A3. PEREIRA, MEDELLÍN, YARUMAL

por lofredo


Aventuras de Aparicio Retaguardia

desierto-guayasaminbw

Entre Bolivia y el Mar sobra un País – Foto Gino Lofredo (2006)

+++

Entradas Recientes

Actualizadas y Probadas : Junio 11, 2009

+++

29. Acoples, Credos y Padre Nuestros

28. Piernas, Cintura y Arrastre

27. Despiste de Madrugada

26. Llorado, Soplado y Contento

25. Pueblo, Chatarra y Carbón

24. El Almirante, las Perlas y el Fraile

23. El Centésimo Atributo

22. Le Business Model del Secuestro

21. Complicame la Trama, Baby

20. Mandrágora, Almizcle y Sándalo

19. Cambio Climático

18. Mecánica Sócrates – Maicao

17**. Maracaibo: Repuestos “El Futuro”

16. San Perdón del Amable Olvídelo

15. Recuerdos del Paredón

14. Pase sin compromiso

13. Portete: Ni de Acá Ni de Allá

12. Equilibrios Inestables

10. Fuga de Acordeones

9. Portete: Inolvidable Atardecer

8. Salar de Manaure

7. Caribe desde La Guajira

6. Wisky Opina: Yuca y Ají

5. Maicao: Testigos Presenciales

4. Pijao de Oro y Almanaque

3. Guajiro Emperador

2. Guajira: Santos Remedios

1. América del Sur – 1836

33. Gasolina Express

+++


PEREIRA, CRUCE DE MEDELLIN  Y YARUMAL


seis-fuelles

Sucedió el segundo Lunes de Agosto cuando el viaje aún buscaba su ritmo. Con todo acomodado sobre la Africana paró frente a la iglesia mayor de Pereira antes del amanecer y despertó a dos mujeres que habían pasado la noche envueltas en trapos y cartón. Ni bien despegaron los ojos comenzaron a contarle historias que parecían extensiones de las pesadillas recurrentes. Las mujeres de la iglesia se acomodaron dignamente las ropas y un poco el cabello y sin dejar de hablar al Reta un sólo se fueron a tomar café con pan a la vuelta de la esquina. Sonaron las campanas. Llegaron los Adelantados y en minutos el trio estaba en las curvas trepando en una transparencia iluminada para espantar el frío. Santa Rosa del Cabal. Chinchina.

El movimiento en la ruta es distinto del de otras mañanas: es el día en que los Sísifos de la tierra retoman con vigor la tarea con el peñasco y la montaña, las manos limpias, los músculos descansados, llenándose de fé y esperanza con el aiire fresco del nuevo amanecer: calzar el hombro, las manos, tensar muslos y pantorrillas, moldeando el cuero sobre el ripio suelto del sendero filoso, y se mueve el peñasco cuesta arriba. Los trabajadores de los retenes parecen más alertas que los del domingo día de los santos arrepentimientos. La tregua, si es que la hubo, ha terminado.

Las tropillas de repavimentación también muestran sentido de propósito y una eficacia notable en sus movimientos. Son detalles, o capaz el viajero se lo imagina, pero sí se nota una diferencia con los que tienen tareas análogas al sur de la frontera, más cerca el Imbabura y el Cayambe ecuatorianos. El trabajo allá comienza con el sol más alto y sobretodo los lunes, esa primera mitad de la mañana del lunes, en que se siente el desorden  entre peones, maestros y estrategas del recubrimiento asfáltico.

En otras comarcas se palpa la indecisión de qué, cómo, en qué orden y para qué arreglar carreteros, tirar ripio, aplanar, pintar rayas, despejar cunetas.  Acá, entre Risaralda y Sunia, Sísifo ya no se complica con las preguntas que ya se hizo, y se contestó hace tiempo, como pudo. Sabe lo que tiene que hacer y cómo hacerlo.  El Sísifo de las cuadrillas del camino sabe algo de lo que sienten los que rodean Manizales en sus motos doble propósito, con potencia de sobra, rumbo a Medellín.

