El Mago de Palmira

por lofredo

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GAsiina tubo explosion nigeria

Chupando Fuego del Gasoducto en Nigeria – Foto Akintunlende Akinleye

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A la vuelta de un promontorio alfileteado de cruces apareció Palmira cuando se encendía por partes el alumbrado público y la gente se alistaba para la noche del  sábado, perfumado de farra y de hambre. El Reta piensa que las noches sabatinas fueron siempre especiales porque preceden la mañana del Domingo que puede ser peor o mejor según el número que haya salido en la lotería, como corresponde.

Estaba cubierto de polvo. Su barba había cuajado en un castaño sucio. Ojeras de cine mudo. Recorrió el centro siguiendo el tráfico curioso. Furiosa actividad en los comercios. Tres iglesias con guardianías mendicantes. Telas en venta. Coloridos diques de sedosos y aromáticos rollos textiles. El humo excitante de las carnes chorreando sobre el carbón encendido. Se oyen los primeros síntomas de lo que se beberá en las próximas 24 horas. Buses cargados traen un gentío y se llevan otro.  Hoteles sin habitaciones disponibles y zumbido de enjambre en las cabinas telefónicas. Punto de encuentro en cada barrio de cada ciudad, centro donde, por unos instantes, la imaginación adobada con deseo, fe y angustia derrota la desilusión de la distancia.

Mientras el Reta se quita lo que en la ciudad le sobra se va metiendo en lo que sucede delante, como en un escenario, dentro y fuera del locutorio de Palmira. Un ombligo de telepatía desde donde El Mago de los Móviles hace que cualquiera hable con quien necesite escuchar, en cualquier parte, vivo o muerto.

Atiende todo lo que sucede en las Cabinas Tigo Fijo  que quedan sobre la principal a cuadra y media del Cementerio. Cuando Retaguardia se detiene frente al negocio El Mago sonríe mientras fotocopia documentos válidos y ficticios con un desinterés por el contenido que disfraza una memoria fotográfica infalible. Tiene puesto un chaleco con una docena de bolsillos y en cada uno un celular identificable por su tintineo y por un número del 1 al 10 pegado con cinta adhesiva en el reverso. El Mago enganchado a todas las redes disponibles. En un aparto pone llamadas a Barcelona y a Bogotá, en otro a Génova y Cúcuta. Por otro color frutilla entra una llamada para la señora Zulema. El Mago: Zulemita, mi amor. Para Usted, ya sabe. Zulema se lleva afuera el celular y habla emocionada desde la vereda. Los peatones circunvalan sin queja ni molestias. Son varias las mujeres que caminan, gesticulan y hablan solas frente a las Cabinas Tigo Fijo. Son intercambios cargados. No son llamadas para preguntar qué están mostrando en el Cinemax o si ya dejó de llover en la costa.

El Mago trata de Amor a todas las mujeres desde la más niñas hasta la más bisabuela y lo hace con tal ternura y tácita confianza que uno puede pensar que realmente las quiere a todas por igual. No tan por igual, es cierto. Hay distinciones en el tono y las miradas. Está el Amor amistoso y discreto, hay otro que suena como “Amorcito, pásale esto a tu Mamá”. Hay uno que suele venir con un Mi adelante y contacto de ojos, un “Mi Amor” que deja la puerta entornada y espera. En todo caso, exuda amores creíbles, pasados, posibles. No hay nada trivial en lo que se dice o se calla a través de los celulares de las Cabinas del Mago.

En cada llamada parece jugarse la vida de alguien o se pudiera evitar una catástrofe o evitarla si nadie contestara. Pocas veces la tensión está en las  palabras. Se nota el valor de lo apostado en los gestos cortos y en los cambios de amperaje en las miradas desenfocadas a media distancia entre la gente que va y viene por la vereda frente al locutorio del Mago. Son en realidad los rostros enteros que pautan la interpretación de lo que se dicen en la soledad del espacio entre la Africana estacionada y la atención respetuosa del Mago en su oficina iluminada de blanco y llena de esperas, necesidades, angustias y ocasionales alegrías.

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Zapata celular extractoJaime Zapata (2005) Detalle con Desplazamiento de Tonos: exploración del cuerpo, a través de  Satangos, extrapolados de Huilo Ruales; tangueros literarios que fueron punto de arranque de la serie que Zapata empezó hace más de diez años y que ahora incorpora las prótesis como el celular

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El Mago tiene una memoria especial para los números telefónicos. Alguien nombra una ciudad y suelta un montón de dígitos al vuelo mientras él los teclea en alguno de los aparatitos de tal o cual bolsillo, color y número. Si al rato hay que repetirlo porque del otro lado no contestaron o uno se olvidó de pasar un dato esencial en la primera vuelta, El Mago lo recompone, lo redigita de memoria sin recurrir a lo que quedó grabado en el dispositivo. Sobre su diminuto escritorio hay relojes con segunderos para medir el tiempo de cada charla y una calculadora de almacén, una Casio gris con las teclas gastadas y los números borrados; y tiene hasta un fax Panasonic con línea fija de esos que pronto tendrán edad para votar y siguen dale que dale. En un cajón guarda las monedas y los billetes; y en otro una madera blanca tachonada con nombres, números y ciudades de todas partes.

