Trastienda: La Pesca Milagrosa
DEL RAPTO A LA PESCA MILAGROSA
BREVE HISTORIA DEL SECUESTRO EN COLOMBIA
MAURICIO RUBIO *
Resumen
El objetivo principal de este trabajo es contribuir a explicar por qué las tasas de
secuestro han sido tan altas en Colombia. Con este breve recuento histórico,
más que una cronología detallada de acontecimientos, se busca detectar
elementos que ayuden a responder esta pregunta básica. El trabajo está
dividido en cinco secciones. En la primera se señalan dos raíces del fenómeno,
una rural, doméstica, y otra urbana e importada. En la segunda se analizan las
complejas interrelaciones con el tráfico de drogas, indispensables para
entender el boom en la actividad a partir de los años ochenta. En la tercera se
discute la última fase de la actividad, la de los secuestros masivos e
indiscriminados. La cuarta sección está centrada en la discusión de si es válida
la apreciación de que el secuestro es un negocio más y se presentan dos
argumentos en contra: la batalla contra la extradición librada por los
narcotraficantes a base de rehenes y las relaciones entre el secuestro y los
sucesivos procesos de paz. En la quinta sección se presentan algunas
conclusiones dentro de las cuales se destaca la evidente internacionalización
de la actividad.
La lectura del relato del rapto de la niña Elisa Eder 1, ocurrido en el año 1933 y uno de los primeros casos que se puede documentar para Colombia, muestra cuánto han cambiado en Colombia las circunstancias alrededor del secuestro. Llama la atención en primer lugar, que se habla de rapto, incluso de kidnapping 2, pero no se utiliza el término secuestro, conducta que aún no estaba tipificada en el ordenamiento penal colombiano 3. Dos, los pormenores del incidente, cuya duración fue muy corta, se hicieron públicos 4. Tres, el rapto de Elisa Eder tuvo características similares al del hijo de Charles Lindbergh, ocurrido en Estados Unidos en mayo de 1932 5. Por último, la petición de castigo para los raptores en los medios de comunicación fue particularmente drástica 6. En los años sesenta se presentaron, también en Cali, una serie de misteriosos raptos de menores 7. Aunque de casos como los anteriores se podría inferir que fue de esta temprana vocación por el rapto con fines económicos que se evolucionó hacia la situación actual es más razonable pensar que lo que hoy se conoce como la industria del secuestro en Colombia tuvo dos raíces, una rural y otra urbana. Para la primera, hay evidencia de que fue una práctica a la que recurrieron algunos bandoleros tardíos después de La Violencia de los años cincuenta. Por otra parte, es claro que el secuestro de extranjeros – diplomáticos y ejecutivos de multinacionales- lo iniciaron a gran escala los grupos guerrilleros urbanos, en particular los argentinos, y que esa práctica fue importada al país para luego dar paso a la consolidación de la actividad con víctimas nacionales, cada vez con menos recursos pero más numerosas. Un elemento recurrente en la literatura colombiana sobre el conflicto es el de destacar los vínculos entre la situación actual y la llamada época de La Violencia 8. Esta apreciación, sin embargo, no parece del todo aplicable al secuestro 9, uno de los íconos del conflicto colombiano reciente. En efecto, a pesar del alto grado de criminalización al que llegaron las partes enfrentadas durante La Violencia, no es fácil documentar para ese período incidentes de secuestro, conducta que sólo aparece en las postrimerías, y concentrada en la zona cafetera 10. A principios de los años sesenta el número de secuestros per cápita era mucho mayor en los departamentos cafeteros que en el resto del país y ya se calificaba esta conducta como una secuela del bandolerismo 11. A diferencia del caso de Elisa Eder, ya no se trataba de delincuentes en busca de lucro individual sino que se daba cierto grado de confusión con las acciones políticas de bandas armadas que, hasta entonces, habían vivido de cuotas o contribuciones. En el año de 1965 tuvo lugar un caso bastante sonado. El industrial vallecaucano y ex-ministro Harold Eder –padre de la niña raptada en 1933- fue secuestrado en su finca. La palabra secuestro ya hacía parte de la terminología de los medios de comunicación, se percibía el incidente como un atentado a la seguridad nacional 12 y la respuesta de las autoridades no fue policial sino militar 13. La dimensión política de este incidente se confirmó con la atribución de responsabilidad al grupo comandado por Manuel Marulanda Vélez, alias Tirofijo, del cual surgirían un año más tarde las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) 14. Así, aparecía de manera clara la finalidad del secuestro como método de financiación de la lucha subversiva 15, una práctica que no tardaría en consolidarse 16. +++
Mesías Preparando Pesca Milagrosa – Foto Gino Lofredo (2006) – San Jacinto – Manabí
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Durante los años sesenta aún los casos de ciudadanos anónimos llegaban a
ser noticia. Ya entonces parecía común la práctica de utilizar el secuestro como
amenaza para quienes no pagaran las extorsiones 17. Aunque las estadísticas
disponibles no lo alcanzan a captar, el periódico El Tiempo informó en varias
ocasiones, a mediados de la década, que el delito iba en aumento, incluso
hasta el punto de describirlo como una industria en crecimiento 18 que ya
producía una psicosis de secuestro 19.
La vinculación de Tirofijo, líder de las FARC, con un temprano y notorio
incidente 20, el hecho que ya desde la conferencia constitutiva del grupo en
1966 se creara una comisión financiera nacional y se aprobara recurrir a “otras
fuentes de financiación” diferentes de la ayuda económica de las masas 21; la
circunstancia –probablemente coincidencial- de que cuatro de los seis
destacamentos guerrilleros que se organizaron en esa conferencia se
concentraran en el Quindío 22, precisamente la zona en dónde se reportan para
el país los incidentes más tempranos de secuestro rural; la escasez de
testimonios sobre discusiones internas acerca de la conveniencia de entrar o
no en esa actividad y alguna evidencia dispersa sobre antecedentes de los
secuestros masivos 23, sugieren que las FARC practicaron el secuestro desde
sus inicios 24.

La Pesca espera Milagros – San Jacinto de Manabí – 2006 +++
Por las características de las víctimas –agricultores y ganaderos- la delimitación entre el secuestro, la extorsión, y las contribuciones voluntarias era difusa. Para el Ejército de Liberación Nacional (ELN), por el contrario, sí se habrían presentado reticencias iniciales para financiarse de esa manera 25. La práctica se habría adoptado solamente al venir legitimada por otros grupos desde el exterior, a finales de los años sesenta 26. El Movimiento 19 de Abril (M-19), por su parte, que según algunos testimonios financió la peculiar campaña publicitaria con que se lanzó a la vida pública con el producto de un plagio 27 y fue el más activo importador de las técnicas de secuestro urbano, no se destacó posteriormente por la práctica de la actividad a gran escala. Antes de consolidarse en Colombia, el secuestro en América Latina pasó por tres fases distintas 28. Se observa en primer lugar una época caracterizada por el desvío de aviones, siendo Cuba el centro de atracción de dicha actividad. Tal variante, impulsada por los rebeldes antes de derrocar a Batista 29 fue adoptada luego por los anti-castristas que deseaban salir de la isla 30 y luego imitada por varios grupos insurgentes latinoamericanos 31, incluyendo al ELN colombiano 32. Vino, en una segunda fase, una serie de incidentes con reivindicaciones exclusivamente políticas, inicialmente sobre víctimas diplomáticas, y cuyos autores fueron siempre grupos insurgentes. Aunque hubo episodios de este tipo en varios países, el epicentro de la nueva fase se trasladó a Guatemala 33, al Brasil 34 y, posteriormente, al Uruguay 35. Fue en este último país en dónde el grupo subversivo de los Tupamaros consolidó dos cambios importantes en la práctica del secuestro. El agotamiento del acervo de diplomáticos condujo a la inclusión de funcionarios, ciudadanos e industriales locales 36 entre las víctimas. Por otro lado se hizo común la práctica de exigir rescates monetarios para los secuestros urbanos 37.
