22. Acople, Credos y Padre Nuestros

por lofredo

El Bastón, dice. Pásame el Bastón, Ercilia. El dolor llega de a poco y aumenta. Prueba mover lo que debe moverse y las respuestas lo tranquilizan. Rodilla derecha protesta. Maravilla de la evolución, la rodilla. Ahora está de muy mal humor. El Reta respira profundo y recuerda con mucha claridad el deslave a la entrada de Manakar, cerca del mar, el Océano Indico, Madagascar, Lemures, Tombeaux, misioneros amasando la pasta en armónico desquicio. chozas en zancos escondidas entre la vegetación, la brisa firme del mar, olas fuertes, tumbas tocadas con cráneos bovinos de cuernos resecos, obeliscos del recuerdo, pobreza en vida, muerte generosa.

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Dra. Ercilia Maberek – Death Valley – Tésis Cum Laude “Debido Proceso” – FotoWorks – Gino Lofredo (2009)

Es la similitud de la amargura en los sabores y su bastón enchapado en lata de sardinas lo que le hace estar allá, golpeándose con las piedras al cruzar un río desbordado. ¿Cuándo fue? Quince. Parece más. Tanto tiempo hace, que todavía nos referíamos a la imbatible Ural, la clásica del sidecar, como soviética, indestructible fierro rojo que demostraba, si no la comodidad del transporte socialista, por lo menos el aguante de los culos de su pueblo trabajador.

Era una Ural del 68 y el protagonista cruzaba el río por donde le indicaban unos muchachos revoleando taparrabos y disfrutando el circo que aportaba otro misionero más que llegaba en moto, ignorante del peligro, despistado por la inundación, el desborde repentino, piedra bola rodando con el cauce, golpeando las ruedas y el cárter, adivinando por dónde pasar, sin ahogarse, hasta la trocha de lodo que llamaban calle grande.

Río abajo, empezaron el revoltijo y los empujones del océano azul grisáceo contra el desfogue espeso, saturado de arcilla rojiza, sopa de sangre, troncos y plantas, con bicharracos vivos agarrados con desesperación a lo que los mantuviese a flote, reptiles, carpinchos, puerco espines, monos araña, ratas gachas y los cuerpos hinchados de humanos a la deriva, azulados, girando en los remolinos de la desembocadura como si no se decidieran a dejar por fin la selva y hacer la paz con el mar, sin más resistencia.


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¿Llaves del Reino? ¿Qué año busca? – Foto Daniel Lofredo (2008)

Allá había llovido cinco días y cinco noches. La tormenta se había estacionado en la franja de 50 kilómetros de ancho entre la costa y la serranía azulada que condensaba la humedad y calmaba la furia de los ciclones de cada temporada. Tormentas tan inevitables allá como los huracanes del Caribe y las nubes de langosta respondiendo al roce con el prójimo y al verde de los sembríos, o como el viajero al aroma de la carne asada al borde de la ruta, o la hinchada al frotamiento saltarín y erecto, ritmo de bombos y puteadas. Estadios llenos. Voraces miles de millones. Una humanidad de insectos en el furor y el éxtasis de la masa hambrienta. Espontánea coreografía. Festival del Aire y Homenaje al Migrante. Se anuncia con un zumbido agudo, casi un aullido. Tapan el sol y, advertidos por las señale del verde, descienden con elegancia aterradora, se posan y devoran. Serruchan, trituran y tragan.

Pasarán hambre los campesinos en cuyos campos la langosta decidió merendar. Si no logran espantarlas con ruido y humo y tambores, no habrá consecha ni semilla.  Gritan, pitan, baten cueros y cacerolas; chillan y sacuden cobijas con caras enormes pintadas de amarillo, de rojo y de blanco. Encienden fogatas de pasto, estiércol y basura regada con aceite quemado y diesel. La nube devora el verde que palidece a simple vista. Al disminuir las hojas aparece el amarillo rojizo de las ramas tiernas, los troncos más oscuros. Todo sucede en minutos. De lejos llega el barrido de aspas de un helicóptero. Es el que fumiga que llega de vuelta. Ya no tiene toxinas que regar. Sólo puede revolotear sobre el almuerzo, espantar, matar miles que se comerán los chanchos y los niños. Pero son millones de mandíbulas que raspan y hace sonar el violín, y zumbar las tripas ahogando los golpes y el griterío.

