Backstage 13: Fangio 58
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¿Hubo Alguna Vez un Secuestro Amable ?
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Juan Manuel Fangio ( Argentina 1911 – 1995)
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Cuando sentí el contacto con el arma alcé los ojos, confundido. Al ver a un hombre joven y solo, inmediatamente pensé que se trataba de otra broma, probablemente dispuesta por Giamba, como una venganza por los ansiosos momentos que le habíamos hecho pasar el día anterior. Sonreí.
El joven moreno tragó saliva un par de veces. Entonces con voz trémula , dijo: “En nombre del Movimiento 26 de Julio, sígame”, ordenó.
Yo no estaba lo bastante al corriente de la política para saber de lo que me estaba hablando, pero sí me di cuenta de que su arma oscilaba peligrosamente: lo cierto es que el muchacho temblaba de pies a cabeza.
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Miré a mi alrededor. Mis amigos también habían creído en un principio, que se trataba de una broma. Con una fracción de segundo de retraso, Ugolini y los demás se dieron cuenta de que algo marchaba mal. Bertocchi apretó los puños impotente. Giamba que hacía estado tomando algunas notas en su cuaderno, quedó inmovilizado con el lápiz en el aire. El joven apartó un segundo la pistola de mí y se volvió hacia mis amigos.
“Cuatro ametralladoras están afuera apuntándoles. No intenten abandonar el hotel en menos de cinco minutos o llenarán la acera de cadáveres. ¿Entendido?”.
Me llevó a empellones hasta el exterior sin dejar de encañonarme con su arma. Comprendí que nada podía hacer. Me encontraba demasiado sorprendido para tener miedo. Cuando llegamos a la calle mi raptor metió el arma en un bolsillo sin dejar de tenerla apuntada hacia mi persona.
“Por aquí, por favor”, dijo conduciéndome hacia un coche que nos esperaba con el motor en marcha. Alguien estaba sentado al volante y otros dos hombres habían permanecido de vigilancia. Una vez dentro me senté y mire a mi alrededor.
“Sentimos mucho tener que molestarle, señor Fangio”, dijo una voz junto a mi, “pero si está quieto nada le ocurrirá. ¿Sería usted tan amable de ponerse estas gafas de sol y esta gorra?”.
Obedecí. Las gafas me apretaban algo en las sienes, pero la gorra me venía a la medida. Mas tarde supe que mis raptores se habían documentado sobre mi persona. Una organización perfecta.
“Si no es pedir demasiado, caballeros, quisiera saber cual es la razón de todo esto”, pregunté, sospechando que su respuesta tendría que ver algo que ver con el pago de un rescate. Se me explicó que el Movimiento 26 de Julio, era la organización política de Fidel Castro.
“Va a ser nuestro huésped”, me dijo el que estaba junto a mí, “y se le tratará con el debido respeto. Hacemos esto porque usted es la personalidad más famosa que, en estos momentos, está en la lista. Mañana no podrá tomar salida en el Grand Prix. Después de celebrado, le liberaremos. Nuestra intención es la de llamar la atención del mundo, de esta manera sobre nuestra organización, que Batista y los suyos están tratando de sofocar. Está claro?”.
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Demasiado claro. Me molestaba no poder correr el Grand Prix, pero empezaba a recobrar la tranquilidad. Después de todo, si cualquier cosa me pasaba, ello iría en detrimento de la causa de Castro y difícilmente se me podía acusar de tomar partido en su favor.
A la mañana siguiente me sirvieron un copioso desayuno, seguido más tarde de una excelente comida, en compañía de tres señoritas a las que no había visto antes, una de las cuales llevaba un escote sensacional. Durante la tarde escuché las noticias de la radio acerca del Gran Prix. Supe que mi coche había sido llevado hasta la línea de salida, aunque nadie ignoraba que yo no iba a estar allí para pilotarlo. Comprendí que Giamba lo había mandado hacer así para protegerse en caso de que pretendieran acusarme de incumplimiento de contrato. De esta forma, podía invocar la cláusula de ausencia por fuerza mayor.
Supe también por la radio que Maurice Trintignant tromaría mi puesto conduciendo mi Maserati. Le deseé suerte y me pregunté como lo estaría tomando Giamba.
Llegó la hora de la cena y me vi comiendo con un pequeño grupo de conspiradores. El ambiente era entrañablemente alegre y todos rivalizaban en extremar su cortesía hacia mi persona.
“Es una cena de despedida”, dijo uno de mis compañeros de mesa que parecía ser el jefe. “Tendremos un gran honor en volver a recibirle señor Fangio cuando Cuba se haya librado del régimen de Batista”.
Después de cenar emprendimos, lo que a mi me pareció, una serie sin fin de viajes en coche. En un momento dado y cuando nos metíamos en un Ford, nos encontramos de bruces con dos policías. Uno de ellos vino hasta mí para pedirme un fósforo. Las gafas y la gorra le impidieron reconocerme. Mientras le explicaba que no fumaba, uno de mis ángeles guardianes sacó una cerilla y dió fuego al policía. Al tiempo que rascaba el fósforo, pude escuchar a mis espaldas un ligero sonido metálico. El otro ángel guardián había quitado el seguro al arma que guardaba en la sobaquera. Pero nada ocurrió. Los dos policías nos dieron las gracias cortesmente y seguimos nuestro camino.