La Cosa va Tomando Color – Foto Gino Lofredo (2006)La nueva variante económica, que caracteriza la tercera fase del secuestro en América Latina, se extendería rápidamente por la región, frecuentemente mezclada con reivindicaciones políticas 38. En la primera mitad de los setenta el secuestro económico, dirigido básicamente contra ejecutivos de compañías multinacionales, se concentró en la Argentina, con resultados financieros asombrosos. En el año de 1972, por ejemplo, el Ejército Revolucionario Popular (ERP) obtuvo U$ 1.5 Millones (U$ 6 millones de 2002) con tan sólo dos secuestros 39. Para el año siguiente, el mismo ERP lograba, con nueve secuestros, ingresos por un monto superior a los U$ 30 millones (U$ 123 millones de 2002) y en dos de ellos 40 se superaba la barrera de los U$ 10 millones por rehén. Además, se ampliaba el abanico de secuestradores 41. La rápida carrera alcista de los rescates alcanzaría su máximo en 1974 cuando los Montoneros obtuvieron por una sola acción U$ 60 millones (U$ 219 millones del 2002) 42. Aunque nunca se alcanzaron los niveles de rescates obtenidos por el ERP o los Montoneros en Argentina, las sumas recaudadas por las FARC, el ELN y, sobre todo, el recién creado M-19 se convirtieron en un importante medio para financiar y consolidar esas organizaciones armadas 49. Con el secuestro de Hugo Ferreira, ex-ministro de Agricultura, llevado a cabo por el M-19 en Agosto de 1977, se empezó a hablar en los medios de comunicación del país de una alta especialización y de una nueva tecnología para la ejecución de los secuestros 50. La sofisticación y espectacularidad de estas acciones urbanas quedaría confirmada con el robo de los fusiles de la Escuela de Infantería y la toma de la embajada de República Dominicana por parte del mismo grupo. Parece claro que el M-19, adoptó técnicas y procedimientos similares a los de los grupos uruguayos y argentinos 51, y en particular de los Montoneros 52 . En materia de secuestro, el M-19 habría introducido innovaciones importantes, como la estricta división de las tareas para la ejecución de los plagios 53. A pesar de que este tipo de incidentes, de grupos subversivos contra extranjeros, eran los que recibían mayor cubrimiento en los medios es conveniente señalar que (i) no todos los secuestros millonarios de la época se atribuyeron a grupos guerrilleros 54, (ii) dichos grupos no abandonaron las acciones, y aún los secuestros, puramente políticos 55, (iii) no todos los incidentes terminaban con el pago de un rescate 56 y (iv) los secuestros de ciudadanos corrientes se publicaban y aún provocaban, individualmente, reacciones editoriales de rechazo 57. +++
Lancha lista para Mañana – San Jacinto – Manabí (2006)2 – EL BOOM A PARTIR DE LOS OCHENTA
La década de los ochenta se abre con la espectacular toma, por parte del M- 19, de la embajada de la República Dominicana en Bogotá el 27 de Febrero de 1980. Entre los numerosos rehenes se encuentran catorce embajadores. Los larga negociación y el pago de un rescate monetario considerable 58, el 27 de abril el comando se dirige hacia Cuba llevando como garantía a doce de los rehenes que sólo serán liberados en la Habana. Durante la primera mitad de esa década empieza a generalizarse la práctica del secuestro en Colombia y se inicia una marcada tendencia creciente que, con la excepción del período 93-94, se extiende hasta finales de siglo (Gráfica 1). Los comentarios de prensa señalaban ya a Colombia como el líder mundial en materia de secuestro y, por otro lado, como una sociedad que había perdido capacidad de reacción y se acostumbraba a convivir con esta situación 59. Son básicamente dos las circunstancias que se pueden asociar con este incremento: la decisión de los distintos grupos subversivos de orientar la lucha hacia las ciudades y el tráfico de droga. 2.1 – La urbanización del conflicto Son claros el liderazgo y la influencia que debió ejercer el M-19 sobre las demás guerrillas colombianas. A raíz de la toma de la embajada de la República Dominicana, y aún cuando buena parte de sus cuadros directivos se encontraban detenidos, el M-19 aparecía como el grupo rebelde digno de ser imitado en Colombia. Con unos pocos golpes muy certeros no sólo había logrado acumular recursos económicos considerables sino que había demostrado capacidad para dialogar en sus términos con el gobierno colombiano y había obtenido una difusión, un cubrimiento mediático y una publicidad difíciles de imaginar para cualquiera de las demás agrupaciones subversivas 60. En términos escuetos, las guerrillas rurales y dogmáticas querrían también, a partir de ese momento, transitar el exitoso sendero trazado por los subversivos urbanos, más imaginativos y pragmáticos. Un buen ejemplo vale más que mil teorías. No parece simple casualidad que varios grupos subversivos colombianos manifestaran por aquella época de gloria del M-19 su intención de adoptar dos cambios cruciales: orientar su lucha hacia las ciudades y abandonar los rígidos esquemas ideológicos que habían guiado sus acciones hasta entonces. El Ejército Popular de Liberación (EPL), que se había constituido en 1967 como brazo armado del partido comunista y, siguiendo la experiencia china, buscaba ante todo hacer presencia en las zonas rurales para lograr el apoyo campesino, cuestiona definitivamente esta orientación en el mismo momento que el M-19 está ocupando la embajada 61. Para las FARC, distintos analistas coinciden en señalar como un punto de quiebre estratégico la VII conferencia, que se realiza en Mayo de 1982. En lo político, esa reunión marca el rompimiento con el partido comunista y sus rígidos esquemas 62. En lo militar, se identifican las ciudades –y en particular a Bogotá, centro del eje de despliegue por la cordillera oriental 63- como el objetivo primordial de las acciones: se decide urbanizar el conflicto 64.
Por aquella época el ELN atravesaba una profunda crisis originada en una aparatosa derrota militar en Anorí en 1973 65 y agravada por el llamado febrerazo de 1977, cuando casi la totalidad de sus cuadros urbanos fueron detenidos en Bogotá 66. El M-19 juega un papel definitivo en el devenir de este grupo. No sólo porque incorpora en sus filas a varios ex elenos sino porque alcanza a financiar lo que queda del grupo 67. Además, unos años después, haría parecer irrelevante como amenaza el surgimiento y consolidación del frente Domingo Laín en la región del Sarare que sería precisamente lo que permitiría al ELN renacer de sus cenizas para encontrar la jugosa veta asociada a los recursos petroleros 68.
Urbanízate Muchacho – Plaza Botero – Medellín – Foto Gino Lofredo – (2009)
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Los dilemas que enfrentaban por aquella época los grupos guerrilleros de
origen campesino para tener acceso a los recursos urbanos habían sido
sufridos en carne propia por el ELN. La experiencia de Anorí dejaba claro que
hacer caer todo el peso financiero de la guerra revolucionaria sobre la
población lugareña podía poner en juego la supervivencia de un grupo.
Además que la cantera de ganaderos o agricultores acomodados se agotaba
rápidamente. Por otra parte, el febrerazo hizo evidente que las operaciones
subversivas en la ciudad requieren una tecnología y una estructura organizativa
peculiares, distintas a las de los grupos armados móviles en el campo 69. En
particular, la necesidad de mimetizarse y pasar desapercibido, esencial para
sobrevivir en el medio urbano, era particularmente difícil de asumir para
combatientes rurales, en uniforme, permanente y visiblemente armados 70. El
entrenamiento que recibe, y las aptitudes que debe desarrollar un guerrillero
rural, militares en esencia, tienen dimensiones casi antagónicas a las de su
contraparte citadina 71.
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La intención explícita de los distintos grupos subversivos de mirar hacia las
ciudades no implicó el abandono del secuestro rural que, aunque
progresivamente fue perdiendo importancia relativa 72, siguió aumentando en
términos absolutos. En algunas regiones el asedio a los propietarios rurales fue
tan severo que tuvo consecuencias definitivas en dos fenómenos cruciales para
la evolución del conflicto: la venta y concentración de tierras en manos de
narcotraficantes y la conformación de grupos paramilitares 73.