En la ruta hay un sentido del orden compartido. Hay reglas, protocolo, algoritmos en los que todos participan.  Hay movimientos elementales que simplemente no se hacen.  Por ejemplo no se adelanta de contravía cuando su columna se detiene para dejar paso a los que vienen de frente cuando las reparaciones ocupan un carril y el otro hay que compartir en tiempo porque el espacio no da.  Los motocilistas son tolerados.  Pueden escurrirse y avanzar sin molestar al prójimo. Arriesgan sólo sus cuerpos y sus motos.

Pero ese orden que llama la atención en Nuestra América tan espontánea e innovadora en su conducta vial, ¿De dónde viene? Cómo se expresa en esta tierra de la fascinación por la vorágine? ¿Será que en el desorden del combate enedimensional hay espacios de equilibrio? Momentos y zonas de estabilidad, de quieta sabiduría? Un sistema estable tiende, a un punto u órbita, a un atractor. Un sistema inestable se escapa y un sistema en caos no encuentra lo que intuye. Un atractor intenta seducir el sistema y dominarlo. Pero hay diablillos que se oponen y le esconden ese equilibrio. El sistema queda confinado a una zona de posibilidades que lo eluden y lo angustian.
XXXXXXXX
La mujer es un atractor que puede estabilizar o caotizar el sistema.  En las cuadrillas ruteras hay por lo menos dos mujeres intercomunicadas por radio,  una en cada punta del tramo en obras. Su ropa no difiere mayormente de la de los hombres pero el efecto sobre los conductores es distinto.  Las dos tienen el cartelito rotativo con el Pare en rojo y el Siga en verde. Las dos llevan el mismo tipo de chaleco de franjas reflectoras alerta naranja  que lo shombres pero en ellas este plástico con hebillas se las arregla para acomodarse para resaltar debajo del cuello los pechos y más al centro el corte cintura caderas. Ninguna prenda se ajusta en modo alguno al cuerpo.

Los pantalones verde oliva son amplios y sueltos y cubren sobriamente hasta más allá del empeine de las botas de trabajo que por ser temprano aún siguen bien lustradas, casi brillantes por el polvo inevitable de las circunstancias.  La cabeza se cubren con un pañuelo y el clásico casco amarillo de seguridad.  Retaguardia se había adelantado con prudencia a la columna detenida y se detiene a un par de metros de la compañera control.  Se le ocurre que esa trabajadora con su presencia y el inofensivo cartelito rotativo podía detener en seco a todos los Panzers del Zorro del Desierto. No sólo todos esperaron con paciencia de enamorado que les diera paso sino que cuando lo hizo, conductores, acompañantes, motociclistas, jinetes, pedalistas y hasta los pasajeros de gafas negras de la buseta ambulancia del hospital de ciegos de Medellín la saludaron con sus mejores sonrisas. Ellas cruzando datos por radio, impasibles, imperturbables. Ave María Purísima! Sin Pecado Cocinado… es decir Jesús, que amaba las pastas como afirma el evangelio según San Albóndiga.

Hubo muchas pausas de ruta similares en la trepada de curvas (45 kms entre la Pintada 500 msnm y Alto de Minas 2500 msnm) y en una de ellas un compañero de ruta se detiene junto a Retaguardia a esperar el Siga verde. Montaba una chicleta inesperada, una Honda R600 full cross baqueteada como si hubiera estado en guerra desde que salió de la fábrica quién sabe cuántos años antes… Porque las motos son al revés que los humanos cuando nacen y las prueban en la fábrica en seguida las meten en cajones de madera, sarcófagos de pino. Las entierran vivas por un tiempo. A veces pasan años en galpones zelelínicos, una sobre otra, esperando, casi inconscientes, en hibernación profunda al margen del calor que puede ser agobiannte, y de pronto hay movimiento y les pasa como a los animales del zoologico de Nueva York en ese documental sobre repatriaciones forzadas en que mandan de vuelta al Africa a un grupo de mamíferos y a unos pingüinos  que creen añorar el hielo eterno.

La R600 golpeada, peelada, sin espejos ni parrilla, capa de lodo, llantas trepatodo, jinete flaco y largo, y un ronquido lumpen peromuy saludable, aunténtica, aunque la perforación de bala en el tanque que en  las circunstancias sería comprensible, era sólo calcomanía, no se asuste; pelo rubio rojizo, ojos con fiebre de apuro riesgoso, se miran las motos, se levantan viseras de mica, se abre casco articulado: De dónde? Del sur. Adónde? Al norte. Ahá. Medellín? Cabo de Vela. Ahá. Venezuela? Hay que ver… Sí…Da paso Miss Colombia. Un tinto? Se siguen. Al rato se meten en un paradero llamado Versalles.