Hasta que se acaba la clorofila y con sincrónica disciplina saltan, abren las alas y suben al cielo como un solo cuerpo. Tapan otra vez el sol. Navegan en las corrientes de aire y se alejan, hacia el norte, donde maduran otras cosechas, arroz quizás. Exuberancia vital con la ingenua pobreza de las piedras preciosas, todo amasado en la Pasta del Armónico Desquicio y los Jugos de la Glándula Secreta.

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URAL Rusa Cortada y Locusta Migratoria de Madagascar – Gino Lofredo (2009)

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Disculpe la insistencia pero es que el individuo langosta normalmente es un bicho tranquilo, un tanto solitario incluso. Mientras tiene qué comer evita las aglomeraciones, como si le molestara juntarse con tanta gentuza vegetariana.  Si hay, prefiere comer por su cuenta, en un reservado. Cuando escasea el verde, los bichos se acercan a los parches restantes y ahí empiezan los encuentros cercanos y los empujoncitos. Se tocan, se rozan, en particular se tocan las piernas, bueno las patas, las patas traseras, y eso los enloquece. Son patas colosales, dignas de avestruz con esteroides. Se entretocan las patas y  sueltan, por dentro, una descarga de serotonina y feromonas que los transforman de anacoretas y misóginos a entusiastas y sincronizados militantes norcoreanos en la coreografía inaugural de las Olimpíadas de Pekín. Con un poco de toqueteo y franela en las patas, la cigarra solista y violinera se afilia a un enjambre trillonario y aparece un megabicho que salta y vuela como un solo hombre, y devora tanto como una división aerotransportada de 5.000 infantes de marina. Pepe Grillo se vuelve la 82nd Airborne Brigade. Esto, a propósito de los frotamientos de piernas y muslos, y al margen de los motivos y las intenciones porque a la Glándula Secreta los motivos no le importan. Si me sobas, yo secreto. Y punto.

El que le vendió la Ural en Fianarantsoa le había explicado, en confianza, que el sidecar, con pasajero y equipaje, se lo había arrancado un camión, de frente, en una curva ciega de cornisa estrecha. Aclaró que no lo reemplazaron por falta de repuestos y, sobre todo, para no volver a tentar la desgracia, de modo que ahora  podía viajar tranquilo y disfrutarla sin temor.

Ya empezaba a salir del río y la Imbatible no aflojaba. La molestia son las piedras redondas que arrastra la corriente. Una de esas lo golpeó, desprevenido, y lo dejó torcido, con mala leche. Aguantó el peso y aceleró, pero no pudo enderezarse. El golpe fue sobre la misma rodilla de esa noche en la Guajira. Hubo algo de sangre. Algo se le clavó en el muslo. Tragó agua hasta que los muchachos le quitaron parte del peso de encima y, a carcajadas, le ayudaron a salir empujado hasta la rampa de lodo por donde trepó, coleando sobre llantas hinchadas como morcillas, lisas, salpicando barro por la entrada del pueblo. La Ural seguía encendida, como si toda el agua que había tragado la tuviera sin cuidado. Con los muchachos desnudos ayudando a que no se quedara pegado, llegó hasta la casa de los curas. El Padre Cayetano lo esperaba. Estaba encendido el radio de onda carta y Radio France se identificaba con cuatro notas de la Marsellesa, Allons enfants

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Morsa y Bobina – Taller de los Recuerdos – WebPix 123rf – FotoCompo Gino Lofredo (2009)
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Cayetano ordenó al mayor de los muchachos que se cubriera y fuese a buscar a Eugenia. Va. Va. Vite, vite. Le quitaron las botas llenas de agua lodosa. Notó que su cuerpo olía como el de los que lo rodeaban. Se estaba aclimatando. Estaba tratando de aguantar el dolor y salirse de los pantalones, cuando llegó la Hermana Eugenia con una novicia del país. Le dijo que se quedara quieto y echó al gentío del sitio, con un fuera todos, carajo, y una mirada que barría hasta los malos pensamientos.