Paradójicamente, la toma de la Embajada marcó para el M-19 el inicio de una
nueva etapa: prácticamente se abandonaba la estructura urbana, bastante
menguada, y se orientaban las acciones militares hacia el campo 74. La
transición que, por esa época, estaba dando el M-19 en franca contra vía a la
de los demás grupos refleja la otra cara de la moneda de lo que se podría
denominar el dilema del guerrero: es más fácil y seguro operar en las áreas
rurales 75 pero, simultáneamente, es allí dónde son más escasos los recursos
para financiar la lucha. Así, mientras las guerrillas rurales miraban hacia las
ciudades impresionadas por el éxito de la subversión urbana, esta última se
refugiaba en el campo. Ambas veían su cambio de estrategia como “el
desarrollo lógico de la lucha de clases del país” 76.

Michael Jackson’s Thriller Zombie Walk – foto littlegreenman
Como su Nombre lo Indica: Thriller – Michael Jackson – Assorted Zombies
2.2 – El impacto de la droga
La relación que se ha dado en Colombia entre el secuestro y las narco
actividades ha sido variada y compleja. Los vínculos van desde los obvios y
directos –narcotraficantes que secuestran, o viceversa- hasta los indirectos y
sutiles. Dentro de estos últimos vale la pena señalar que las drogas facilitaron
en Colombia el reemplazo de la cantera de víctimas extranjeras con rescates
gigantescos –lo típico de los años setenta- por un número mucho mayor de
víctimas locales que pagaban una suma sustancialmente menor por cada
liberación 78. La dinámica, aunque indirecta, es relativamente simple.
La vocación casi innata de los grandes traficantes colombianos por adquirir
propiedades tuvo como consecuencia un marcado incremento de los precios de
la tierra. Esta tendencia no tardaría en convertirse en motor de la especulación
en propiedad raíz. En esencia, se pensaba que para cualquier precio que se
fijara por una hectárea habría un comprador al contado. Una consecuencia de
lo anterior fue el desplazamiento de pequeños propietarios campesinos –que
tentados por precios de fábula vendían sus terrenos- y su reemplazo por clases
urbanas acomodadas atraídas por la sostenida valorización y que,
complementariamente, buscaban un sitio para descansar e incluso ejercer al
margen algunas actividades agropecuarias. Así, el burgués urbano propietario
de una finca de recreo, o el ganadero de fin de semana, se convirtieron en la
típica víctima del secuestro a partir de los años ochenta. Desde el punto de
vista de las guerrillas rurales, es difícil concebir unas presas potenciales más
adecuadas para el propósito de financiar la lucha revolucionaria: en
condiciones precarias de seguridad, los representantes de la burguesía urbana
se acercaban 79 a las zonas rurales dónde los grupos subversivos se movían
con gran facilidad, y dónde tenían todas las intenciones de permanecer 80.
Desde la perspectiva local, se trataba siempre de foráneos, sin mayores raíces
o redes de apoyo, con muestras de riqueza superflua y conspicua 81. De esta
manera se replicaba a nivel regional, en los pueblos y veredas, el escenario
típico de la fase anterior del secuestro: el diplomático o ejecutivo de
multinacional extranjera. Como si lo anterior fuera poco, la consolidación de los
grupos subversivos en las áreas rurales aledañas a las grandes urbes facilitaba
el objetivo estratégico de “abrir corredores” hacia la ciudad. La falta de
vinculación de estas nuevas víctimas con la estructura económica local, ayudan
a explicar por qué los grupos subversivos optaron por la modalidad predatoria –
el secuestro- en lugar de la más cómoda y continua de la extorsión o boleteo 82.
El segundo vínculo con la droga es el impulso definitivo que dieron los
narcotraficantes a los grupos paramilitares como mecanismo de protección
privada contra el secuestro. El caso más emblemático es la constitución del
grupo Muerte a Secuestradores (MAS) por parte de los principales barones de
la droga como respuesta al secuestro de Marta Nieves, la hermana de los
Ochoa a finales de 1981, “un evento que puede parecer episódico pero que
marcó una tendencia determinante en el escalamiento del paramilitarismo” 83.
Este incidente, que alcanzó a tener la dimensión de una verdadera guerra 84,
terminaría con un acuerdo de paz 85. La virulencia de la respuesta de los
narcos a este plagio se explica porque, para unos, se trataba del rompimiento
de un pacto previo de no agresión 86 y porque otros ya habían sido víctimas de
tentativas de secuestro por parte de la guerrilla 87. La creación del MAS es
significativa no sólo por la magnitud de los recursos invertidos en esa empresa
sino porque actuó como un catalizador para que un número importante de
capos que no se conocían intercambiaran experiencias –sobre zonas de
operación en Colombia, rutas y mercados, debilidades de las autoridades,
implicaciones del tratado de extradición- 88 y actuaran motivados por un
objetivo común ante el cual se adoptaba el principio del todo vale para
enfrentar a los secuestradores 89. Es claro que este contundente grupo sirvió de
ejemplo a las bandas armadas paramilitares que después se formarían en el
país bajo la premisa de que para ser eficaz, la guerra no puede ser sino sucia
90 . Como dato curioso se puede señalar que, con la conformación de este
grupo, se anticipó la parte esencial del discurso que sólo una década y media
más tarde adoptarían la élite y la tecnocracia colombianas: los efectos
perversos de la violencia sobre la economía 91.
A pesar de tratarse del caso más notorio, esta alianza entre grandes capos
para defenderse de los secuestradores no había sido la primera 92, ni el
descomunal operativo del MAS para liberar a Marta Ochoa sería el último como
reacción de los narcos ante un secuestro 93. Un efecto paralelo e indirecto entre
el secuestro, el mercado de tierras, el paramilitarismo y la droga fue que el
primero también contribuyó a la concentración de la propiedad rural en manos
de narcotraficantes. Por tratarse de uno de los pocos colectivos con recursos
militares suficiente para protegerse privadamente de la extorsión y el secuestro,
pudieron hacerse con facilidad a las fincas y haciendas que se vendían por
razones de seguridad 94.
Los muchachos se Divierten – Thriller – Michael Jackson
El tercer punto de encuentro con la droga lo constituyen los indicios de que
varios de los más importantes narcotraficantes colombianos estuvieron, desde
los inicios de sus carreras criminales, vinculados con secuestros notorios. Por
ejemplo, el 6 de Octubre de 1969, un comando armado ataca el vehículo de
Enrique Straessle, cónsul de Suiza en Cali, lo hiere y secuestra a su hijo junto
con un funcionario de la embajada suiza. Después de setenta días de
cautiverio, y el pago de un rescate de U$ 300 mil (millón y medio de U$ de
2002), los dos rehenes son liberados por quienes se ufanaban de ser diestros
secuestradores 95. Aunque el secuestro fue inicialmente atribuido a las FARC96,
Gilberto Rodríguez Orejuela, líder del futuro Cartel de Cali, estaría luego
sindicado de dirigir a los responsables de este secuestro 97, cuya finalidad, no
habría sido puramente económica 98. De esa banda hacían parte su hermano
Miguel y José Santacruz 99. Por otra parte, el apodo de Doctor con que se
conocía en algunos círculos a Pablo Escobar provendría del plagio de don
Diego Echavarría, industrial y filántropo antioqueño, ocurrido en agosto de
1971. — 100.
Cuatro, los narcotraficantes han recurrido al secuestro con los más variados
fines: con objetivos puramente políticos, como se muestra en detalle más
adelante; como sustituto del comercio de droga en períodos de iliquidez; para
financiar sus guerras contra el Estado o como un mecanismo corriente para
cobrar deudas. El caso más digno de mención es el de Pablo Escobar, una de
cuyas especialidades fue precisamente el plagio. Su capacidad para tomar
rehenes, esconderlos de las autoridades o de terceras partes interesadas y
cobrar por su liberación fue un elemento central de su poder 101. Llegó a ser no
sólo el secuestrador más importante de Medellín sino, cínicamente, una de las
instancias a las que recurrían las víctimas para ayudarles a negociar y
solucionar algún plagio específico 102. Logró además, con secuestros, aumentar
la rentabilidad de algunos homicidios por encargo 103. Escobar habría estado
detrás de varios secuestros y asesinatos de narcotraficantes importantes 104.