Lucas se saca el casco, desenguanta y saluda.  Retaguardia de Rosario Fueguino. El otro lo mira confuso. Rosario Fueguino aclara. Retaguardia porque voy despacio. Cuido el pasado. Ahh, claro. Yo hago humus con Lombrices. Hacienda de monte arriba de donde acienda por la Sigue Pare. Más arriba. Lombrices y Retaguardia toman tinto en el paradero y hablan de vueltas chicletas, largas, cortas, suaves, frescas y jodidas. Son comentarios en código. La mayor parte compartida, otros quedan pendientes del aire. Repasan sudamérica, los Andes en más detalle, Rumichaca-Medellín sin novedad. La Guajira en escala uno en quinientos.  Lo del Paradero Versalles a Medellín se lo conversa en detalle, dos minutos, no más porque llegan los Adelantados con cierto acelere naranja

sonrientes pero como con cita inaplazable en algún sitio siempre más allá del presente, pasando Medellín es tanto más que una ciudad que hasta tiene sistema solar propio, y
el trío no tiene previsto intentarlo. Retaguardia incluso preferiría una circunvalación amplia, una vuelta calma con avifauna Pantone, mariposas panchurrientas, arroyos transparentes no muy frios, lagartijas cabeceras, lombrices.

Cualquier cosa menos un recorrido arrebatadamente turístico de una ciudad que no sería injusto calificar de complicada en términos urbanísticos, sociales, farmacológicos, etnoculturales, económicos, comerciales, en relación a su historia reciente digamos, últimos treinta años, cincuenta ya, para no discutir.

Porque complicado es todo y siempre como propuso el salvador de los oftalmólogos y en general las antropólogas, sobre todo las antropólogas, y también los cuánticos que por lo general no se llevan bien pero a veces cuajan por lo de que algo puede ser y al mismo tiempo no ser.  Pero parece que la circunvalación, el baipás o como se dice por allí el “……” no se lo recomienda lo que en las circunstancias de ese día podría sugerir contaminación nuclear o tráfico pesado… Chernobyl o Los Angeles.  Rumba incansable o full time Guerra Santa, Gardel o los Astronautas.  Pero si te dieras el tiempo – dice Lombrices – estamos cerca de los Altos de San Miguel, de donde nace el Medellín, bébela allá arriba y mírala morir, del otro lado Darío, abrazar al abuelo, arepas de chócolo.

Hay que cruzar ya y Lombrices nos guiará hasta el otro lado, cruzaremos por el corazón mismo de la ciudad que es como una planicie o un valle que pudo haber sido eternamente fértil, atravesado por el río que pudo ser potable y cobijar peces tan dignos de amor como apetitosos, valle que se ha vuelto ciudad tan potente como las atracciones y rechazos que mantienen vivos los átomos:

En ese animal palpitante se meten los viajeros uniéndose a una caravana que desciennde y zigzaguea, disolviéndose poco a poco en la melaza pegajosa. Como si penetraran un alcohol denso y corrosivo los chicletos estrechan la vista al par de docenas de moles en movimiento entre los que el demonio de las lombrices los guía como los peces pulga a los navegantes entre tiburones miopes; parado en los pedales, estirado lengua de batracio, erecto como periscopio, y como sin espejos rotando la cabeza tres sesenta exorcista sin vómito, con el Adelantado puntero también alargado para ver y hacerse ver por encima de las moles de pronto multiplicadas y en cuatro carriles;