La Hermana Eugenia calzó unas tijeras filosas por la bocamanga y cortó el pantalón, siguiendo la costura: usted tranquilo que eso lo arreglamos luego. Tenía un acento dulce y firme. Al descubrir la pierna, le dio escalofrío, aunque el calor no calmaba. Humedad espesa. ¿De dónde es usted, Hermana? De Yarumal, contestó, como si hubiera dicho Barcelona o Chicago. Yarumal, Antioquia, Colombia. ¿Conoce?

Claro que sí conozco, Hermana. Si estuve allí hace unos diez días. Pregunté por usted en el convento. Me dijeron que se había encerrado y no hablaba con nadie. ¿Oiga, usted está loco? Cómo voy a estar en Yarumal, si estamos en Manakara, Madagascar, Océano Índico. Aerolíneas Providencia. Hermanas Misioneras de Santa Teresita.

El remedio para todos los males: le dan de beber de una taza una poción de hierbas maceradas en alcohol tan puro que podría explotar con una mirada sugestiva de Ercilia o de la Hermana Eugenia. Igual de explosivas. Siente un cosquilleo como de arena en las nalgas. Un nuevo amanecer en la entrepierna. Cristiano amanecer, se entiende.

¿No me cree, Hermana? Le digo que sí, estuve en Yarumal, Ercilia. ¿Para qué le voy a mentir? Y además lo tenemos escrito y leído. ¿No lo recuerda, Hermana? Sale el pantalón y hay un enjuague tibio de la pierna golpeada, una caricia casi, un tanteo buscando algo roto y, en cambio, haciendo asomar la serpiente del carnal conocimiento.

Amor, no soy tu hermana y de monja tengo lo de fábrica y bien disfrutado. Quietito corazón. Relájese, que yo me encargo. Vea cómo se despierta el bebé. ¡Qué bello, como sonríe! Ay, es que me da gana de darle un besito. ¡Ya sé! Juguemos al Taller de Capacitación. Le voy a explicar a usted cómo es lo del Debido Proceso. Una demostración in situ, acá mismo, donde decidió recostarse un rato su Africana.

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Dra. Ercilia Maberek – Death Valley – Tésis Cum Laude “Debido Proceso” – FotoWorks – Gino Lofredo (2009)

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Como está oscuro no se nota, pero el Reta se ha ruborizado, está colorado y se ríe, sin ruido, porque asume que Ingrid y Pablo están cerca y que también deben estar en otra capacitación in situ sobre Geología y Seguridad Industrial.

¡Ay, vea! pero si resultó que escondía la Titanoboa Cerrejonensis! Al Reta no lo deja mover. Lo tiene acostado de espaldas sobre una cobija de colores tan encendidos que le hacen pensar que el triple destilado alcohol de hierbas que le hizo tomar el Doctor Freewind tiene que haber encendido la caldera. Paso redoblado en la Glándula Secreta. Le pega un soplo de sinestesia y la cobija de colores suena como si estuviese tendida sobre exhalaciones de acordeón y brotes de jazmín en celo.

Hermana, la cremallera, con cariño. En Yarumal, las chicas del convento no usan chaquetillas de cuero como la que usted se está quitando. Forro de seda negra contra piel rosada. Redonda Firmeza de Senos Justicieros. ¡Madre! Decídete Papi. Doctora. Hermana. ¿Y ahora Madre? ¿Me vas a seguir ascendiendo? Alguna vez el Reta fue de Alto Rendimiento. Antes de que se inventara el término.  Asombra que todavía responda el montaje, que zumben las válvulas, que no pistonee en baja.

