance por saturación sensorial. Pasan Almas en Pena entre Triunfadores WiFi y Reinas de Belleza: Chéveres en Dodge Rams y Super Hi-Luxes con trombones inflando los vidrios oscuros; oro caliente en pulseras, relojes y collares para los Mini Patrones del Efímero Universo. Orgasmos sobre tacones transparentes, uñas lacadas de rojo listas para lamidas podófilas, entrepiernas de ensueño, caderas delirantes, promesas en pezones semi erectos, cuellos suaves, mínimo sudor salado en el ébano torneado, labios para acariciar glande y ordeñar todo, y ojos, ojos verdiclaros, ojos, ojos rojo pecado. En parejas, de a tres, solas. Los hombres babeándose como Alienígenas Depredadores en celo, listos a matar por el acceso, listos a matar a quien toque lo suyo si ya lo fuese. Y entre tanta belleza y tanta hormona, de tanto en tanto transitan las Almas en Pena buscando por sobre el hombro a los perseguidores del más allá. Implacables. Quejidos. Acosos. El que mata se disfraza para que no lo encuentren. Pero nadie engaña a los muertos. Ellas viven desveladas, alertas, mirando por sobre el hombro a ver quién por atrás les arrebata los ojos. Huyen de todo y de todo necesitan. Incapaces de sueño, siempre con el miedo puesto, presintiendo que ahí vienen, que ahí están y te miran. Pena, culpa, insomnio, perico y amapolas.

Desfile – Riohacha – Festival Francisco el Hombre (2009) – Foto Camilo Rozo
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Ese es el desfile del viernes por la noche hasta que el calor húmedo y quieto se hace brisa y la brisa viento y el cielo revienta en rayos y un diluvio inunda la avenida, detiene el tráfico, se monta en la vereda y hace subir los pies al borde de la silla y salir de prisa finalmente cuando la crecida y el frío dejan de hacer reír y sin preaviso dan miedo. Agua tibia ni pura ni sucia, tan ecológica como una serpiente cloaquera, acaricia tobillos y rodillas, y lo sigue hasta el portal escalera del Hotel. Descalzo en el ascensor con tres mujeres y dos hombres que van a hacer el woogie boogie hasta que amanezca y la aritmética es inevitable, esperanzadora. Se cruzan miradas. El Reta está dispuesto a apostar el todo por el todo, atento al mínimo pero esencial gesto alentador cuando se abre la puerta y bajan los ellos cinco y el Reta continúa en descalzo y mojado ascenso hasta el piso del cuarto de soltero en el que nunca se está solo sino con la compañía del Mundo al Día de CNN y el Presente Justiciero y Optimista de Telesur.

Almas en celo – Desfile Festival Francisco el hombre (2009)
Foto Gino Lofredo
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A la mañana siguiente, cuando entra al comedor a desayunar, el televisor encaramado contra la pared cerca del techo ya está encendido. Tres Patines discute con el Juez acerca de la bicicleta que le acusan de tomar prestada sin permiso. En la mesa junto a la ventana del frente un hombre que por los gestos y el tono de voz podría ser profesor universitario, cola de pelo prolijamente recogida en la nuca, collar de semillas rojinegras sugiere antropología, sin soltar el look Wayuu pide huevos revueltos y papas caseras. Con acento californiano habla del ciclo de la vida y la muerte a tres estudiantes, dos mujeres y un varón que se esfuerzan por templar un gesto de atención mientras vacían jarras de café en busca de un claro en la niebla densa de la noche inolvidable que ya no recuerdan. Ejercicio de activación muscular pulsos eléctricos sin convicción hacia la masa cauchosa que no cuadra con el residuo de mojitos y consecuente amnesia:
“En esta cultura el ciclo de la vida transcurre en tres realidades: el mundo natural o anasü, el mundo de muertos o yolujas y el mundo de más allá de la muerte pülasü. Todo Wayuu muere dos veces, en la primera sus parientes lo entierran con sus pertenencias y luego de un par de años los restos son desenterrados, los huesos exhumados y limpiados por las mujeres, puestos en una urna de cerámica o en un pequeño saco y enterrados nuevamente en tierra Wayuu. En esta segunda muerte su espíritu se dirige a Jepirra, la tierra mítica ubicada en el mundo pülasü donde se encontrará con sus parientes difuntos y el rebaño que fue sacrificado en sus funerales. En esta cultura importa el Sueño o Lapü. Él es quien señala el destino. El Wayuu cuando duerme se reencuentra con su doble. Allí se anticipa cada suceso bajo la forma de reflejos o de sombras. Los sueños son mensajes de Lapu, son premonitorios …”
¡Más café por favor! El Juez multa cien pesos a Tres Patines que reclama y apela alegando extrema pobreza, causa al fin del uso indebido de la bicicleta, único modo de llegar al trabajo, etcétera, etcétera. Poco cambia el asunto por más medio siglo transcurrido pelándose el culo y arrancados del cansancio por el soplo huracanado de la elocuencia sinfónica.
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Contáctenos a ginolofredo@gmail.com


……oro caliente en pulseras, relojes y collares para los Mini Patrones del Efímero Universo. Orgasmos sobre tacones transparentes, uñas lacadas de rojo….
Gino me encanta como describes toda la parafernalia y psicodelia nocturna del Rio de la Hacha. Lo mismo que pensaba yo, pero tu lo has podido colocar en palabras.
Ya estoy saliendo de los examanes en la universidad y pronto podre digerir mas tu exótico blog
Un saludo
Jairo
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La Máscara Roja « Lofredo – Guajiras – Cruces dijo esto en Octubre 8, 2009 a 9:05 pm