Lombrices en rojo y blanco, Adelantado Uno en negro y naranja, Adelantado Dos en gris, negro y cromados; y Retaguardia alejado, desapareciendo, guiándose por los asomos de cascos delanteros, perdiéndose entre equipos rugby de doble ruedas con ejes apuntando al corazón, que no bombea sino turbina. Sordo Retaguardia: rescatado de un desencuentro irreversible por el vaivén del primo adelanto puenteando hocico y cola, para que no se desarme la culebra; marcando los desvios y las salidas que deben ignorarse y los que se toman para hacerse principales. Retaguardia es Luke Skywalker escapando del asilo para ancianos, diciéndose Deja que la Fuerza te Guíe, no pienses, sólo reacciona a los impulsos más inmediatos.  Caliente sudor chorrea lentes, aprieta dientes y tripas, muslos y pantorrillas fundidos con las costillas de la Africana. Toda señal de dolor  detenida hasta nueva orden. Y en medio de la anestesia general en que se desempeña, Retaguardia intuye una presencia extraña a la que siguen o con la que juntos atraviesan el aglomerado de cyborgios, los ocho o diez carriles siguen el sistema de alcantarillado conocido como la Cuenca del Aburrá Medellín,

Los humanos que leen estas cosas conocen el sabor de la flema de aire sucio que escupen al ducharse por la mañana. Lo que no se imaginan es como se sienten los bichos que se ocupan de mantener vivos los ríos comiendo excretas de mamífero industrial cuando no les alcanza el oxígeno y todo se muere en un frustrado esfuerzo digestivo. Es algo como el auge de los dinosaurios y su repentina extinción cada vez que pasan por una aglomeración humana de la sofisticación intestinal de Medellín, por tomar un ejemplo no más… Parece que los casi tres millones de paisas de la zona y sus mascotas y acompañantes casuales que no son pocos expelen tanta mierda y basura a las quebradas, arroyos y cauces que – según la Presidente de la Asociación de Bacterias y Microrganismos Fluviales de Antioquía – “vea amor es que el aire ya no alcanza pa comer…” Precisemos: a la bichada detox no le alcanza el oxígeno para tanta mierda en los cien kilómetros río abajo de la urbe del Metro Línea A que al igual que la autopista donde los chicletos con su encarnizada guerra de movimientos siguen, cruzan y recruzan el cauce del gran desaire… la tácita malquerencia nacida contranatura en el ánimo citadino por desengaños sufridos en la consecución de deseos o en los empeños vanos de las vanidades insensibles a los antinflamatorios…

… atracciones y rechazos que mantienen la bestia siendo una y viviente:  adhesivos diversos, flexibles, libidinales y anti cuerpos tan vivos y criollos y perversos como los retrovirus, cementos, pega, pastas, asfalto, trenes bala, urbanidad, buenas costumbres, cordial hospitalidad y protección de los viajeros, con el centro histórico, y religioso en constante lujuria mercantil y financiera, el centro rodeado por una corona de veredas y barrios tan hermosos como impenetrables, inmenso espacio rodeado más allá por el cinturón cojonudamente bello de montañas de donde mana agua, café y todo lo que hace temblar el vallenato, los diálogos vehementes en tonadas del paisa al afro al ghetto espich y hasta boston cool con pocho angelino.

Hubo una despedida relámpago al borde del camino cuando Lombrices los declaró sanos y salvos y se volvió a meter en la urbe, periscopio fuera, largo y flaco, un hombre con función expectativa de vida bipolar: cero o infitino. Siguieron ellos con rumbo Caribe y en cambio finalmente llegaron a Copacabana, pasaron y siguieron hasta asegurarse que hay vida inteligente del otro lado de la Capital del ingenio,  los empredimientos, el regateo y la resoluciones tajantes de los malentididos… Pudieron constatarlo cuando los detuvo con señas perentorias el uniformado responsable del primer retén militar norte.  Mientras los adelantados respondían al interrogatorio de rigor acerca de la cilindrada, precio, velocidad máxima y de crucero, eventual destino de los vehículos, para distraerse Retaguardia se preguntó porqué hay tantos Copacabanas: recordó un club de latin jazz en el San Francisco de California;  un espectáculo digno de trance con Mojitos en un escenario encendido en Cuba; bebienndo una potente infusión de coca frente al lago Titicaca de cara al cielo más azulcielo de todos los cielos, mirador de los nevados, de piedras sagradas, páramos y las islas de sol en lo que fue glaciar dulce, frío y celestial . Una música disco muy ochentas y pegajosa se le mezcló con quenas y zampoñas, y en el Jujuy argentino, un pedregoso santuario a la Virgen de Copacabana; y volvienndo al sabor y los tambores, el malecón tapizado de granito negro y cuarzo blanco ondulando frente al mar y los glúteos más inyectables de Río de Janeiro, malecón donde por cierto Retaguardia,  cuando era apenas un imberbe e hiperactivo volcán de semen, conoció la mujer que le haría perder la virginidad y la confianza en todo los discursos anticoito de la tradición judeocristiana desde la salida de Egipto en adelante,  y en particular los codificados con prolijidad y detalle dignos del Kamasutra a través de los siglos por la santa madre iglesia y todos sus papas, pepes, papis y pupos.