Un detalle que llama la atención de la desaforada manía de Pablo Escobar por
tomar rehenes con casi cualquier pretexto es la falta de referencias a lo que se
puede considerar la forma más antigua del secuestro, el rapto de mujeres con
objetivos sexuales. Al respecto, no sólo es difícil encontrar testimonios del
Patrón raptando y violando divas sino que, por el contrario, abundan las
referencias a su apego al ritual de los premios, los regalos y los pagos
monetarios a cambio de los favores sexuales 105. No es fácil entender por qué
una personalidad tan arbitraria y déspota mantuviera cierto recato, e incluso
buenas maneras, a la hora de satisfacer su apetito sexual 106.
Como última asociación entre la droga y el secuestro, se debe mencionar el
efecto corruptor de la primera sobre los organismos de seguridad y el aparato
de justicia. Este deterioro institucional acabaría afectando tanto la respuestajudicial al secuestro, como la participación directa de algunos de sus miembros
en la actividad 107, como los métodos de guerra sucia para enfrentarlo.
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++x+x+x+x+x+x++x+x+x+x++xxx= 49x
3 – LA PESCA MILAGROSA
3.1 – Pobres secuestros Cuando la segunda cantera de víctimas potenciales empieza a mostrar síntomas de agotamiento 108 aparece la aparente popularización de las víctimas que, se puede decir, caracteriza la última fase del secuestro en Colombia. El explosivo incremento que se observa en las tasas a partir de 1997 y hasta el 2000 se dio en forma paralela con el reporte más frecuente de plagios en los que las víctimas pertenecen a los grupos más vulnerables, como los niños o los ancianos 109, o son claramente personas de muy bajos recursos 110. También durante este período se suman los grupos paramilitares al conjunto de actores armados que recurren al plagio para financiarse. Vale la pena en este punto hacer un paréntesis para señalar la débil participación de los paramilitares en el total de secuestros 111, algo que se puede explicar de varias maneras, no excluyentes. Uno, su menor tradición, centralización y homogeneidad como organizaciones armadas. Dos, relacionado con el anterior, la virtual imposibilidad de discernir un secuestro realizado por paramilitares de otro por la denominada delincuencia común 112. Tres, se trata de grupos que prácticamente nacen de la extorsión, algo que se puede considerar una etapa posterior de la actividad. Cuatro, la falta de una ideología que legitime el secuestro, sobre todo entre los grupos que en principio se crean para combatirlo. La última etapa de la actividad se asocia con la proliferación de los secuestros masivos e indiscriminados, las mal llamadas pescas milagrosas. Esta modalidad es indispensable para entender tanto el nivel explosivo de las tasas hasta el 2000 como la igualmente espectacular caída que se observó después 113
Aunque existen indicios dispersos de secuestros múltiples por parte de la
guerrilla desde mediados de los años sesenta 114 sólo a final de los noventa se
Es difícil saber quien acuñó el término pesca milagrosa, pero sí es posible
determinar cuando: a finales de Marzo de 1998, a raíz de dos retenes con
secuestros masivos realizados en un mismo fin de semana por las FARC y el
ELN 115. A pesar de que, desde varios años antes, la guerrilla ya realizaba
retenes con secuestros múltiples en las carreteras 116, y que ya se utilizaba el
apelativo de pescado para las víctimas en cautiverio 117, ese año se hizo el
lanzamiento oficial tanto del nombre 118 como de la práctica, con un número
importante de casos para respaldarla como novedosa modalidad. El inofensivo
apelativo fue rápidamente asimilado por los medios de comunicación: al final de
ese año ya se decía, al referirse a una persona secuestrada, que había sido
pescada 119 ; sin mayores objeciones se acepta luego como un colombianismo
más 120, para el cual incluso se ofrece una curiosa etimología 121.
En forma independiente de su autoría intelectual, lo cierto es que el término ha
venido cumpliendo una función, y es la de tratar de corroer los reparos morales
ante la conducta. Para los grupos guerrilleros formados ideológicamente ha
sido deseable, al agotarse el filón de víctimas que fácilmente entraban en la
categoría de enemigos –o por lo menos foráneos- eliminar del todo cualquier
connotación negativa en la denominación de la captura de civiles como
rehenes. Un término baladí -referido a un juego de niños o a un pasaje bíblico-
en el cual la suerte o el destino aparecen como elementos determinantes
contribuye a este propósito: es válido secuestrar o capturar a un enemigo, se
puede retener para cobrarle un impuesto revolucionario a un burgués de la
ciudad, pero ninguno de esos términos es fácilmente aplicable cuando se trata
de trabajadores, o de personas del mismo origen campesino del agresor. Un
guión complementario, que también se hizo usual para justificar las pescas, ha
sido el de ver en cualquier obrero, campesino o turista un agente infiltrado del
enemigo 122.
Por otra parte, con la denominada pesca milagrosa se empieza a derrumbar no
sólo la imagen romántica de los rebeldes sino la de unas burocracias paralelas
altamente tecnificadas, perfectamente informadas y que para plagiar actuaban
casi en línea con las autoridades tributarias. La práctica del secuestro múltiple
dejó al desnudo unas organizaciones que, aunque rígidas y centralizadas,
adolecen en sus bases de serios problemas de información y de formación 123.
Esta apreciación, además, coincide con varios testimonios que sugieren que la
indagación sobre la real capacidad de pago de las víctimas la hacen los
secuestradores básicamente a lo largo del proceso de negociación. Atrás
parecen haber quedado los secuestros selectivos precedidos de detalladas
labores de inteligencia sobre las víctimas. Lo que también ha resultado
organizaciones han sido sus reacciones cuando el premio de la pesca no
corresponde a las expectativas 124.
