8. Inolvidable Portete Bahía

por lofredo

Versión Digital:
Versión Impresa:

Desfile Festival Francisco el hombre - Riohacha - Guajira - foto Camilo Rozo

+++

El atardecer es largo y variado cuando se lo ve desde el cajón de una camioneta que traza en el desierto un dibujo que desorienta y reordena el pensamiento. Ingrid está sentada hacia el lado izquierdo, sobre un balde rojo volteado bocabajo. Apoya la espalda contra el vidrio de la cabina, la mano y el antebrazo sobre el costado, los pies descalzos sobre el piso de alquitrán junto a la rueda reventada de la Africana. Por una improbable geometría el Reta ve el rostro parcial de Ingrid en el retrovisor derecho de la moto, y ella el lado izquierdo del suyo.

Su piel mezcla bronce con café pero la luz rojiza y encendida de amarillos cambiantes hace que el rostro de la niña se encienda de tal modo que ilumina el camino con destellos de fósforo blanco.

Adquiere este Libro en:

En el espejo redondo la imagen del Reta es la de un muchacho anciano: media sonrisa permanente, barba blanca y revuelta, pómulo marcado por el sol, ojeras de piel floja debajo de cada párpado, capilares a flor de piel, irritados de aridez y ruta, la mirada verde e inquieta fijando detalles en un cactos en flor, la media luna de un médano, las quebradas llenas de agua imaginaria.

Es la niña la que habla primero: ¿Sabes que soy más vieja que tú no? Sí. Me lo imaginaba, dice el Reta siguiéndole la corriente. Yo acá jugaba a las escondidas cuando esto estaba en el fondo del mar. Era muy divertido y no necesitábamos untarnos la cara con ceniza negra para protegernos del sol. ¿Y en aquella época había bicicletas? No te hagas, las bicicletas no funcionan bajo el agua y además se oxidan.

Dibujadas como sombras contra el crepúsculo aparecen y desaparecen algunas casas separadas entre si por distancias calculadas y prudentes para que los animales pasten sin molestarse, en el desierto al final de senderos que la camioneta recorre como descartando opciones en un laberinto descifrado en cada recorrido. Restos de paredes de bahareque y barro apelmazado. Techos resquebrajados apoyados en la espesa densidad del vacío. En una curva el camino entra en un playón amplio y plano, atravesado por un remolino de viento y polvo.

Ingrid: “Cuando se fue el mar nos encontrábamos para jugar y nos despedíamos cuando había que volver a casa o viajar para no volver. Más tarde inventamos el chivo, la canasta de colores y el carbón para dibujar y mandar estrellas al cielo”.

En la cabina de la camioneta Isidro y Rosquillo hablan y ríen. Primero habla uno y cuando hace una pausa ambos sueltan la risa. Luego el otro habla, hace gestos, calla y sueltan la carcajada. No encienden aún los faros de la camioneta. La luz del crepúsculo parece no acabarse, es como las velas que los niños ven como columnas de mármol en las iglesias, las que arden siempre y nunca se consumen.

La trocha trepa un promontorio de arena hasta una terraza circular donde repentinamente asombra al Reta el vasto círculo blanco que dibuja Bahía Portete. Fosa de mar que alguna vez fue cráter y lanzó sulfuros, calcio y piedras en llamas. Lejos, hacia la izquierda del promontorio, en la punta oeste de Bahía Portete, se encienden en el crepúsculo, las luces de Puerto Bolívar. Dos trazos paralelos reflejan el cielo y marcan las ramas de rieles por el que llega hasta los muelles el Hombre de la Carga, los cien vagones del tren del carbón. Simultáneamente las cintas transportadoras sueltan la piedra negra en las bodegas abiertas y sin fondo. El flujo incesante desde el fondo de El Cerrejón hasta las cuevas flotantes de óxido de hierro. Empacho en curso con el aliento fétido del huevo muerto y descompuesto.