Virgenes. La de Copacabana aun gran venerada en el altiplano desde donde se trasladó de milagro en milagro hasta allí mismo donde uno de los del retén osa acercar su pezuña mugrienta al asiento de la Africana con intención lujuriosa, mano negra y peluda que retira en la milésina antes del contacto intuyendo la inminente electrocución descargada por Retaguardia hacia su duodeno verde usarmy tropical. Ese no la tocó pero el otro de zurcos con más recorrido en el rostro notó los chispazos y cuando ya los chicletos ponían señalador izquierdo y se incorporaban al tráfico, Retaguardia lo vió por el espejito mirándolos alejarse y hablando por su radio de campaña. Se preguntó en cuál de los próximos retenes les harían una revisión general no apta para turistas, alguna suerte de ritual despertador para contabilizar las chispas.

Sí, la Virgen de Copacabana estuvo al norte de Medellín antes incluso de acomodarse en Rio de Janeiro donde los cariocas y los que allí paraban para llenar bodegas la apodaron a princesinha dos mares por haber demostrado su disposición y eficacia protectora de los navegantes que por entonces tenían muchas olas y vericuetos que menear antes de hacer puerto en los mares quechuaimaras que los chilacos todavía tienen la desfachatez de pretender escriturar en la proxeneta notaría de la audacia servil. Pero decíamos que la princesinha dos mares,  la Virgen de Copacabana, con el paso de los años fue sumándose al sincretismo del cristianismo Bossa Nova y desdde entonces recorre el cosmos en el alias Garota de Ipanema cuya versión por Astrid y Joäo Gilberto con Stan Getz en el saxo no se incluyó en el disco del Voyager, error terco de Carl Sagan que jamás se disculpó por favorecer a Johnny B. Goode de Chuck Berry, el que con Bach y Stravinsky viaja ahora rumbo a una constelación cosa que no es una galaxia o un vecindario de estrellas sino sólo una dirección, algo como el noroccidente que es hacia dónde se dirigen los chicletas.

Quieren hacer más camino antes de aflojarse y buscar cobijo.  Trepan con curvas saliendo de la trampa caliente del valle. El aire se aclara. Se limpian los verdes. El camino es piadoso y da ganas de suspirar hondo hasta de sonreir a la vida desde el interior del casco democrático. Es el momento que cubre los gastos del día. Breve, vital y solitario. Como deben ser ciertos tramos para compensar las llantas pinchadas y las hernias de disco. Siguió así hasta que la Africana le hizo notar la altura respondiendo con menos cafeína al salir de una curva con ligera pendiente y un primer aliento de niebla. Una buseta TransPaisa baja hacia Medellín con las luces prendidas.

Los chicletas cuando enfría se abrigan antes de ponerse la ropa de páramo. Se alertan por dentro y se afina el olfato topográfico porque las curvas se vuelven inciertas, más cortas, no ciegas ni riesgosas aún, sólo dignas de respeto y buenos modales. Y en esto pronto se nota las distintas versiones de los calificativos. Los punteros amplían distancia, se desdibujan por momentos en los grises que gradualmente se hacen cargo del pixelaje. Se siguen de cerca comparten los ángulos de corte, se dicen el futuro inmediato con los gestos izquierdos que marcan los pases de velocidad, los toques de luz trasera, los cambios de postura que señalan al segundo riqueza de pautas que les hacen ser uno y no dos o nadie.  Pero Retaguardia no tiene el no se qué que le permitiría fundirse en el silencio simple de esa unidad chicleta. Por lo menos no lo tienne en ese momento y los ve alejarse hasta desaparecer detrás de una seguidilla de curvas y asomar de vez en cuando, más lejos, las luces rojiblancas en la niebla acentuando el corte de la cornisa.

