Piernas, Cintura y Arrastre

por lofredo

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“Death so confident, a lifetime handicaps” – Foto Tango Uno (2005)

La Escudería Reta-Ercilia sigue la polvareda y va bien. De susto en goce. Como el Gauchito Gil. Se concentra en los diez metros que separan las motos. Es el espacio en el que aparecerá lo que tenga que sortearse con fortuna o despatarrar el intento. Lo que causaría el desequilibrio inesperado, compensable, imposible. Si ocurriera, en un instante, el trío de cuerpos en movimiento dejaría de comportarse como un conjunto con voluntad compartida y se daría el desarme, la desarticulación: un chisporroteo de trayectorias e inercias en repentino desacuerdo buscando de oído un reacomodo de las piezas, algún atajo que los rejunte dispersando la energía del movimiento con el menor despilfarro.

Fricción de Ficciones. Ruptura de cristales reacios. Corrida de vectores. Desgarres de tejidos ocultos. Calor en flujo. Algo se quema. Algo se enfría. Cambios que tocan cuerpo, raspan, cortan y casi siempre dejan marcas como recuerdo cariñoso de la enérgica visita. Un raspón más en los signos que podrían descifrar las antropólogas forenses. Ellas, porque son Ellas mayoría en el oficio de verdades, milagros y descanso. Personas que hay que amar aunque no quieran que lo hagas, darles todo el amor que la tristeza te deje arrancar del vientre. Sólo ellas podrían leer con fascinación o aburrimiento la versión de un golpe así en el desentierro de los cuerpos de dos parejas, desaparecidos sin nombre en una franquicia desértica de Falsos Positivos.

Cuando se toma el ritmo y las glándulas trabajan como deben, la percepción del tiempo y la distancia juega a las escondidas. Diez minutos o media hora. Un rato o una vida. Cinco kilómetros o media Guajira de trochas caracoleadas de arcilla y arena. La consistencia del suelo cambia de acuerdo al tránsito en cada trecho, según el lado en que la acomodó la brisa o la última tormenta, o por la presencia de una planta rastrera que dificulta momentáneamente trasladarse. La arena con arcilla y piedra suelta no deja ver sus intensiones hasta hacer cumplir su destino al viajero.

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Astillero – Seis por Cuatro – Foto Speekenbrink – (Utrecht 2008)

Para no caer, hay que avanzar, mantener el movimiento. No detenerse. Alimentar las ruedas para que sigan girando y el suelo no las envuelva y se las trague. Se trata de navegar sobre una membrana de terreno, una ilusión de firmeza, y pasar antes de que el peso rompa el reposo granular y todo cambie. Pasar sin despertar al vecindario mineral. Cuando la viscosidad seca frena el avance, se le da todo lo que la máquina pueda transmitir. La Africana se lo sabe de memoria. Avisa a su modo lo que se viene. Se inclina cuando debe. Pide cambios de peso. Pide fuerza. Es un baile entre tres. Hay, entre ellos, toques de mano, cintura, guiños que anuncian el siguiente desplazamiento.

Que no se ofendan los que saben de baile en serio. Salvando distancias, correr en la Africana con Ercilia flojita y pegada detrás es tan sensual como cruzar muslos en un tango apretado. El contacto, la resistencia, la entrega, la necesaria agresión, presencia firme entre las piernas. Metadatos de cópulas de soledad. Remolinos de viento en el destierro. El frote de todo contra todo. Con mucha química en flujo por todo conducto viable: no queda un sólo órgano en reposo. Sexo. Dolor. Pánico. Sábanas de piel dejan pasar sin aduana. Respiración llena, rápida y sin pausa. Pupilas dilatadas para iluminar la persecución o el escape. Danza de firulete inesperado.

Pablo con Ingrid en la Freewind bailan bien. Despejan un tramo oscuro. Anuncian sin saber lo que están por pasar. Atrás, el Reta anticipa. Ercilia va tomando aliento. Acompaña al cuerpo que conduce flexionándose sobre los pedalines. El roce divino. Abrazada suavemente al torso. Las pantorrillas de ambos en contacto con el Bastón de la Juventud, asombrado por la aventura, trabajando a tiempo forzado. Mezcla de Jugo de Hormonas y Pases de Magia Tehuelche.