A los hombres no les dice Amor sino que los viste con títulos profesionales,  amistosos, respetuosos, gentiles, apelativos formales, o prefijos que no comprometen, variantes de señor, caballero, joven o vecino aunque viviese en Sidney o Atlanta.  No usa nombres ni apellidos aunque uno intuye que El Mago casi siempre los conoce, pero los calla por discreción, porque no siempre todas y todos los presentes son de los que no se meten en los asuntos del prójimo, sino que justamente merodean por esas cabinas todo propósito husmeando los asuntos ajenos y casi siempre por cuestiones urticarias que al rascarse sangran.

Y para personas especiales como resultó Retaguardia, el Mago se reserva frases como de lealtad, tonos y gestos como cuando ángeles o golondrinas se encuentran de paseo en inesperada coincidencia.  Conversan sin prisa ni afán.

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Honda Flamenca Espera – Anónima

El Mago le cuenta que había sido desde joven un ciclista de largo aliento, cuestión que en los Andes en general y en Colombia en particular es un asunto serio, tan serio como apostar la vida por la paz, la guerra, la justicia, la concentración de la riqueza, o la distribución de la honestidad, o por algún otro triunvirato combinatorio similarmente improbable. El Mago da sus señas a Retaguardia. Son nombres y apellidos cuya legitimidad nadie tiene razones para cuestionar: José Luis Lozano para servirle. No hace muchos años José Luis compitió e hizo metas y cumbres en vueltas ciclísticas andinas: Bucaramanga, páramos helados, Ibarra, Cuenca, desiertos por Tumbes, selva de lagos agrios y putumayos, valles sagrados del Cuzco y playas: pedaleos sacros que sería impensable mencionar sin justo derecho o sin la modestia de rigor, a menos que se tratara de mitomanía que en este caso sería superflua con tanta realidad disponible al alcance de la lengua por decir así.

Sabe Don Retaguardia que su voz se parece mucho a la de mi hermano el mayor. Un poco ronca y a la vez aflautada por momentos, como la de un adolescente al que no se le termina de poner gruesa y aún no se afeita. Sí. La voz se parece a la de Tomás Cumplido Lozano Pastrana, el hijo mayor de mi Mami.

Retaguardia pensó en los ciclistas con quien compartió penurias y epifanías, recordó a cada uno de un solo plumazo neuronal: desde los que empujan pedal rumbo al trabajo en una mañana helada en punta Arenas, hasta los que trepan cordillera con tanto ritmo analgésico como si arriba les esperara Dios Padre con café con leche, huevos perico, tocineta crocante y tostadas con mermelada. Dios sabe lo que hace por eso ama a los ciclistas más que a los motociclistas, por lo menos aquellos de la subcultura a la que pertenecen el Retaguardia y unos pocos amigos dispersos.

Y a usted Don Reta, ¿con quién quiere que lo comunique? Lleva acá un buen rato mirando. No sé si espera que lo atienda o sólo está de visita. ¿A quién le gustaría decirle que está bien y que cómo andan por allá? Usted cánteme la ciudad y ahí se la consigo y por ser motocilista será con descuento especial. Dígame el número si lo recuerda y sino el nombre que consigo el resto ahí no más, verá que lo encontramos.

Al Reta le pareció una muy buena pregunta: una excelente pregunta – acá inserte el nombre del periodista o entrevistador – la muletilla de moda entre los entrevistados en pantalla o por radio cuando no tienen la más reputa idea de lo que le están preguntando y segundos antes los presentaron como expertos analistas del tema en cuestión. Una excelente pregunta dice Aparicio en voz alta. Reflexiona a ver quién se le ocurre.

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Mago Celular Botero

La Quimera de los Celulares – Medellín – Antioquia – Foto Gino Lofredo (Junio 2009)

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El Mago atiende a tres clientas recién llegadas y a dos muchachos con cara de gaseosa en estómago vacío. Los conoce. Recuerda sus números pero se los hace recitar. Busca en varias redes y conecta al primero. Luego los otros dos entran juntos.

¿Con quién te gustaría conversar unos instantes Aparicio? Alguien que se alegrara de escuchar tu voz. Alguien que la recuerdase por lo menos. A quien lo le deba plata ni favores. Una excelente pregunta la del Mago de los Celulares. Mejor seguir pensando bien de los ciclistas y sus primos motorizados en dos ruedas porque la lista — que fue larga en otros tiempos – esa noche de viernes en Palmira es corta e inaccesible como si en un descuido se hubiese borrado para siempre.

Ciclistas por doquier. Aparicio ama a los mensajeros urbanos que esquivan ciegos a los autos, a las parejas nórdicas con infantes rubios que se deslizan bajo las estrellas por el desierto que jamás sintió la lluvia rumbo a los glaciares del sur; ama las fundas de testosterona que con casco y rodilleras saltan y vuelan por trochas intransitadas por humanos racionales como rocas expulsadas de la panza del planeta;  y Dios debe amar también (aunque con cierto recelo) a los que compiten obsesivamente en la vueltas de Francia o la de Colombia: los ama aunque pedaleen chorreando esteroides, transfusiones de sangre supraoxigenada, o cócteles de anfetaminas disueltas en Gatorade, Dr. Pepper, o Red Bull.