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Misioneros Moto enteroMisioneros presbiterianos – Cameroun 1920 – Transparencia Cristal Retoque Manual de Color  – sunnybrook100

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¿Ha estado usted alguna vez en la sala de máquinas de un buque a vapor más o menos serio? No claro que no. Impresionante los pistones, las bielas, los cojinetes, el aceite hecho leche por el calor y la fricción. La limpieza y la energía. El calor. Sudor. Ritmo. El balanceo de fondo. La marejada invisible. Baja la proa, asoma la hélice y suben las revoluciones. Saca la punta y hunde la popa. Vuelve la resistencia y cada pieza empuja. Bueyes de acero.

Él la ve como si le flotara encima y se acercara. Como cuando transbordador y estación espacial se aprestan al acople. Cámara lenta. El Danubio Azul. A contraluz del firmamento. Óleo Virgine d´Oliva Purísima. Contacto y quietos. El beso en la puerta de la eternidad. La Justicia provoca, no cede, se mantiene, espera. El juicio se prolonga. Seguridad chequea documentos. Compara Foto en Cédula con Cíclope Pulsante. Su Perversa Señoría disfruta las Torturas del Zaguán. Ovulo Amor. Ovulo. ¿Ah? Oficial de Guardia consulta Estado Mayor. Mejor. Ovula no más. Ovulá que Dios provee. Pan abajo del brazo. ¿Qué sé yo?

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Pistoneo Clásico – 123f Photo – Gino Lofredo (Junio 2009)

El Reta busca distracción para evitar un Zeppelin Derrame de Lácteos ante el Portal de la Galaxia. Algo penoso. Holocausto en Rwanda. Llamas de Fósforo sobre Piel Palestina. Hambre Infantil en Haití. Duele pero calma. No seas bruto, Reta. Evita el grotesco. Guglea “Autogol elimina Selección”. Maradona colapsa. Adiós Sudáfrica. Luto Nacional.

La Monja en Haití era pelirroja. Blusa celeste y jeans. Brasilera y Bahiense. Vacunaba niños con un marine paramédico que después de ver incinerar Babilonios se hizo monje misionero. ¡Doctora! Después de cada ronda de vacunas y antibióticos…  ¡Su Señoría! Se iban a echar un polvo a la sombra, en el balde de la camioneta: Hermana, Hermano. Eugenia, Ercilia, Elena…

Si creemos en la Providencia, debemos confiar en la Providencia. Al Hermano de Infantería siempre le colgaba del cuello la chapita de bronce: nombre y números para sacar cuentas y enfundar los desechos de carnicería. Devolución con bandera y carta de condolencias para parientes uterinos. Despacio, Madre, que no se trata de llegar primero sino de saber…

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Telsa’s Experimental Libido – Photo Composition 1899 – NYT Photo

Tenemos penetración Houston. Repito, Tenemos Pene… Cambio. ¡Madre de Dios! Penetración exitosa. Cambio. Ese sí me gusta Papi… ¡Madre de Dios! Cunde el júbilo Houston! Así Papi… Asíiii iii … Cunde Todo Houston… Cunde el Cambio Houston… Cambio Cunde y Fuera! Aleluya Ahhh lleluuh Yáhhh ¡ ¿Yahvé? No querida, Aparicio no más. Y siendo así un solo cuerpo por un rato cada cual soñó con lo que tenía soñar. A él lo visitó un ángel que le explicó sin dejar lugar a dudas cómo y por qué el mundo y las cosas son como son porque no pudieron haber sido de otro modo ni de mejor manera. Un modo de ver en armonía con el alcohol de hierbas y el acople exitoso.