Hay un momento en que a Retaguardia no lo sigue nadie como para que vea sus luces en el retrovisor y cuando los de adelante ya tampoco están. Ahí donde un rótulo anunciaba la cercanía de Santa Rosa de los Osos Retaguardia sintió el primer escalofrío y dejó detener donde una mujer sentada frente a una mesita diminuta ofrecía, sin entusiasmo ni tristeza, minutos y tinto a los ruteroos que lo necesitaran.  Sirvió el café de un termo rojo. Al lado tenía varios de otros colores: verde, azul, gris.  Pasaron hace unos diez minutos. Hay cinco kilómetroos hasta la cumbre y media hora a Yazumal. Abríguese que está frío. Llovizna a esta hora. Retaguardia le hace caso. Desengancha los amarres de las alforjas y se pone impermeable y se enguanta térmico. Cuando estaba casi listo a retomar camino siente el revoltijo en las tripas. Una tormenta de urgencia intestinal. Detrás del paradero parece haber solo niebla. La mujer que observaba cada movimiento del chicleta sabe lo que necesita y asiente que por ahí es y que todo tanquilo.  Lleva o que necesitaría. Se mete en la niebla y desciende unos metros entre pasto frío y piedras. Arriba la ruta y el paradero desaparecen con la premura. Tiene que sacarse lo que se acaba de poner y se nota la altura, el ligero agite que pide respirar más hondo y más seguido. Hace cuclillas,  aleja el culo de las botas justo a tiempo y descarga una sopa de muertos, una pesadilla fecal.  Un vaído inexplicable. Piernas flojas. Sudor frío. Moscas de  páramo. Se vistió sintiéndose leve. La mujer le dió agua pura. Tomó mucho. Le dijo que estaba pálido. Que siguiera y le dió una bendición con la señal de la cruz. El aire le hizo bien y dejó de pensar. Sólo condujo como en coma y llegó a Yarumal. Se dejó llevar por el flujo de gente y vehículos hacia el centro por calles enmarañadas, comercios, luces, iglesia, y en la plaza destino obligatorio le esperan los Adelantados, le llaman la atención moviendo los brazos, descansados,  con la cierta alegría de quien presencia un modesto milagro cortesía de los caprichos del paseo.  Hay hotel frente a la plaza y la iglesia. Agua caliente. Drogas, es decir farmacia con antidiarreicos y antibióticos del sabor que prefiera el cagante. Ave María Purísima!

Casi todo en Yarumal puede hacerse suceder frente a la plaza, con la Iglesia blanquiceleste un poco cuesta arriba con los cerros densos y verdes al fondo, iluminada desde antes que oscurezca el cielo y se espese la niebla. Frente al parque hay minuteras, café, cantina, panaderos, reunión de taxistas, y chicletas transportistas, desfile de señoritas llevand el paso y tomadas del brazo,  y muchachos piropeando, riendo, respirando entre dientes, como sedientos o con hambre, miradas haciendo juego;

un cura hiperactivo camina en círculos sin cesar de gritarle a un celular con el que parece querer atravesarse el tímpano y estacionarlo donde dicen que suele despertar dios cuando lo pinchan con picana los neurotopógrafos y donde también se guardan las destrezas político administrativas de sacristía que su vocación diocesana requiere para que no desplacen ni lo desaparezcan o le prohiban el celular.

Y por todos lados pero sin amontonarse grupos de gente distinta rodean algo útil, atractivo, deseado, no del todo inalcanzable, y un hombre, (las mujeres están más minuteando: “a cuánto el minuto amor?  — Contigo la noche entera y sin cargo papito…) y atendiendo ventas detrás de mostradores: Pase, pase, sin compromiso, mire, toque, pruebe, siéntase en casa, un tinto?)

Sí son hombres entusiastas los que ofrecen las rifas de la motocicleta Pulsar que es una belleza de práctica y aguantadora, azul metalizada y es Honda nada de china amigo, y el premio pasaje a madrid miami toronto en iberia american o caneidian, y todo pago por dos semanas hasta que se acomode y encuentre a los primos; nada que de mojado a la mexicana, en avión amigo, en avión. Nos gustan los corridos pero acá no se corre nadie hasta que todas estén contentas. Oyó? La camioneta cero kilómetros doble cabina, balde largo, no es para mostrarse tuneado los fines de semana, es para hacer cada día el el ida y vuelta infierno, purgatorio, paraiso, y bien cargadita, y llantas japonesas patodalavida, vea.