El Mago se desocupa y entiende que no hay a quien llamar en nombre de Aparicio y retoma el tema del parecido de la voz con la de su hermano Tomás Cumplido. Igualito el tono y el acento medio que no se sabe de qué parte del sur pero que del sur es sin la menor duda.

Al Mago se le enciende el rostro como si la travesura que se le acaba de ocurrir tuviera tan buenas perspectivas de salir bien y endulzarle el café a varios que aprecian esas cosas que no se puede dejar pasar.

Escúcheme bien Don Aparicio. Usted con esa voz de Tomás Cumplido nos va a hacer disfrutar esta velada. Vamos a llamar a mi Señora Mami que a esta hora debe haber terminado sus pastelitos de membrillo con agua de toronjil y Usted la saludará como que si fuera Tomás Cumplido. Ella le reconocerá la voz antes que termine de decir Buenas Noches Madre. No me cree pero se lo prometo y le apostaría si no fuera que le estaría robando sus centavitos.

¿Y qué le digo a su Señora Madre? Soy muy tímido como puede ver. Improvise Don Aparicio. Improvise. Hable de lo que quiera. Háblele de su moto. Del camino. De la sopa de gallina que se va a tomar dentro de un rato. Dígale que Colombia está más bella que nunca. Dígale lo que quiera que su voz le hará lagrimear de ilusiones.

¿Y su hermano qué? Él es un hombre ocupado. Viaja mucho.  Se le complica llamar a la Mami y ella lo extraña claro. Porque es a él al que siempre quiso más de todos. Para Tomás Cumplido siempre hubo doble ración de lo que se ofreciera.

¿Y Usted José Luis habla con su Mami con frecuencia? Pues ¿cómo no? Claro que sí. No sólo por teléfono. Le llevo lo que necesita. Por eso no se preocupe que está bien cuidada. Pero no es lo mismo. ¿Qué dice? ¿Se anima?

¿Cómo puede negarse? El Reta sonríe y asiente con un rubor colorado que en él se nota en la expresión de los ojos más que en la piel del rostro cubierta como está de barba blanca en pleno revoltijo.

El Mago digita el número en el mejor de los celulares disponibles y deja timbrar. Tiene la mirada pegada a los ojos del Reta. Una sonrisa traviesa. Póngame con la Sra. Lozano de parte del hijo. Sí, del hijo… ¿Que de cuál? Y a Usted qué le importa de cuál. ¡Póngala y a lo suyo!

Ahí viene. ¿Listo? ¿Aló Madre? – dice Aparicio – y se siente una mentira digitalizada. ¿Aló Madre? Sí. Sí. Su hijo le saluda con mil disculpas y todo el cariño de siempre… ¿Me escucha? Cómo no te voy a escuchar Tomás Cumplido si es como si estuvieras acá mismo al lado mío…  Sí madre. Así me siento Madre: a su lado ¡como en los mejores días! Aparicio se pone serio. Busca la mirada del Mago.

Su Madre llora de alegría y tristeza. Feliz por la llamada. Triste por la distancia. El Mago asiente con la cabeza.  A él también le brillan los ojos. Hace seña que vaya cerrando y se despida. Aparicio sigue su dirección. Sepa Madre que le quiero tantísimo y la extraño como no se imagina. Le mando un beso. Le abrazo con todo el cariño Madre… Sí Madre. Adiós. No se preocupe. ¿Bendición Madre? Me cuido claro que me cuido. Bendición Madre. Al Reta se le escapan un par de lagrimones  Reserva Añeja

Dios solamente no ama  a ciertos ciclistas muy particulares: los que arrancan carteras a señoras mayores por la vereda y los que meten el pedal entre los rayos delanteros del que quieren sacar de una competencia, o cuando van en equipo y hay uno o varios que se dedican a eso precisamente, a cerrarle el paso a los que pueden adelantarse al puntero, a veces a empujones, a veces buscando bajarles la moral con puteadas y amenazas de muerte a sus descendientes,  a esos, que en realidad no son o no merecen llamarse ciclistas, a esos Dios no los quiere.  Suficiente.

¿Y qué es de su hermano Tomas Cumplido? El Mago de los Móviles saca el vuelto sencillo y saluda a una doncella con el Amorcito respetuoso. Tomás cumplió con lo que tenía que hacer. Un hombre trabajador. Después le dio la gripe que no perdona. Ahora Don Aparicio Usted se va a acomodar en el hotel de mi compadre y después de un buen baño caliente, el sobado para aflojarlo, unas carnitas asadas y verá que descansa como un angel venido del cielo en Cosmotaxi.

Junio 17 – 10AM – 2463La Magia de los Celulares Karatea con la Soledad –  Refacciones Daniel Lofredo – June (2009)

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