Ercilia pensaba más de lo que soñaba, resultó sorprendente el veterano. Suena el celular de Ingrid y se escucha un Sí, otro Sí, y un Suerte. Sigue acostada sobre el Reta, que sueña con los angelitos. Calzan bien los cuerpos. Suena otro timbre de celular con el tema de Misión Imposible. Pablo contesta con un “Todo bien, gracias ¿y usted?” y luego: Correcto. Sí. No. De acuerdo. Listo.

Notable lo bien que suenan esos acordeones ahora que, con los motores apagados, se aprecia mejor el sabor del silencio. Escalas, acordes, saltos y lamentos. Son dos y se turnan. Es una pulla. Un duelo. Se respetan. Se conocen. Conversan, bromean, se burlan, pelean. Todos se divierten.

Ande, cántelo sin miedo, que no muerde. Hale que le sigo, compañero. Pausa y firuletes a dúo. “Sí, mi amor, yo sí, en ti creo. Y no me mientas, Padre. Que todo puedes. Sí. El cielo creaste y la tierra y hasta lo que ven los ciegos creaste… ¡Ayombe!  No pues, compadre. Siga. Siga. En un solo Señor… Capaz que al revés que no se entiende, es más fácil… Por mi culpa padeciste y te clavaron… ¡Muchacho! Eso sí levanta al muerto, eahhh! Lo de venir a juzgar no. Que vaya a juzgar a su abuela. Pero termina bien, eso sí: el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén Compadre, Amén. Vea probemos con el Padre Nuestro que es más fácil. Es que el otro es más lindo. Me gusta más, vea: el pan nuestro de cada día dánoslo hoy y perdona nuestras ofensas como nosotros… bueno deje nomás que nosotros ahí vemos si perdonamos o de una vez nos fajamos y al carajo. Eso de ‘al revés’ es pendejada: Erdap ortseun, euq satse ne sol soleic… ¿Joder, a quién se le ocurre?

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Semana Santa – The Sopranos are Coming to Town – Alangasí – Foto M. Aveiga/G. Lofredo (2009)

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Fue en medio de tanta blasfemia que ocurrieron, en el mismo segundo, las tres explosiones en secuencia. Le siguió un chillido largo, como si estuvieran mal matando un centenar de chanchos. Chillidos de hierro contra hierro. Retorciéndose. Parecía que sucedía muy cerca. Sordos los cantantes y mudos los acordeones. Huyeron espantados los angelitos del optimismo. La tierra tembló con tanto vigor, que Ercilia creyó que eran réplicas del sacudón profundo del encuentro espacial de antes. Alerta Roja. En unos instantes están forrados, vestidos y calzados. El Reta ignora cómo sucedió, pero no siente dolor ni cansancio. Al contrario, tiene una energía y un entusiasmo que no saborea desde la toma de la Embajada en Saigón, el primero de mayo de 1975. Hace precisamente treinta y cuatro años.

Pablo se mete a campo traviesa como si conociera el atajo. Llegan al terraplén y trepan de frente por el ripio y sin derrape. Breve despegue y asfalto. A poco más de un kilómetro está descarrilado y retorcido el Hombre de la Carga. Llegan las camionetas, los bicitaxis, los de seguridad. El Reta no se despega de la Freewind. Ingrid saca fotos con el celular. Monta erguida, alerta, prendida al asiento como un animal. Los cuatro motociclistas se creen intocables y anónimos dentro de sus cascos. Invisibles. El Reta, ágil en la maniobra, feliz con el inolvidable polvo que le deparó esa noche el Pijao de Oro. La vida es bella. Carbón al pueblo. Lástima que reventaron el tren. Dicen que no hubo víctimas. ¿Por qué no se cargaron a unos cuantos hijos de puta y dejaron al Hombre de la Carga haciendo lo suyo? Son tan bellos los trenes. Siempre fueron. Siempre serán.