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Heal The World – Michael Jackson (Ben Heine)
+++ 3.2 – Extranjeros y pólizas antisecuestro Un aspecto que llama la atención en los reportes iniciales de prensa sobre las mal denominadas pescas milagrosas, es la alta participación de extranjeros en algunos de los incidentes 125; además, el año en que se consolida la práctica se señala en los medios un incremento en el plagio de foráneos 126. Así, el término utilizado para los secuestros masivos adquiere un nuevo sentido, y es el de tratar de pescar en las carreteras a las que siguen siendo las víctimas más apetecibles del secuestro: los extranjeros o los empleados de multinacionales127 . Un punto que vale la pena recordar es que los secuestros indiscriminados se vieron precedidos por varios años de retenes subversivos en las carreteras, con fines tan variados como el saboteo del tránsito, el incendio de vehículos, e incluso el graffiti móvil 128. Al parecer, la localización de estos retenes no siempre fue aleatoria sino que se podría asociar con áreas de operación de compañías extranjeras 129. En forma similar al burgués con finca de recreo que se acerca al área rural de operación de la guerrilla, las compañías del sector primario, o las de construcción y reparación de infraestructura, constituyen víctimas óptimas para el secuestro y la extorsión. Tan deseables que han sido buscadas más allá de las fronteras 130 o han sido motivo de conflicto entre grupos armados que pretenden dominar la respectiva zona de operación y controlar los arreglos con las compañías 131. Desde la perspectiva de una empresa que se instala en un área rural es difícil imaginar un mensaje más contundente sobre la capacidad de dominio de un grupo armado en una región que el bloqueo por varias horas, o aún días, de una carretera mediante el establecimiento de un retén. Con este tipo de acción se marca con nitidez un territorio y se señala que quien lo establece está en capacidad de ejercer el poder y cobrar tributos. En este contexto, no parece fortuito que el incidente con el cual se inauguraba la era de la pesca milagrosa ocurriera en la carretera Bogotá-Villavicencio, en cuya construcción habían estado involucradas tres compañías extranjeras que, previamente, habían sido víctimas de extorsión y secuestro de algunos de sus empleados 132. Un grupo que controla una región atraído por la presencia de compañías extranjeras demuestra primero su poder –y pone a prueba la capacidad de reacción del Estado- estableciendo retenes para luego, como un simple co-producto de esa presencia, permitir que sus efectivos más jóvenes jueguen a la pesca milagrosa 133. El atractivo que siguen ejerciendo los empleados de compañías extranjeras sobre los secuestradores no es tan sólo el resultado de los aparentes bolsillos sin fondo de sus activos líquidos. Parte del efecto tendría que ver con el uso cada vez más extendido de las pólizas de seguro antisecuestro 134 y el recurso a negociadores profesionales, innovación reciente que ha permitido sofisticar al máximo el manejo financiero de los rescates y, paralelamente, lubricar la actividad del secuestro. Una opaca maraña de intereses de compañías aseguradoras internacionales, con ramificaciones que alcanzan apéndices del mercado internacional de armas estarían, aquí literalmente, jugando a la pesca milagrosa con los secuestradores colombianos 135 . La esencia del juego consiste, para las compañías extranjeras, en esconder, o mimetizar, a sus peces gordos asegurados, y para los secuestradores en tratar de pescarlos 136 . La facultad que muestra esta sofisticada industria para estratificar a los empleados de acuerdo con la póliza que se paga por ellos, y los correspondientes rescates diferenciales en caso de un siniestro, no sería más que una funesta prolongación del principio del pago de acuerdo a la productividad marginal. Y la capacidad para extender las leyes del mercado a la actividad del secuestro estaría sustentada en la acumulación de información sobre casos en distintas partes del mundo y, por esa vía, por el establecimiento de niveles de tarifas de acuerdo con los cargos. No es fortuito que, en este turbio mercado, cada compañía aseguradora maneje sus casos siempre con los mismos negociadores 137. Tampoco parece casualidad que en esa nueva actividad financiera las negociaciones de pago de rescate funcionen de manera particularmente fluida 138. Como ventajas secundarias para las compañías estaría la mayor facilidad de descontar tributariamente los pagos de pólizas que los de rescates o extorsión 139. +++
Lo que resulta asombroso es que para tratar de romper esa insólita maraña de negocios situados en la frontera de lo criminal, con negociadores ya institucionalizados, se siga insistiendo en hacer entrar en razón a los guerreros y, simultáneamente, se allane cada vez más el camino legal a las finanzas del negocio 140. 4 – UN DELITO PECULIAR
Está haciendo carrera tanto en los medios de comunicación como en algunos trabajos académicos la idea de que el secuestro es un negocio más, que debe ser analizado con las herramientas tradicionales de la economía 141. Tanto desde el punto de vista del grupo agresor, como el de la víctima, como de las autoridades que buscan enfrentarlo, la pretensión de asimilar el secuestro a una simple actividad económica no resiste un análisis detallado. Tampoco parece adecuado establecer una tajante distinción entre los secuestros económicos y los políticos. En buena parte de los casos se da una compleja y variada mezcla de móviles, como bien lo ilustra un comandante del ELN cuando uno de los rehenes de un secuestro masivo le pregunta si se trata de un asunto económico o político: “Primero, es retención, y segundo, no sabemos. Puede ser político o también puede ser económico … O pueden ser los dos. La verdad es que eso yo no lo sé” 142. La mayor incongruencia de este planteamiento es que para que el secuestro se consolide como una industria se requiere que sus ejecutores estén afiliados a una férrea organización, con características políticas, con un alto grado de adoctrinamiento orientado, precisamente, a minimizar la búsqueda de beneficios particulares en aras de los intereses del grupo. No es coincidencia que, como se señaló, la expansión del secuestro en América Latina se haya dado en forma paralela a la de los grupos guerrilleros. Tampoco es casualidad que, en Colombia, la geografía del secuestro, incluso la del apresuradamente atribuido a la delincuencia común, sea la del conflicto armado. La simple agregación de delincuentes individuales puede conducir a la generalización del llamado secuestro express, que no es más que una sofisticación del atraco callejero. Pero la consolidación del secuestro –con cautiverio de rehenes y prolongada negociación del rescate- requiere altos niveles de organización, respaldados por una ideología compartida 143. Por algo se ha dado universalmente en contextos de guerra. Por otra parte, el hecho que una organización política practique secuestros puramente económicos para financiar sus actividades no debe llevar a la asimilación de esa organización a una empresa capitalista. La ETA, por ejemplo, ha realizado varios secuestros económicos 144, practica corrientemente la extorsión 145 y sería insólita la pretensión de que se trata de simples negociantes. La magnitud de las cifras obtenidas como rescates por los Montoneros no permite concluir que estaban buscando dinero como delincuentes comunes o haciendo negocios como empresarios. El dinero obtenido con los secuestros –un medio- tenía para el grupo subversivo argentino un objetivo bien definido: hacer la guerra para alcanzar el poder . Entre los guerrilleros latinoamericanos, el de los Montoneros no era percibido como un grupo con riqueza sino con poder 147. Una buena parte de los fondos obtenidos por los grupos colombianos también se ha dedicado a la compra de armas, que es lo que hace peculiares las actividades de la subversión. Fuera de esta objeción básica –confundir los medios con los fines- para Colombia son dos los argumentos en contra del planteamiento del secuestro como negocio: el uso político de tal práctica por parte de grupos criminales tradicionalmente considerados negociantes y, por otra parte, la estrecha asociación que ha existido entre el secuestro, incluso el extorsivo, y los procesos de paz.
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4.1 – Alzando peces gordos 148
Con relación al uso del secuestro como herramienta política merece especial
atención el descomunal enfrentamiento que libró Pablo Escobar en contra de la
extradición de colombianos. Aunque este ya era un tema debatido desde las
épocas de la constitución del MAS, y había sido el caballo de batalla de Carlos
Lehder, el liderazgo de Escobar en ese frente ya es claro en Noviembre de
1986, cuando los llamados extraditables hacen público un comunicado que
contiene cinco reivindicaciones de indudable estirpe política 149. A raíz de la
detención y posterior liberación de uno de sus socios, Escobar emprende dos
guerras paralelas: contra el Estado y contra el Cartel de Cali 150. En el primer
frente, inicia la ofensiva de secuestros en 1988 151. A finales del año siguiente,
los plagiados fueron el hijo del secretario general de la presidencia y una
hermana del yerno del presidente Virgilio Barco. Luego de la mediación de una
comisión de notables 152 se llega a un acuerdo informal 153 que no se puede
cristalizar, aparentemente por presiones del gobierno americano; buscando
forzar el trato, Escobar libera a los rehenes y al no obtener nada a cambio se
siente traicionado por incumplimiento 154 y arrecia su guerra contra el Estado
colombiano.
Para permanecer en el ámbito de este trabajo, ya que la ofensiva se hizo en
múltiples frentes, se puede hablar de una verdadera cacería de rehenes por
parte de Escobar, no sólo entre las familias más ricas de Antioquia sino entre
personas vinculadas al gobierno y a los medios de comunicación. El que sería
un largo y tenaz forcejeo arranca el mismo mes de la posesión del presidente
Gaviria con el secuestro de ocho periodistas, entre los cuales está Diana
Turbay, hija de un ex presidente 155. Sin estar enterado aún que se trataba de
un secuestro el gobierno emite un primer decreto de sometimiento a la justicia
156
. Insatisfecho con su contenido, Escobar repica con dos secuestros más 157.
A las pocas semanas se expide un nuevo decreto 158 que tampoco deja
contento al capo: refuerza su posición con otro doble secuestro 159. En este
punto, se crea una nueva comisión de notables 160 que hacen las veces de
mediadores y que, con algunos rodeos, abren la posibilidad de un tratamiento
político para los narcotraficantes 161. Reconociendo este significativo cambio de
estatus, Escobar libera a tres de los periodistas y el gobierno responde con un
tercer decreto 162, que tampoco satisface del todo al capo 163. A finales de
enero del año siguiente, y tras la muerte de Diana Turbay, el gobierno expide
un cuarto decreto 164, hecho casi a la medida de Escobar. El proceso de
intercambio de rehenes por sucesivas modificaciones al régimen penal
colombiano sólo concluye con la entrega del capo cinco horas después de que
en la Asamblea Nacional Constituyente se aprobara incluir en la carta magna la
no extradición de nacionales. Aunque la versión oficial de los hechos no
reconoce el vínculo entre el Artículo 35 de la Carta Política 165 y los rehenes de
Escobar, o su entrega a las autoridades precisamente el día de su aprobación
por la asamblea constituyente 166, existen varias razones para pensar que esto
fue algo más que una simple coincidencia. En primer lugar, desde finales del
Gobierno anterior, Escobar había manifestado su interés por una asamblea
constituyente que pudiera ocuparse de cualquier tema, como la extradición 167.