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Ocho Tacos Dos Cuartos – Neil Liveakos (2006) WebPix G. Lofredo (2009)

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Al salir de la curva, bordeando un médano, surge, de lado y arriba, la luna, entre la polvareda. Manejando ciego. Guiándose por el ronquido y los pases de cambio del puntero, que conoce. Todos saben que pueden salir despedidos sin preaviso, pero el Reta, debajo del casco, ríe a carcajadas y grita como se grita en los vagoncitos de cualquier desquiciada montaña rusa. Un desplazamiento sin rieles. Coreografía espontánea improvisando ante lo que el camino propone. Exactamente como en la vida real. Improvisando ante lo que el camino impone.

La relación de la llanta delantera con la arena es simple. Se entienden y se acomodan. La relación caucho piedras es más complicado. Las piedras están en cualquier parte y son irregulares, no son adoquines tallados por presos, esclavos o emigrantes. Tienen aristas frescas. Las puntas a la Buena de Dios. Se mueven al pisarlas. Se corren. Dan tumbos. Desconciertan. Vuelan hacia cualquier parte. O resultan estar bien calzadas y no ceden ni dejan pasar sin cobrar peaje.

the-sopranos-go-to-church1The Sopranos are Coming to Town! Semana Santa (2009) Aveiga Lofredo

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Eso sucedió esa noche con la Africana, Ercilia y el Reta. Dos piedras les armaron una emboscada trivial. La primera, descentrada por la izquierda, desvió la rueda un dedo hacia la derecha, y una cuarta más adelante, la otra lo hizo en sentido contrario. Trivial.

Una piedra en el camino
me enseñó que mi destino
era rodar y rodar…
No tengo trono ni reina,
ni nadie que me comprenda…

Los dos toques recorren todo el chasis y piden a los cuerpos una respuesta leve pero más rápida de lo que pueden entregar. Todo es un instante. Se atraviesa la delantera. La moto se recuesta y derrapa. El Reta saca la pierna derecha para enderezarla y no lo logra. La fuerza pasa del suelo, por el tobillo, huesos, rodilla, cabeza de fémur, y por la cadera hasta el cuello. Músculo y tendones responden como pueden.

Se encojó, se encojó.
Se encojó mi caballito.

Hay fibras que ceden, tejidos bien irrigados que se desalinean como un desfile bisoño sorprendido en el desacuerdo. Carrera Mar, Cuerpo a Tierra.

Esta Africana donde tengo el alma mía.
Este canto de hierro donde tengo la vida mía.

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El impacto desmonta a Ercilia y la hace caer varios metros delante y a un costado, sobre un cúmulo de arena floja que acolchona el golpe y al principio no lastima. El motor se acelera, gira sin resistencia. Músculo, huesos y articulaciones que no están en su mejor momento aguantan lo que pueden, pero no salen a tiempo del paso. La Africana se apoya y detiene. No está golpeada. Se siente mal por no evitar lo sucedido. Pide calladas disculpas. Ercilia se pone de pie y se quita el casco. Los guantes y el cuero ayudaron. Raspados, polvo y líneas de rojo. El rostro en máscara de ruta. Aquí tengo mi corazón y parte de mi alegría.

A veces es fácil salirse de abajo de la Africana acostada de lado y acomodarse para levantarla. Esta vez hubiera sido imposible sin Ercilia. El Reta le indica cómo ubicarse para empujar. En cuclillas hacia el frente. Palanqueando con el manubrio y con una fuerza asombrosa, le quita lo peor del peso a la pierna y el Reta se escurre de espalda, apoyándose en los codos. Como lo haría un reptil si tuviera codos, una moto encima y una hembra como Ercilia haciéndole desear seguir vivo y pararse con dignidad.

Ahí si por si acaso me muero,
les voy a pedir un favor.
Me llevan al cementerio con este pedazo de acordeón,
los hierros de mi Africana,
el perfume de Pelirroja
con Debido Proceso y desfiles del recuerdo…

tres-piernas-finalPiernas para Todos – Camilo Rozo – TangoNegro – G. Lofredo (2009)

Chorrea gasolina sobre la arena. Entre los dos la paran y apoyan contra una piedra. El Reta mira sin levantarse, tratando de evaluar el daño. Difícil saber, en la oscuridad y bastante desorientado por el golpe. Un espejo torcido pero no roto. Cuando no se rompe el espejo, todo se arregla. Pedal desplazado. Carenado rajado. Ruedas enteras. Calcomanías raspadas.