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Un padre nuestro latinoamericano

Padre nuestro que estás en los cielos
con las golondrinas y los misiles
quiero que vuelvas antes de que olvides
cómo se llega al sur de Río Grande

Padre nuestro que estás en el exilio
casi nunca te acuerdas de los míos
de todos modos donde quieras que estés
santificado sea tu nombre
no quienes santifican en tu nombre
cerrando un ojo para no ver las uñas
sucias de la miseria

en agosto de mil novecientos sesenta
ya no sirve pedirte
venga a nos el tu reino
porque tu reino también está aquí abajo
metido en los rencores y en el miedo
en las vacilaciones y en la mugre
en la desilusión y en la modorra
en esta ansia de verte pese a todo

cuando hablaste del rico
la aguja y el camello
y te votamos todos
por unanimidad para la Gloria
también alzó su mano el indio silencioso
que te respetaba pero se resistía
a pensar hágase tu voluntad

sin embargo una vez cada tanto
tu voluntad se mezcla con la mía
la domina
la enciende
la duplica
más arduo es conocer cuál es mi voluntad
cuándo creo de veras lo que digo creer

así en tu omnipresencia como en mi soledad
así en la tierra como en el cielo
siempre
estaré más seguro de la tierra que piso
que del cielo intratable que me ignora

pero quién sabe
no voy a decidir
que tu poder se haga o se deshaga
tu voluntad igual se está haciendo en el viento
en el Ande de nieve
en el pájaro que fecunda a su pájara
en los cancilleres que murmuran yes sir
en cada mano que se convierte en
claro no estoy seguro si me gusta el estilo
que tu voluntad elige para hacerse
lo digo con irreverencia y gratitud
dos emblemas que pronto serán la misma cosa
lo digo sobre todo pensando en el pan nuestro
de cada día y de cada pedacito de día

ayer nos lo quitaste
dánosle hoy
o al menos el derecho de darnos nuestro pan
no sólo el que era símbolo de Algo
sino el de miga y cáscara
el pan nuestro
ya que nos quedan pocas esperanzas y deudas
perdónanos si puedes nuestras deudas
pero no nos perdones la esperanza
no nos perdones nunca nuestros créditos

a más tardar mañana
saldremos a cobrar a los fallutos
tangibles y sonrientes forajidos
a los que tienen garras para el arpa
y un panamericano temblor con que se enjugan
la última escupida que cuelga de su rostro

poco importa que nuestros acreedores perdonen
así como nosotros
una vez
por error
perdonamos a nuestros deudores

todavía
nos deben como un siglo
de insomnios y garrote
como tres mil kilómetros de injurias
como veinte medallas a Somoza
como una sola Guatemala muerta

no nos dejes caer en la tentación
de olvidar o vender este pasado
o arrendar una sola hectárea de su olvido
ahora que es la hora de saber quiénes somos
y han de cruzar el río
el dólar y su amor contrarrembolso
arráncanos del alma el último mendigo
y líbranos de todo mal de conciencia
amén.

Mario Benedetti nació el 14 de septiembre de 1920 en Paso de los Toros, Uruguay. Falleció a la edad de 88 años, el 17 de Mayo de 2009. Fue hijo de Brenno Benedetti y Matilde Farugia, quienes lo bautizaron con cinco nombres, siguiendo sus costumbres italianas.

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AeroDominicano Camino a Pedernales – Foto JFanals – Agosto 2005

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Yipao VAVAVAVAFestival de los Yipaos – (2007)

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Que el amor es amistad
Que una amiga amor inspira
Sobre todo se se admira
Con toda sinceridad
Colombia, hermosa es tu música vallenata
Colombia, folclor orgullo de mi linda patria.
Orgullosamente, queremos cantar
y a pueblos hermanos poderles llevar
mensaje de vida, de amor y de paz
con música nuestra, nuestra de verdad.
Y así cantando con amor
música que alivia el dolor,
que viva la felicidad
que acabe el odio y el rencor.
Un himno de amor, es Colombia…
un canto de amor, es Colombia…

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You Talking To Me? bw

US Forward Deployment Air Bases in Colombia – Obama/Clinton/Gates/Uribe
Gino Lofredo – September 11, 2009

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