La Novela de Aparicio Completa

por lofredo

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Matadero de Ovinos para Exportación – San Julián, Pcia. de Santa Cruz,
Patagonia Argentina – Foto Gino Lofredo (2006)

Llegó al control de entrada de El Cerrejón a las tres de la tarde. Sus datos estaban registrados y le dieron paso con identificación de visitante. Dos cámaras registraron su ingreso. Además de las camionetas todo terreno del personal dirigente había una buseta de turismo y un camión refrigerado de abastecimiento al tráfico aéreo. Arrimó la moto al lado sombrío de un contenedor etiquetado en Hamburgo.

La Sala de Recepción está sobre lo que queda de un cerro al borde del cráter excavado. La temperatura es de 36 centígrados. Seco y sin brisa. Lejos aún al norte se junta una neblina escasa. Los visitantes ya están dentro. Se sirven refrescos en copas alineadas sobre una mesa de mantel blanco. El aire acondicionado restaura y ordena la atención del grupo que se acomoda en butacas amplias frente a una pantalla de plasma. Cinco empleados asisten en silencio. Portan audífonos de intercomunicador celular y guayaberas amplias de bordado mínimo. Están armados pero casi no se nota. Hay treinta y siete personas en la sala. Sorprende que tantos viajeros compartan el interés por la minería de carbón a cielo abierto. Las reliquias industriales son una atracción que le da pena tener que admitir. En el cuaderno apuntó: Mega-Atracciones. Matadero San Julián. Dakar Cono Sur 2009. Todo Terreno, Camiones, Chicletas, Cuadrones. Médanos de Atacama. Namib Andino.

Cuando se suma al grupo tecnófilo el plasma muestra un dibujo esquemático de la geología de la Península Guajira entre el Lago Maracaibo y la falda occidental de la Sierra Maestra. Manchones de petróleo y carbón. Globos de gas. Bolsones menores de oro, cobre, molibdeno. Manchas de tamaños y colores proporcionados a la reserva disponible y su valor potencial.

El Cerrejón emplea 6,374 trabajadores incluyendo personal de jefatura, administración, apoyo y seguridad. 78% hombres, 22% mujeres. Dos de cada tres son nativos de La Guajira y se identifican como Wayúus. El otro tercio llegó desplazado por el Mal de Ojo y el Cambio Climático. Los especialistas extranjeros promedian sesenta. Uno por ciento. Norteamericanos.

La guía anfitriona habla indistintamente en inglés y castellano, repitiéndose cuando le parece oportuno. Luce menos de treinta años. Viste pantalones jeans y una camisa de trabajo de corte masculino que resaltan su silueta. Su nombre y responsabilidad están bordados en letras negras tres dedos a la izquierda del segundo botón. El viajero atento nota que el uniforme sólo aparenta atenerse a las normas de seguridad industrial. El pañuelo de seda roja anillado al cuello centra la atención de los ingenieros jubilados. Las botas negras, prácticas y acordes con el trabajo asignado, se ajustan al empeine y los tobillos como corsets. La suela y los tacones son de caucho negro y le agregan unos elegantes centímetros a su altura.

Como en el video que promociona el turismo en Colombia: el único peligro es que se queden. Muchos lo hacen. Algo los embruja dice con encandilante seriedad la Dra. Ingrid B. DiManso. Geóloga. Ingeniero. Explosivista. Quién habrá sido el DiManso meridional que emparentó la mujer de piel cobriza y pómulos marcados que ahora les guía hacia una maqueta de la mina y activa en el plasma otra simulación tridimensional del cráter. Doble espiral en el espacio sobre la maqueta tradicional de balsa y miniaturas. Escalera Vaticana. Romano y Nativo. Tosca Industria Doble Vía Cielo Tiniebla. Movimiento Perpetuo.


C

La magnitud del encargo resultaba jocosa para quienes mantuvieran cierto sentido de humor y conocieran algo de la vida en esas tierras. Tiempos sin límites: en cada puerto riquezas y delirios en cada expedición, de muerte y mestizajes.

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Riohacha Festival Francisco el Hombre – Febrero 2009 – Foto Camilo Rozo

Desde este presente, des

“…es, pues, la vida de los indios que se traen para pescar perlas, no vida, sino muerte infernal, y es esta: Llévanlos en las canoas, que son sus barquillos, y va con ellos un verdugo español que los manda, llegados en la mar alta, tres y cuatro estados de hondo, mandan que se echen al agua; zambúllense y van hasta el suelo y allí cogen las ostias que tienen las perlas, y hinchan dellas unas redecillas que llevan al pescuezo asidas a un cordel que llevan ceñido, y con ellas o sin ellas suben arriba a resollar, porque no siempre donde se zambullen las hallan, y si se tardan en mucho resollar, dales priesa el verdugo que se tornen a zambullir, e a las veces les dan varazos que se zambullan, y siempre todo este tiempo nadando y sosteniéndose sobre sus brazos; están en esto todo el día desde que sale hasta que se pone el sol, y así todo el año si llegan allá. La comida es algún pescado que tiene las mismas ostias donde están las perlas y el pan cacabi y el hecho de maiz y destos no muchas veces quizás, se hartan. Las camas que les dan a la noche son el suelo con unas hojas de arboles o hierba, los pies en el cepo, porque no se les vayan. Algunas veces se zambullen y no tornan jamás a salir, o porque se ahogan de cansados y sin fuerzasy por no poder resollar, o porque algunas bestias marinas los matan o tragan.”

También en el Cabo de la Vela el látigo agotó las ostras y tuvieron que mudar su Virgen de los Remedios, sus canoas, los cepos con sus gentes de mar hacia el Río de la Hacha donde acabadas las perlas y transcurridos más de cuatro siglos, una noche de luna llena y feroces amoríos, el inspirado guajiro acordeonero Francisco el Hombre hizo duelo de fuelles. Versos y rezos con Satanás, el hechicero de almas que dió a las ostras el don de las perlas y a éstas la magia de embriagar hombres y enamorar mujeres.

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Brindis de Tres Perlas – view flick for credits – 2009

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