La gente de cuatro ruedas suele no entender por qué lo primero que hace un motociclista accidentado y aún vivo es fijarse bien en qué daños sufrió su máquina compañera. Galopó mi caballito, ya brincó mi caballito.  Se enhieló y se agachó. Se agachó como un sapito…

Nadie sabe por qué es así, pero así es. Primero se fija en la moto, o por lo menos piensa en ella. Luego se tira al suelo, se desmaya o se muere. Pero eso es otra historia. Siente humedad en las piernas y en el lado derecho del tórax. ¿Sudor, gasolina, sangre, orín?

Oye un rumor de acordeones. No pueden estar muy lejos.  Quizás están de fiesta en alguna ranchería.  No se engaña: son dos los palladores que se turnan  en el juego. Los oye ahora porque, con los motores apagados, se aprecia mejor el sabor fresco del silencio.

Pablo le hace tragar alcohol fuerte y amargo. Le estira hacia atrás el pescuezo para que no lo escupa ni vomite. Aquel cura italiano dándole de beber alcohol amargo, como lo hace Pablo ahora, apretando con un lino blanco la herida en el muslo.

Escalas, acordes, saltos y lamentos. Son dos acordeonistas que se turnan para tocar. Es una pulla. Un duelo. Se respetan. No hay que llegar primero, sino saber llegar. Se conocen. Conversan, bromean, se burlan, pelean. Todos parecen divertirse aunque por momentos al Reta le suena que la disputa musical podría no ser fingida, que podrían competir por algo serio: el Amor, la Muerte, la Casualidad.  Le recuerdan los acordeones lo que le contaron en un paradero bailable, pasando Santa Marta, ya de madrugada. Gente seria que terminaba un encuentro de melómanos del acordeón contándose nuevos detalles  del  encuentro de Francisco Moscote con Mefistos siempre armando la perfecta orquesta típica. La Genial Colección de Amoral Talento Vallenato.  Lo que decía un experto con los tragos puestos es que Paquito el Man… Francisco el Hombre con el desbido respeto por favor. Paco entonces. Ahora trabaja de asistente de Recursos Humanos de El Cerrejón y los fines de semana da clases de música a los niños del orfanato de las Hermanitas de la Caridad de Uribia.

¿Porqué será que hay tantos pibes sin casa ni padres en La Guajira? Eso preguntaría Mafalda mientras le toma la temperatura a su demacrado globo terráqueo: ¡Tiene una Guerra que Vuela!  Guerra. Destierros. Desplaces sin retorno. Tierras sin título. Y a los abuelos a cargo también se les acaba el tiempo extra. Calambres que les retuercen los huesos. ¿Pero porqué tantos en La Guajira? ¿Se estará más fresco en los orfanatos? ¡Mafalda; vos siempre con esas preguntas! ¿Ya terminaste los deberes? ¿Porqué será que los grandes cuando no saben algo mandan a los chicos a hacer los deberes?

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¡Orden Niños! Orden que se nos acaba la hora y el cupo.  A ver quién puede contarnos sobre ¿Cómo se enteró Don Aparicio de Francisco el Hombre?  ¿Yo Señorita, Yo!  Vale tú, cuéntalo entonces…

“Aparicio Retaguardia supo por primera vez de Francisco el Hombre mientras atendía el asado de unos corderos en la ciudad de Las Heras, muy al Sur, en la Patagonia. Conversaba con Don Gil Nuñez un chicletero veterano que venía desde San Ignacio en la Provincia de Misiones, cerca de las cataratas de Iguazú. Allí estaba también un alemán de Berlín que decía ser de la Baader Meinhoff y estar en misión de sacar a unos camaradas anarquistas de una cárcel helada en Tierra del Fuego, más allá de Ushuaia por donde el viento ya no se siente. A Gil Núñez le decían el Gauchito y al alemán, el Doiche. El Gauchito viajaba en una BSA que un inglés del Paraguay le había dado por salvarle la vida en un secuestro complicado. El Doiche iba en su Boxer guerrera de un solo asiento con resortes vieja, negra y precisa como el discurso riguroso del conductor. Las heras es la ciudad con más presencia entre Comodoro Rivadavia sobre el Atlántico y los glaciares orientales de la cordillera. En Las Heras se vive del gas natural y del petróleo. Los hombres son como soldados maduros. Cada día dan todo en su última batalla. Cuando Aparicio dijo que iba hacia La Guajira y Maracaibo, el Gauchito Gil le habló con mucho respeto sobre Francisco Moscote, el Hombre como le decía él.