Por otro lado, a pesar de que, en las declaraciones públicas, tanto el gobierno
como connotados políticos mantenían una posición firme para mantener la
extradición, dentro de la asamblea se respiraba un ambiente de desconfianza,
168 e incluso temor para debatir el tema 168. Tercero, en las discusiones de la
constituyente se hizo explícito el vínculo entre la eventual aprobación de la no
extradición y el cese de hostilidades por parte de los narcos 169. Cuarto,
algunos observadores informados vieron clara la conexión, varios meses antes
de que se entregara Escobar 170.
La causalidad entre los rehenes y la aprobación de la no extradición en la
Constituyente no es tan nítida como aquella con los decretos de sometimiento.
Para los últimos, resultan transparentes como indicios el estrecho seguimiento
que los familiares de las víctimas cautivas hicieron de las sucesivas versiones
de los decretos, la presión que continuamente ejercieron sobre el gobierno para
su modificación y los canales de comunicación que se establecieron a través
de ellos entre el capo y el gobierno 171. Para la constituyente, la asociación con
los plagios estuvo contaminada por otros mecanismos, como el soborno
directo, y por organizaciones diferentes a la de Escobar, como el Cartel de Cali
172
. La conjetura que se puede hacer es que el rescate exigido por Escobar a
cambio de la liberación de los rehenes era el mutismo y la inacción de la
administración Gaviria ante lo que estaba ocurriendo alrededor de la no
extradición en la Asamblea Constituyente. Una explicación razonable y
parsimoniosa del insólito comportamiento del gobierno es que tenía el estrecho
margen de maniobra que da un secuestro 173. Una vez pagado el rescate –en
este caso no entorpecer la aprobación de la no extradición- son liberados los
rehenes y se entrega Escobar 174.
El blindaje legal que logró Pablo Escobar contra la extradición a punta de
plagios es pertinente para la adecuada comprensión del fenómeno del
secuestro en Colombia, y en particular de sus complejas interrelaciones con las
negociaciones políticas, por varias razones. Primero, porque desafía las
aproximaciones simplistas a la actividad que, como se señaló, plantean que se
trata de un negocio como cualquier otro. Incluso para el prototipo del
empresario del bajo mundo, queda claro que la dimensión económica del
secuestro fue muchas veces una cuestión secundaria, más un medio para sus
guerras –impulsadas no sólo por su interés en el negocio sino por orgullo,
ajuste de cuentas, venganzas o líos de faldas 175- que un fin en si misma.
Segundo, porque deja claro que la naturaleza económica o política de un
evento es más una cuestión del tamaño y poder relativo de las partes envueltas
que de sus intenciones. Una serie de secuestros con los cuales, incluso si se
cobran rescates económicos, se logra alterar el código penal, e incluso la
Constitución, de un país es un evento político como el que más, en forma
independiente de la motivación inicial del autor de los plagios. Tercero, por el
claro efecto demostración que tuvo sobre los demás grupos armados este incidente
que mostraba con claridad todo lo que se podía lograr “alzando peces
gordos”. Tácticas primitivas, como la de amenazar o sobornar jueces,
resultaban ahora inocuas si se podía, mediante plagios, modificar el régimen
legal. Esta lección la aprendieron con claridad los grupos subversivos 176. No
deja de sorprender que, en forma paralela a la batalla de Escobar contra la
extradición, el tema que se ha vuelto obsesivo para las FARC sea la ley de
canje. Individuos que abierta y explícitamente manifiestan estar por fuera de las
leyes 177 terminan orientando su guerra hacia la protección legal a sus
actividades.
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4.2 – Una eficaz herramienta para el diálogo
El monstruoso uso del plagio para obtener réditos políticos hecho por Escobar
no es un incidente aislado en la historia del secuestro en Colombia. Se trata,
por el contrario, de la caricatura, evidentemente extrema, de buena parte de los
diálogos, negociaciones y procesos de paz que en las últimas dos décadas se
han dado en el país con diversos grupos armados y que han estado
inextricablemente ligados al secuestro. Con un secuestro se iniciaron, o con un
secuestro acabaron, varios diálogos y esfuerzos por buscar la paz con los
grupos armados. Por otro lado, a lo largo de tales procesos uno de los
principales obstáculos ha sido el tema de los secuestros, importante fuente de
inconsistencias y tal vez la mayor fuente de ilegitimidad de las negociaciones.
El dilema básico que han enfrentado los distintos gobiernos ha sido la
necesidad de rechazar y condenar públicamente la práctica del secuestro y,
simultáneamente, mostrarse abiertos al diálogo con los autores de tal conducta.
La toma de la embajada de la República Dominicana por parte del M-19 fue
percibida por sus miembros como el paso inicial y definitivo para los diálogos
de los insurgentes con el Estado colombiano 178. Es difícil desconocer la
asociación entre este incidente y un giro en el tratamiento penal contemplado
para los grupos subversivos 179. También se puede situar allí el inicio de
sucesivas conversaciones con los grupos subversivos para la búsqueda de la
paz 180. Uno de los puntos críticos para el reconocido fracaso de la propuesta
inicial de amnistía de la administración Turbay –no se entregó ningún
guerrillero- era que no abarcaba los llamados delitos atroces, como el
secuestro 181.
El gobierno de Belisario Betancur presentó un nuevo proyecto de amnistía, más
amplia y con mayor respaldo político que la de los frustrados intentos anteriores
182
. Este nuevo esfuerzo, aunque criticado en los medios por haber estimulado
una escalada de la violencia y del secuestro 183, no fue bien acogido
inicialmente por el M-19 184 pero sí permitió un acercamiento con las FARC. En
los Acuerdos de la Uribe firmados con esta última agrupación se “condenaba y
desautorizaba” el secuestro 185. Sin embargo, de manera sorprendente, en
estos acuerdos se había evadido la discusión crítica de los secuestros ya
realizados. En particular, no se había enfrentado adecuadamente la cuestión
de la liberación de los secuestrados por parte de este grupo armado 186.
En 1984 se suscribieron acuerdos de tregua bilateral con las FARC, el M-19, el
EPL y la Autodefensa Obrera (ADO). Aunque tales acuerdos implicaban alto al
fuego por parte del las Fuerzas Armadas y el cese de ataques por parte de la
guerrilla, el cumplimiento fue difícil. Hubo asesinatos de activistas, y
campamentos guerrilleros fueron atacados. Por su parte, la subversión realizó
tomas armadas de municipios y no cesaron los secuestros. El M-19 instaló
campamentos de milicias urbanas en las principales ciudades. Así, en 1985 se
rompieron los acuerdos con el M-19 y el EPL. Con las FARC se mantuvieron
hasta 1987 187.

Mangi! Mangia! che ti fa Bene!
http://www.flickr.com/photos/22419653@N00/300914052
De todas maneras, el ambiente de diálogo con la administración Betancur llevó
a varios de los líderes de los grupos guerrilleros a rechazar públicamente este
mecanismo . Tal tipo de declaraciones, en medio del marcado incremento
que se percibía en el número de secuestros 189, llevó a situaciones extrañas
como la división interna de los grupos armados por motivo de dicha práctica
190
, al incremento en los casos de autoría dudosa, o cruzada 191 y,
paralelamente, a la consolidación de los delincuentes comunes como autores
de secuestros 192. Atrás quedaban las épocas de los plagios reivindicados
públicamente; el misterio se instalaba en la naciente industria 193.
En 1985 se volvió a proponer un indulto que esta vez excluía los delitos del
secuestro y la extorsión 194. Teniendo en cuenta el carácter generalizado del
secuestro por parte de los grupos guerrilleros, no se hicieron esperar las
críticas desde el proyecto de ley que excluía a la gran mayoría de guerrilleros
195
.