Porque todo en Yarumal se rifa y hay para todos los gustos y presupuestos, triciclos para la nena, ajuares para novia, juegos de herramientas todo propósito, kit de casitas prefabricadas, vacas lecheras, terneros, sementales, centrífugas separacrema, juego completo de cosméticos para la mujer moderna, pero oiga esas cosas se rifan, también se venden, pero el asunto es la rifa. Cómprese un billetico y se juega el viernes, o en diciembre, o si quiere antes le consigo. Sí, ropa de la marca incopiable que a usted le guste, electrodomésticos, heladeras y televisores,  tocacines y decodificadores. Y la cosa es seria, seria en el sentido que funciona porque a nadie se le ocurriría rifar y no entregar el premio al ganador, o hacer algún farfullo que perjudique al cliente.

Ya bañado, desodorizado y temporalmente encorchado con Clorhidrato de Loperamida Retaguardia recorre Yarumal de rifa en rifa, de sueño en sueño, chupando Pedialite sabor a coco, trabándose con Loperamida y Pedialite, qué viaje papi,  números y billetitos manuscritos y firmados debidamente, y usted elije el número y si nadie lo tiene pago es suyo y juega con la de Medellín, todas las semanas. El trío encontró comedor subiendo una escalera estrecha encima de una tienda de interiores de mujer y medias nylon. No tenían cerveza pero el caldo de gallina resultó preciso. Arroz y un huevo. Arepa. Suficiente y todos a dormir. Finísima garúa mientras bajan las cortinas metálicas de las tienndas, apagan luces,  guarecen lo que se mostraba y se rifa. Una última venta de algo urgente, nocturno.  Aquí y allá unos jóvenes con las manos al fondo de los bolsillos de gines flojos y largos, espalda contra la pared, mirada nerviosa, izquierda derecha al frente, el peso sobre una pierna y luego la otra retrasando el frío. Esperan. Cuidan. No tienen dónde ni con qué. Son de allí. Están de paso. Busetas cargan y se van. Al Retaguardia de la sub setenta lo ven y no lo miran, no tiene nada que necesiten, ni quiere nada que tengan, y si nadie ha dicho que lo quiere muerto será porque alguien lo quiere vivo y tranquilo.

Adelantados a su cuarto compartido. Retaguardia solo al suyo.  Entra y la soledad le quita el sueño a pesar del cansancio. Vuelve a salir y se para frente a la entrada del hotel. La garúa se hace lluvia discreta con pronóstico de persistente.  De a poco, niebla y lluvia esconden la iglesia ahora más gris que celeste y blanco, Bauhaus, Gaudí y Juan Valdés y algún masón misionero.  Un hombre emponchado montado en una chicleta Honda 175 corte proleta dobla la esquina y apunta al Retaguardia quieto en el espacio protegido bajo los balcones volados del hotel.  Lleva un maletín oficinero cubierto con un plástico y amarrado con elásticos a la parrilla trasera. Es un hombre de pelo canoso y abundante, sub cincuenta y de porte similar al de Retaguardia. Saca una media toalla y le va quitando el agua a su moto, asiento, tanque, espejos, el cristal de las luces, manubrio, placa. El escape caliente hace vapor.