“Contaba el Gauchito Gil que el Hombre era un Guajiro nato cuya fama se extendía por todo el Caribe luego de un incidente en que conoció y tuvo que enfrentarse con su canto y su acordeón a Mefistos en una contienda de coplas y rapsodias que se conocen y cuentan aún hoy en todos los pueblos de la región. El Gauchito recomendó al Reta que buscara al Hombre por Machobayo, un lugar no muy alejado de Riohacha. Considerando que entre Las Heras y Riohacha hay unos 15,000 kilómetros de caminos, y decenas de miles de Iglesias, Templos, Secretarías y Ministerios, Machobayo  — donde el Hombre tiene su casa–  está a sólo un paso de dónde las dos piedras emboscaron al Reta con Ercilia en la Africana esa noche de luna grande en La Guajira dos o tres años después. Con estos antecedentes se aclara en parte cualquier sentido que pudiera merecer la conversación entre acordeoneros que el Reta escucha mientras Pablo le ayuda a recuperarse con esos tragos de algo fuerte y un poco amargo.”

Hojas de Ruta

ISBN: 9780984525621
Autor: Gino Lofredo

Hojas de Ruta es una novela ilustrada de viajes y aventuras. Su autor Gino Lofredo logra con sorprendente acierto, ironía y desopilante humor cruzar las fronteras entre géneros y construir un producto único. Hojas de Ruta tiene la potencia de un híbrido: fotos, mapas, ficción, hechos reales y voces ricas en individualidad que transcurren por conexiones temporales e inesperadas. Candide en la Tercera Edad rodando en Moto por Colombia y América Latina. ¿Quién es Aparicio Retaguardia? Un doble agente, un ingenuo reportero, un solitario motociclista jubilado, una versión senil de Tintín, o un Papá Noel que recorre América Latina sobre dos ruedas: Don Aparicio es todo ello, y a la vez, ninguno. Hojas de Ruta gira en torno al viaje que realiza este personaje tras aceptar una riesgosa misión, desde el sur equinoccial de Colombia hacia el desierto de La Guajira, hasta la frontera con Venezuela. En los distintos sitios de arribo, Aparicio tiene la sabiduría de un palabrero Wayuu y la ironía de un diablillo que hace autopsias en vivo a los engaños del mundo criollo. Solamente estos rasgos esquizoides permitirán transmitir con fidelidad enrevesada las facetas de un continente. Hojas de Ruta sobrepone a la linealidad del viaje, las realidades paralelas de la memoria y las curvaturas del tiempo mostrando en Colombia algunos rostros de América Latina: violencia mercenaria, gente asombrosa y geografía imponente… Las aventuras de Don Aparicio evocan a la distancia a Candide, a Kerouac, al Easy Rider de Dennis Hopper y Jack Nicholson y al filósofo de Zen y el Arte de la Mantención de la Motocicleta. Todo desde una cuarta edad que no se resigna.

1. Portal de las Estrellas
2. Cruz del Sur
3. El Desierto Protector
4. Pijao de Oro y Almanaques
5. El Mago de Palmira
6. Maicao: Testigos Presenciales
7. Pájaro Rengo
8. Inolvidable Portete Bahía
9. Fuga de Acordeones
10. Pase sin Compromiso
11. Mecánica Sócrates y Juventus Spa
12. My Favorite Things
13. Mandrágora, Almizcle y Sándalo
14. Santa Gaza de Palestina
15. Complícame la Trama, Baby
16. Cambio de Bases
17. Le Business Model del Secuestro
18. Trastienda de Arenas Betancourt
19. Fantasías de Medellín
20. Trastienda de Fangio
21. Fondo de Ojo, Confesión en Seco
22. El Almirante, las Perlas y el Fraile
23. Pueblo, Riel y Carbón
24. Cambia, Todo Cambia
25. Despiste de Madrugada
26. Piernas, Cintura y Arrastre
27. La Trastienda de Satanás
28. Acople, Credos y Padre Nuestros
29. El Triangular de Job
30. La Máscara Roja
31. Precisas Instrucciones
32. Rapsodia de Sísifo
33. El Gran Escape
34. Gasolina Express