La asociación entre los diálogos de paz y los secuestros es nítida en el M-19.
Por ejemplo, al complicarse la negociación de lo que se había iniciado como un
claro secuestro económico, el de Camila Michelsen 196, se buscó darle a la
liberación la connotación del inicio de un gran diálogo nacional 197.
Posteriormente, fue el plagio del líder conservador Alvaro Gómez lo que
permitió retomar las conversaciones que se habían interrumpido de manera
tajante con otra captura de rehenes, la toma del Palacio de Justicia. Aunque la
versión oficial de estos eventos pretende minimizar la asociación entre el
secuestro de Gómez y el reinicio de las negociaciones con el M-19 es claro que
allí hubo algo más que una coincidencia en las fechas de los eventos 198. La
decisión de marginarse de este nuevo proceso de paz correspondió esta vez a
las FARC, y no estuvo exenta de “acciones armadas encubiertas”, incluyendo
secuestros, orientadas a sabotear las conversaciones 199.
Luego del ataque militar a Casa Verde, el santuario de las FARC, y de su
ausencia, con el ELN, en las deliberaciones de la Asamblea Nacional
Constituyente, a finales de Abril 30 de 1991 una delegación de la Coordinadora
Guerrillera Simón Bolívar (CGSB) irrumpió en la sede de la embajada
Venezolana en Colombia. El 3 de Junio siguiente se reiniciaban los diálogos
entre el gobierno y la CGSB en Caracas 200. La reanudación de las
negociaciones en Tlaxcala, en marzo de 1992, se rompió con otro secuestro
201
.
El largo y tortuoso proceso de paz del gobierno Pastrana se inició, tanto con las
FARC como con el ELN, con sendos secuestros ocurridos en las postrimerías
de la administración anterior 202. Los fallidos esfuerzos de diálogo con el ELN, y
luego las más avanzadas negociaciones con las FARC, que incluyeron una
zona de despeje, terminaron abruptamente con dos plagios 203. La asociación
entre los diálogos y los secuestros está tan consolidada en el país que tal tipo
de incidentes se toman a veces en los medios como indicios inequívocos de
paz 204.
Fuera de esta perversa asociación que, en Colombia, ha configurado al plagio
como una eficaz disculpa para sentarse o pararse de las mesas de
negociación, un punto aún más delicado de manejar lo constituye el dilema
moral, insoluble, de dialogar con grupos que, simultáneamente, mantienen
civiles secuestrados 205. El desarrollo de las conversaciones de las FARC con
el gobierno Pastrana, por ejemplo, estuvo permanentemente contaminado por
incidentes de secuestro 206. Para tragarse ese sapo ha sido necesario que las
partes recurran al cinismo 207, a embarazosas contradicciones 208, o que finjan
ignorar el problema, callándolo 209. En cualquier caso, no se puede desconocer el efecto corrosivo que estas actitudes, provocadas por el tema del secuestro,
han tenido sobre el desarrollo y la legitimidad de los procesos.
Al respecto, se puede especular que uno de los elementos que contribuyó a
que las negociaciones con el M-19 condujeran a la firma de un acuerdo de paz
y a su reincorporación a la vida civil es que, cuando estas se dieron, este grupo
subversivo era el que menos había entrado en la dinámica explosiva del
secuestro (Gráfica 3).
Aunque poco después de su tránsito de la actividad urbana a la rural, a
principios de los ochenta, hubo un debate público sobre si el M-19 mantenía en
su poder varios secuestrados 210, son varias las razones para pensar que tal
práctica, al menos en su dimensión económica, perdió progresivamente
relevancia para dicho grupo. Uno, había una importante acumulación de
recursos de mega secuestros anteriores 211. Dos, la especialidad del M-19 eran
precisamente los plagios grandes, en esencia urbanos. Tres, la alternativa del
secuestro rural no sólo era ajena a su repertorio de habilidades sino que ya se
tenía entonces la experiencia del ELN sobre los efectos políticamente
perversos del apoyo financiero exclusivamente rural. Además, se localizaron en
áreas campesinas pobres y escasas en familias urbanas visitantes o empresas
con recursos. Cuatro, los repetidos y fallidos esfuerzos por obtener
contribuciones forzosas de los narcos, que ratifican la vocación del M-19 por
los peces muy grandes, habían terminado desastrosamente. No es arriesgado
pensar que la traumática experiencia con el MAS habría producido un durable
escarmiento 212. Cinco, al parecer los dirigentes del grupo vetaron
repetidamente el secuestro de industriales nacionales o campesinos
adinerados cuando no hubiese adicionalmente una justificación política 213. Por
último, es posible que de haber recurrido a la siguiente cantera de personas
susceptibles de ser secuestradas, la clase media nacional, de manera masiva
se hubiesen multiplicado las situaciones incómodas para un grupo que contaba
con varios dirigentes cercanos a las víctimas 214. Aunque esta proximidad con
la burguesía pudo darse también en otros grupos subversivos, la vacuna contra
la empatía con las víctimas –el fuerte adoctrinamiento- estuvo menos
desarrollado en el M-19.
Para finalizar la argumentación en contra de la naturaleza esencialmente
económica de la actividad vale la pena mencionar, como ejemplo reciente de
un plagio que puede tener importantes repercusiones sobre futuros procesos
de paz, y de nuevo en forma totalmente independiente de si se exige o no un
rescate, es el de los tres norteamericanos secuestrados por las FARC en
febrero de 2003 tras la caída de la avioneta en que viajaban. Aunque la
tendencia hacia la desnarcotización de la agenda norteamericana en materia
de seguridad en Colombia y la definición del secuestro como prioridad de la
lucha antiterrorista se había dado antes 215, en la reacción a este secuestro se
han franqueado ciertas barreras 216 y no parece prudente descartar del todo la
posibilidad de una operación directa de rescate apoyada por comandos
militares extranjeros 217.
5 – CONCLUSIONES

Non… Non… Non… Je ne regrette Rien…
Ni le bien qu’on m’as fait… Ni le Mal…
Tout ça m’est bien égal…
Edith Piaff – ca. 1950
El análisis de la evolución del secuestro en Colombia muestra que, con la
excepción de los primeros raptos de la moda Lindbergh, se trata de algo
bastante más complejo que un negocio criminal corriente, por distintas razones En primer lugar, porque a diferencia del atraco, o el robo callejero o incluso el
homicidio, el secuestro requirió, para consolidarse como actividad, de unas
organizaciones muy rígidas, y de una ideología que las aglutinara
internamente. El grueso del problema del secuestro en Colombia sigue girando
alrededor de organizaciones, no de delincuentes individuales. Las razones para
que se trate de un delito colectivo 218 son múltiples: (i) requiere división del
trabajo; (ii) presenta enormes problemas de agencia, que se solucionan de
manera eficaz a base de ideología 219; (iv) el adoctrinamiento es lo que asegura
que el botín del secuestro sea propiedad colectiva de un grupo, y no de los
individuos 220; (v) la reputación de violencia, insumo indispensable para
consolidar la industria, la acumulan organizaciones, rara vez individuos 221.
Así, el doble requisito de delito colectivo sustentado por una ideología, es lo
que hizo que lo adoptaran como actividad corriente básicamente las
organizaciones políticas. Aún más, se puede plantear que el recurso al
secuestro como fuente de financiación ha sido directamente proporcional al
dogmatismo, a la rigidez política y al adoctrinamiento de los grupos.
Irónicamente, la organización no subversiva que más practicó de manera
sistemática el secuestro, la de Pablo Escobar, lo hizo varias veces con móviles
exclusivamente políticos.
Puesto que el secuestro, aún el económico, lo han cometido ante todo
organizaciones políticas han sido inevitables, de manera recurrente, una
variada mezcla de consecuencias para un mismo incidente. A su vez, los
plagios por organizaciones rebeldes que buscaban derrocar el régimen, incluso
cuando simplemente se exigía un rescate monetario, se percibieron desde sus
orígenes como atentados a la seguridad pública, con la consecuente respuesta
militar.