Hacia las diez de la noche llegamos a la embajada argentina. Uno de mis raptores insistió en acompañarme hasta la misma puerta, diciendo que mi llegada a la embajada había sido anunciada previamente por teléfono. Indudablemente se nos esperaba con impaciencia.
“Está usted libre, señor. Por favor, excúsenos otra vez por haberle causado tantas molestias.”
Dio media vuelta y se fue como quien no le da importancia a la cosa. Un tipo de secuestrador tan encantador como original.
La embajada estaba vigilada por policías de paisano. Pasé entre ellos, sin que me reconocieran o me hicieran preguntas, y vagabundeé durante unos minutos hasta que tropecé con Giamba y casi me estranguló con su abrazo emocionanete. A continuación corrió a un teléfono y muy pronto pude estar en comunicación con Andreína, mi mujer, que aguardaba ansiosamente en Buenos Aires el buen fin de mi aventura.
En resumidas cuentas, puedo decir que fue una aventura que me satisfizo bastante.
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Historia del Automovilismo – Suplemento La Nación – Buenos Aires
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Fangio – La Habana 1958 y el M-26
Por Arnold Rodríguez – participante de Operación Fangio
El 1ro. de marzo de 1958, hace 50 años, la publicación inglesa The Economist difundió los comentarios siguientes:
“No con frecuencia se inventan nuevas técnicas políticas, ¿Han creado los rebeldes cubanos una nueva con el secuestro del campeón de las carreras de autos, el señor Fangio? Fracciones de descontentos o rebeldes han capturado en ocasiones a figuras políticas, para mantenerlos como rehenes, o para sembrar el terror y la confusión entre sus opositores. Pero el secuestro de un deportista famoso es algo distinto. Los guerrilleros cubanos afirman que querían demostrar que estaban en desacuerdo con la forma en que el presidente Batista despilfarraba el dinero en circos de altas velocidades mientras que el pueblo necesitaba pan. Pero sin duda alguna ellos previeron también el número de titulares que el golpe les garantizaría en la prensa mundial. Si hubiesen secuestrado al propio presidente, no habrían llegado con tanta eficacia al sector no político de la población mundial, fácilmente influida por la publicidad”.
Esta información de The Economist se hace eco y revela hasta qué punto el episodio de la Operación Fangio, que ejecutó el Movimiento Revolucionario 26 de Julio en La Habana en la noche del 23 de febrero de 1958, había logrado con creces su principal objetivo, que no era otro que penetrar en el conocimiento de la opinión pública internacional, y llamar la atención del pueblo cubano con lo que estaba sucediendo en el país.
Ese éxito se alcanzó gracias a la grandeza deportiva de Fangio, a su mundialmente famosa personalidad, a su carisma, a su récord de 5 campeonatos mundiales de Fórmula 1, que permaneció intacto hasta el 2002, a que había ampliado su popularidad entre los cubanos al ganar en 1957 el Primer Gran Premio de Cuba; todo lo cual determinó que bajo la dirección y estrategia de Faustino Pérez, se ejecutara la acción.
La magnitud de la propaganda lograda nos permite afirmar que hasta ese momento no se había hablado o escrito tan intensamente y en tantos lugares a la vez, sobre el proceso revolucionario cubano y su situación de lucha armada. No quedó ningún continente sin referirse al suceso, ni revista especializada en deportes sin consignarlo. Incluso fue noticia de primera plana en muchos medios informativos.
Las declaraciones que Fangio siempre hizo respecto a su secuestro y a sus secuestradores, a los que desde el primer momento llamó “mis amigos los secuestradores”, despertó tal curiosidad que el propio Fangio dijo posteriormente que fue el hecho que más fama le proporcionó y la anécdota que más tuvo que contar el resto de su vida.
La Operación Fangio fue el hecho propagandístico más trascendente de la insurrección cubana, solamente superado por el surgimiento y difusión de la emisora Radio Rebelde, que constituyó el instrumento de propaganda más importante de la lucha contra Batista. Uno y otro hecho se relacionan entre sí de forma curiosa. Radio Rebelde había salido al aire por primera vez unas pocas horas antes de incorporar a Fangio a su vida normal en la noche del 24 de febrero de 1958.
La amistad lograda entre Fangio y sus captores, los revolucionarios cubanos del Movimiento 26 de Julio, se fue incrementando con el decursar del tiempo y se evidenció en los funerales de Fangio en 1995, por la presencia de tres ofrendas florales: la del Presidente Fidel Castro, la del Embajador Cubano en Argentina y la enviada en nuestro nombre y de mis compañeros del Movimiento 26 de Julio.
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Consuelo del Prisionero – Botero – Museo Nacional de Colombia (2004) – Villegas Editor
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La Muerte de la Máscara Roja – Edgard Allan Poe – The Blight Net San Fraqncisco (2008)







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