Broken earth Road

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El Bastón del Reta y el Caballito de Vives – Fotos Gino Lofredo (1998-2009)

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“La muerte tan segura nos da una vida de ventaja” – Gino Lofredo (2009)
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El cartílago articular del cóndilo lateral del fémur forma la superficie articular del fémur distal y está cubierta por un cartílago hialino. El menisco interno ayuda a estabilizar el cóndilo lateral femoral y hace de cojín en superficie articular. Tiene una forma casi anular. Mi caballo de madera, mi juguete más bonito, se le ha dañado una pata y se encojó mi caballito.

El cartílago hialino está compuesto de cuatro zonas histológicas diferentes. Una superficial compuesta de colágeno denso y condrocitos planos muy compactos. La tangencial contiene fibras de colágeno más largas y menos densas y condrocitos más grandes y agrupados. La zona radial es más celular, con condrocitos mayores y encolumnados. Las zonas calcificadas en la capa subcondrial se unen con el hueso cortical subcondrial. Pequeños vasos perforan la capa y alcanzan la zona radial. Navegando río abajo, vi jugando un abuelito y me enseñó como curarlo bailando este jueguito.

El cartílago hialino recubre la parte posterior de la rótula. Es la capa más gruesa de cartílago hialino que existe en el cuerpo. Tiene de 5 a 6 milímetros de espesor. Su función es amortiguar los choques producidos durante las flexiones. El reblandecimiento del cartílago rotuliano es una causa frecuente del dolor de rodilla.

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Piernas – Michael Von Bergen (2008)

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El Credo de Tito

Los conceptos y proposiciones sólo cobran sentido o contenido a través de su relación con experiencias de los sentidos. El nexo entre éstas y aquéllos es puramente intuitivo, no es, en sí, de naturaleza lógica.

Lo que diferencia a la especulación de la “verdad” científica es el grado de certeza con que se puede establecer ese nexo intuitivo. El sistema de conceptos, junto con sus reglas sintácticas, es una creación nuestra.
Cierto que los sistemas conceptuales son arbitrarios desde lo lógico. Pero al menos tratan de empatar del mejor modo con lo que sentimos. Se agachó como un sapito. Ya cansado ha cerrado sus ojitos. Vamos todos a arrullarlo. Se durmió mi caballito. Un sistema tiene contenido de verdad según con qué grado de certeza y completitud quepa coordinarlo con la totalidad de la experiencia.
Tito Einstein, A Ratos Perdidos, Pueblo Esther, Provincia de Santa Fé – Argentina (2008)

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Gaquchito Gil good color

Agradecimiento al Gauchito Gil – Tierra del Fuego – Argentina
Foto Gino Lofredo (Gino Lofredo)

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El mismo Gil nuñez advirtió que sobre Francisco Moscote se dice mucho y que bien podría tratarse de varias personas. Los encuentros con el Esía Acusador suelen desdoblar personalidades, eso es sabido. No se menciona que también puede multiplicar los cuerpos.

“Una noche al regresar Francisco después de una parranda de varios días y al ir hacia su pueblo, para distraerse en la soledad de la noche, abrió el acordeón y, sobre su burro, como era usual en aquella época, empezó a interpretar sus melodías; de pronto, al terminar una pieza, surgió de inmediato el repertorio de otro acordeonero, que desafiante trataba de superarlo; de inmediato Francisco marchó hacia él hasta tenerlo a la vista; su competidor, para sorpresa, era Satanás, quien al instante se sentó sobre las raíces de un árbol, abrió su acordeón, y con las notas que le brotaban hizo apagar la luna y todas las estrellas.

El mundo se sumergió en una oscuridad tal, que sólo los ojos de Satanás resplandecían como tizones. Sus notas eran las de un gran maestro; algunos dicen que de ese encuentro nació el canto del Amor-Amor, pues Francisco, dueño de grandes virtudes y poseído de mucha fe, lejos de acobardarse con la abrasadora oscuridad, abrió su acordeón e hizo sonar tan hermosa melodía y la magia de la misma devolvió la luz a la luna y a las estrellas, infligiendo mucho temor del demonio. Después clamó a Dios y entonó el Credo al revés con la potencia de su voz, de tal suerte que el demonio, vencido, exhaló un terrible alarido y con su acordeón a rastras huyó hacia las montañas donde se perdió para siempre.”