Los distintos grupos armados se especializaron en los secuestros que podían
ejecutar en sus áreas de operación, la ciudad o el campo. Los impresionantes
éxitos iniciales del secuestro urbano incitaron a los grupos rurales a mirar hacia
las urbes. Los altos riesgos de las acciones urbanas, a su vez, produjeron el
desplazamiento de la principal guerrilla urbana hacia el campo. El dilema entre
mayor rendimiento urbano y menor riesgo rural de los secuestros se resolvió
con las familias citadinas, o las empresas, que se acercaban a las áreas
rurales. El primer proceso lo facilitó la droga. En síntesis, la peculiaridad
colombiana que facilitó la consolidación del secuestro fue el desplazamiento de
riqueza, normalmente urbana, hacia las áreas rurales donde operaban las
guerrillas. El narcotráfico dio un impulso definitivo a la actividad y,
simultáneamente, abrió la compuerta de la guerra sucia para enfrentarlo.
Una característica del secuestro en Colombia ha sido la débil incidencia de los
móviles sexuales. Los grupos subversivos secuestran mujeres en mucho
menor proporción que hombres y son excepcionales las quejas por abuso
sexual o violación 222. Es difícil no pensar aquí en el ascendiente católico de los
secuestradores colombianos como base de los insólitos sistemas normativos
que rigen sus conductas y en la necesidad de complementar el eventual efecto
disuasivo de los jueces, que parece haber sido ser precario, con el de los
prelados 223.
En varias dimensiones el cambio de siglo marca el final de un ciclo en la
evolución del secuestro. Después de una accidentada y dolorosa trayectoria se
llega de nuevo a situaciones que recuerdan los orígenes de la actividad. No
deja de sorprender que, después de tantas innovaciones, de haber alcanzado
las míticas cimas de los rescates millonarios en dólares que se repartían entre
los necesitados, de haber logrado titulares en primera página en los diarios del
mundo y tiempo triple A en la TV por varias semanas consecutivas, después de
haber permitido doblegar gobiernos y alterar las leyes penales, después de
haber contribuido a gestar una de las mayores máquinas de matar, el secuestro
en Colombia esté dando muestras de volver a los humildes orígenes
campesinos de la época de los bandoleros. Por otro lado, parece haberse
enquistado en una de las entrañas más oscuras del sistema capitalista, lo que
en un principio se buscaba combatir.
Las noticias de secuestros muestran el retorno a las acciones puramente
políticas o propagandísticas 224. Ahora, lamentablemente, se suman algunos
plagios con un sentido puramente partidista, casi tribal y con unas víctimas
cada vez más difíciles de encajar en la visión de los enemigos del pueblo 225.
La metamorfosis del enemigo que merece ser plagiado ha sido tal que ya
puede serlo cualquiera que no pertenezca a la ahora poderosa organización
que secuestra. El indicio más dramático de esta transformación lo constituye el
reciente plagio, con un operativo digno de película, de una humilde mujer con
fines de servidumbre, algo que raya con la captura de esclavos 226.
Simultáneamente, la consolidación de la actividad llevó a los secuestradores a
establecer sofisticados y turbios acuerdos financieros de mutua conveniencia
con una de las facetas más inmorales del capitalismo, el enemigo inicial al cual
había que combatir por cualquier medio. Atrás quedaron las épocas heroicas
en las que se hacía público el monto de los rescates pagados y el uso de los
recursos obtenidos.
El otro ciclo que parece haberse completado es el de los flujos internacionales
en la tecnología del secuestro. De avezados importadores de las tácticas
montoneras, los grupos subversivos colombianos se convirtieron en hábiles
exportadores y promotores de la actividad más allá de las fronteras 227. Vale la
pena hacer referencia a un caso que le da un giro radical al concepto de
integración regional: un grupo subversivo chileno que, financiado por las FARC,
secuestra un alto ejecutivo en Sao Paulo 228. Menos novelesca y más
sistemática resulta la expansión del secuestro hacia Venezuela, que tiene
todos los síntomas de un contagio desde Colombia. Son los estados próximos
a la frontera los que muestran tasas similares a la colombiana y muy superiores
a las del resto del vecino país (Gráfica 4). El denominado secuestro fronterizo
se percibe allí como una actividad ya consolidada bajo el liderazgo indiscutible
de los grupos subversivos colombianos 229. Algunos de lo elementos de la
tecnología que se exporta han sido el bloqueo de la respuesta judicial ante los
secuestros e incluso la cooptación de iniciativas legales 230.
Parodiando el título de un trabajo reciente sobre el conflicto colombiano, los
poderosos secuestradores nacionales, como ya lo habían hecho los
narcotraficantes, están mostrando que este callejón no tiene una sino varias
salidas: hacia los países vecinos, hacia Latinoamérica 231 y, eventualmente,
hacia otros continentes 232.
Con este nuevo escenario en mente vale la pena preguntarse hasta cuando, y
hasta dónde, se seguirá reproduciendo el desafortunado reflejo colombiano de
responder a las tomas de rehenes, por violentas que puedan ser, con
llamamientos automáticos a retomar el diálogo con los agresores 233. La
singularidad colombiana de dar prioridad a la superación de las causas
objetivas y a la búsqueda de diálogo como respuesta inmediata a las
manifestaciones de violencia, con una intensidad que parece proporcional a la
gravedad del ataque, no ha llegado al extremo de proponer que ante los
asesinatos de colombianos, por sicarios colombianos y con tecnología
colombiana –la del parrillero- pero cometidos en Madrid, España, se deba
responder haciendo más inversión social en Medellín. Cabe entonces esperar
que cuando un comando de una organización armada colombiana secuestre en
el extranjero un grupo de personas de terceros países, los analistas o los
funcionarios internacionales de un cuarto país, no persistan en señalar, como
respuesta al incidente, que se deben enderezar las raíces locales del conflicto,
o que el establecimiento colombiano debe tratar de corregir lo que ocurrió en
Marquetalia en 1964.
La internacionalización del secuestro colombiano es un hecho, no sólo en
términos de diseño y tecnología, sino de capacidad de ejecución. A diferencia
de la épica era montonera, sin embargo, cuando los detalles de los incidentes y
su desenlace se hacían públicos, innovaciones significativas han sido la
opacidad, el misterio y la desinformación. Al otro lado de la mesa, también
parece evidente la internacionalización y concentración de la otra cara del
secuestro: la, esa sí, industria de la negociación. Se ha llegado a la situación
demencial en que virtuales multinacionales del secuestro, para mantener su
guerra, negocian en privado, y por debajo de la mesa, con las multinacionales
de las pólizas y del manejo de crisis.
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Versión PDF : DEL RAPTO A LA PESCA MILAGROSA BREVE HISTORIA DEL SECUESTRO EN Colombia Versión en HTML
CEDE — DICIEMBRE DE 2003

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Simon Regis is a young and talented Tanzanian political cartoonist. He draws editorial cartoons in MTANZANIA and THE AFRICAN newspapers. Below are examples of his work and you can view more of his fantastic art on HIS NEW BLOG (http://regiscartoon.blogspot.com/)

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Guerrilla warfare: A method – Ben Heine image


[...] El modelo del business: El secuestro es una actividad económica con organización y armas. Se ejerc… secuestrador directo. Empresa transnacional negociante. De los chulcos al Fondo Monetario. Subcontratistas especializados. Estados. Oenegés. Empresas religiosas. Asesores de Imagen. Logísticos y transportistas. Servicios de comunicación y detección satelital. Asesores financieros. Profesionales de la negociación. Pruebas de vida. Oportunistas diversos. Candidatos políticos. Políglotas, antropólogos, presbíteros, periodistas, pragmáticos, psicólogos, pontificantes. El resto es cuento. Compro, vendo, permuto o alquilo. Megabancos. Aseguradoras y reaseguradoras. Holdings y subsidiarias fantasma. Transnacionales. Poder. Comunicaciones. Bisnes. Una industria compleja. El discurso acompañante de todas las partes es incidental. It is inmaterial, como dicen los rusos del género espionaje. Incidental. Como tapar una carie o blanquear sonrisas. Discurso es al Secuestro, como el Botox a la Vejez. [...]