Se llama Alberto. Estaba entre quienes los vieron llegar al final de la tarde. Usted es el de la Africana. Linda. La suya debe ser aguantadora, leal. De dónde viene. De arriba. Señala el maletín. Rifas. Vendo rifas. Mis clientes son lecheros. Don Matías, por Santa Rosa de los Osos, hasta Valdivia, San José de la Montaña, mi territorio. Y a esta hora vuelve? Vengo de cerca. Es cuando están en casa. Comidos. Antes que se duerman. Antes que aclare salen. Por allí todos me conocen. Son años en esto. El maletín está impecablemente ordenado y lleno: talonarios, carpetas, clips, lapiceros pintones, caramelos de colores, fotos de familia, tarjeetas personales. Folletos ilustrados de los objetos en rifa. Una digital básica,  una fosforera blanca. Qué tal caminos? Con un trapo se quita el lodo de sus botines. Aros y rayos.  Llantas medio lisas pero con agarre aún.. Usted sabe… Sí. Le tienen ganas a la camioneta. Dos hijos fuera les llegó algo.  Están bien con la leche y los quesos. Usted de Argentina? Rosario. Central? Sí.  Estuve en Rafaela. Cosas de la radio. Ah? Hago radio. Acá? Sí, de los misioneros y las monjitas. Hay misa mañana. Martes misa? Sí siempre hay misa de seis. Esta es por los Tres de la Mina de Talco. Talco? Sí. Derrumbe. Ahhh… Tres meses. Estarán las viudas. Claro. Me voy a dormir. Yo también. Siguen? Sí también a las seis. Así que de Central no? Canaya, Ud sabe… Menos mal.  Y Quito qué? Quito? De ahí salimos. Pues viaje tranquilo.

Suena un celular debajo del poncho. Alberto saluda, cruza la calle, contesta y se aleja. Dice Sí. Escucha. Dice No. Escucha. Dice Bien. Escucha. Dice De Acuerdo. Cierra y guarda un Nokia bajo el poncho impermeable.

Las tres chicletas están adentro, secas, seguras, bien puestas, contra la pared del pasillo, a unos pasos de la recepción, para no molestar. Sobre el asiento de la Africana hay un folleto a colores, un tríptico. Opción Por los Pobres y los Indígenas. A 40 años de Medellín. Misioneros de Yarumal. El oro aguas abajo o en bolsillos. Cuando lo de Medellín hacín panfletos en meime´grafo, esténciles azules perforados a teclazos mecanógrafos. Cañadas estrechas, basuras y albañales del poblado, potreros ricos en leche. Pueblo de tierra fría los DonMatieños, gentes de bien, trabajadores y honrados, generosos y creyentes. Gran Rifa de Yarumal.  Muerto el padre Publio  que  acostumbraba ir en moto a visitar sus fieles esparcidos por Briceño, acá cerca de Yarumal por donde la mina de talco será.

xxxx

Octubre 9, 8am adición Talco.

Aventuras de Aparicio Retaguardia

desierto-guayasaminbw

Entre Bolivia y el Mar sobra un País – Foto Gino Lofredo (2006)

+++

Aventuras de Aparicio Retaguardia

desierto-guayasaminbw

Entre Bolivia y el Mar sobra un País – Foto Gino Lofredo (2006)

+++

Entradas Recientes

Actualizadas y Probadas : Junio 11, 2009

29. Acoples, Credos y Padre Nuestros

28. Piernas, Cintura y Arrastre

27. Despiste de Madrugada

26. Llorado, Soplado y Contento

25. Pueblo, Chatarra y Carbón

24. El Almirante, las Perlas y el Fraile

23. El Centésimo Atributo

22. Le Business Model del Secuestro

21. Complicame la Trama, Baby

20. Mandrágora, Almizcle y Sándalo

19. Cambio Climático

18. Mecánica Sócrates – Maicao

17**. Maracaibo: Repuestos “El Futuro”

16. San Perdón del Amable Olvídelo

15. Recuerdos del Paredón

14. Pase sin compromiso

13. Portete: Ni de Acá Ni de Allá

12. Equilibrios Inestables

10. Fuga de Acordeones

9. Portete: Inolvidable Atardecer

8. Salar de Manaure

7. Caribe desde La Guajira

6. Wisky Opina: Yuca y Ají

5. Maicao: Testigos Presenciales

4. Pijao de Oro y Almanaque

3. Guajiro Emperador

2. Guajira: Santos Remedios

1. América del Sur – 1836

33. Gasolina Express

+++

ercilia-triptico-web-11

ercilia-triptico-web-11

Dra. Ercilia Maberek – Death Valley – Tésis Cum Laude “Debido Proceso” – FotoWorks – Gino Lofredo (2009)

+++

Bolivar en Llamas - Betancourt - Foto Gino Lofredo (2007)
Bolivar en Llamas – Betancourt – Foto Gino Lofredo (2007)

+++

seis-fuelles

+++

ural-rusa-y-langosta-x-4

URAL Rusa Cortada y Langosta Migratoria – Gino Lofredo (2009)

+++