La parte que nos queda en duda es esa de que con su acordeón a rastras huyó hacia las montañas donde se perdió para siempre.” Dudamos este detalle porque no hay acordeonero que lleve su acordeón a rastras, y porque no hay día que el caraeverga no asome a hacer travesuras por algún lado y no precisamente en la montaña.

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José Atuesta Mindiola, tiene su versión del caso y ésta es importante porque se basa en una entrevista relativamente reciente con Francisco Moscote. Moscote aparentemente pidió reunirse con Mindiola y le pidió que aclarara públicamente las cosas. Según la transcripción de Mindiola esta es la versión más precisa dada por Moscote:

“He vuelto en busca de mis pasos perdidos. Ahora, mis manos tocan otra vez este acordeón que en la tumba envejeció conmigo, su fuelle se confunde con las arrugas de mi piel centenaria.

En mi ausencia inventaron una historia, que hoy todos conocen como la Leyenda de Francisco El Hombre. Es cierto, en épocas de fiestas patronales visité los caseríos y pueblos cercanos a mi comarca. Mis pies parecían luceros descubriendo el abecedario del camino; los únicos enemigos eran la oscuridad de la noche y sus ingrávidos fantasmas ino-fensivos a la sed de las armas.

Mi nombre quedó en la memoria de esos amigos que disfrutaban con las notas de mi acordeón. Yo era un profanador del silencio y un cazador de auroras que regaba música en los amaneceres de los pueblos.

En una ocasión, después de haber parrandeando tres días las festividades de San Agustín, en el regreso se me perdió el camino de la casa. Mi cerebro navegaba en un río de alcohol, sentía que todas las aguas del Ranchería surcaban en mi cabeza; frente a mí, un torbellino mecía los caminos y las sombras de los árboles intentaban abrazarme.

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Francisco el hombre. Desfile inaugural

Mis pies cansados acomodaron mi cuerpo sobre las raíces de un árbol gigante, agarré mi acordeón y débilmente pude sacar algunas notas. Escuché que alguien, muy cerca de mí, en esa solitaria y oscura noche, también tocaba su acordeón.

Entre el miedo y el temor, la fortaleza emergió en mi corazón cristiano: un soplo divino iluminó mis manos y mi voz, para tocar y rezar el Credo como Dios manda. Hubo una larga quietud en el viento y en mi alma. Me quedé dormido, lo suficiente para descansar y poder encontrar el camino a la puerta de mi casa.

Yo nunca toqué el credo al revés; son invenciones de un pobre historiador, si lo hubiera tocado así, las pezuñas del diablo habrían apresado mi cuerpo hasta diluirlo en los espirales de azufre del infierno. “

Mindiola es un estudioso y su opinión debe tomarse muy en cuenta: “La creatividad y la imaginación son recursos del ser humano para fabular relatos que intenten explicar el origen del mundo representando las fuerzas de la naturaleza bajo las formas de seres vivientes. El mito constituye un elemento esencial en la vida y cultura de los pueblos primitivos y el tema de innumerables creaciones literarias y artísticas. En un estrato inferior al mito están las leyendas, que son relatos en los cuales la tradición desfigura la historia.

En la Costa Atlántica son famosas las Leyendas del Hombre Caimán de Plato, del Caimán Cienaguero, de La Llorona Loca de Tamalameque, de La Sirena de Hurtado en Valledupar y la de Francisco El Hombre en La Guajira; todas popularizadas en diferentes ritmos musicales costeños.

La invención fabulosa es el elemento universal de la leyenda que exige coherencia verosímil para alcan-zar verdadera aceptación colectiva. De ahí que la leyenda de La Llorona esté regada en todos los pueblos de América con algunas variedades. Se cree que vino con los españoles. Habla de una mujer que camina como una loca y derrama lágrimas por las calles buscando al hijo que le han robado.

Referente a la de Francisco El Hombre, siempre me ha llamado la atención que en el encuentro con el diablo, él lo derrotó cantando el credo al revés. Existe en la creencia cristiana la concepción de que las oraciones invertidas revisten un mensaje subliminal. Decir el Credo al revés es entregarse a las manos de Satanás. “

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