Bahía Portete está claramente destacada en su hoja de ruta. Están ahora en el sitio que buscó al salir del Cabo de la Vela esa mañana y no pudo encontrar en todo un día de dar vueltas en la Africana. El sitio perfecto para que descanse el navegante, comercie el comerciante, trafique el traficante, jueguen los infantes, salga el carbón del Cerrejón y paseen los turistas, en burbuja, camioneta, paquebote, bicicleta, a pie o en Africana. Bahía Portete Paraíso de moluscos disfrazados e incontables escondrijos en cuevas en las que alguna vez hubo perlas y sirenas.

playa-moto-choza
Cabo de la Vela – Africana y Pura Vida – Foto Gino Lofredo (2007)

Ingrid, explícame: ¿Dónde está Puerto Portete? El pueblo digo. Las rancherías. Portete el pueblo alguna vez existió, dice Ingrid. ¿Cómo que existió? ¿Y esas casas? ¿Ahí abajo hacia la playa, el muelle, las lanchas?. Ingrid lo observa mirar la playa descampada, desnuda y espera. Sí Don Aparicio eso es Portete. Usted tiene razón. Yo le decía que está cambiado, ahora tiene más vida y también se ha hecho su fama. Casino y Discoteca. Festival danzante de Moluscos en Bikini.

Rosquillo gira alrededor de la terraza y se mete en una trocha escondida, bajando de curva en curva hacia el caserío que desde el mirador se veía habitado y con luces. Para allá vamos seguro. Allí nos darán lo que haga falta. ¿Hambre Don Aparicio? Más bien sed, Ingrid. Mucha sed. ¿Tendrán cerveza? Claro. Milagrosa maravilla una cerveza helada. Limonada para las niñas. Pescado, langosta, ostras. En Portete hay todo lo que se le ocurra imaginarse, Don Aparicio y hasta más ya verá: Ingrid, tono entre pícaro y perverso, prometedor y amenazante.

Lo cierto es que al fin Portete resultó más poblado y acogedor, con más vida de lo insinuado por Isidro y Rosquillo, y las ironías de Ingrid. Dejamos atrás el cementerio y avanzamos entre las casas hasta un rancho bien techado y amplio como un comedor playero bien cuidado, abierto y esperando clientes. Realmente parecía que hubieran estado esperando, que sabían que puntualmente. El Reta tenía la pierna derecha adolorida y entumecida por la posición trabada contra el carenado.

Para bajar saltó apoyándose con la izquierda y compensó clavando el bastón en la arena. El cosquilleo concentrado en la pierna adormecida se difundió por todo el cuerpo y en unos instantes en que creyó que tendría que dejarse caer al suelo el hormigueo se hizo levedad y sintió el principio de un vigor que pareció llegarle con la brisa del mar.

Sentado en una silla baja estaba un hombre con los ojos tapados con gafas oscuras, con un vidrio roto, el sombrero de lado y el cayado de pastor en su mano derecha. A su lado sentado en el polvo un niño hace sonar un acordeón diminuto con tal habilidad que se vuelve un fuelle de adulto. El niño se agacha tanto sobre el teclado que lo toca casi con los pómulos.

El viejo habla: Son cuentos de cuando el fierro ardía; cuentos de la Costa Brava y del Camino de las Tropas. Una historia de ayer que apreciarán hasta los cerdos y que el destino no reproche que esta noche lleguen del Sur los recuerdos. Verán el visitante señor del camino y las canas: es la historia de dos hermanos Ipuana, hombres de amor y de guerra, bravos que ante el peligro primeros, sagaces cuchilleros que ahora tapa la tierra. Soberbia y codicia hacen perder al hombre y también el coraje envicia a quien lo menea noche y día.

portete-inolvidable

¡Sígueme Amor! – Portete Bahía – Fusión – Gino Lofredo

+++

El menor de los hermanos era el que más muertes debía. Cuando el mayor de los Ipuana vio que el otro lo aventajaba, por celos perdió paciencia y con sólo mentiras enredó la cabeza al hermano y lo mató de un machetazo allá por la Costa Brava. Sin pausa ni prisa cortó el cuerpo en trozos y lo fue tendiendo en los rieles para que el tren lo disipara. Las ruedas de hierro lo dejaron sin cara ni forma que es lo que el mayor quería. Nada quedó del menor que opaque la valentía de su hermano. Los rieles sí recuerdan y no olvidan cómo cruje la sangre y el hueso bajo el rodar del carbón. Los fierros dan cuenta fiel de la historia hasta el fin, historia que ya conocen, la de Caín matando a Abel a cada paso del tren.

Ingrid observa la expresión de Aparicio mientras escucha la historia. Él muy serio. Ella con una mueca burlona como si hubiera escuchado mil veces el cuento robado y disfrazado. Es el Caníbal de Portete, dice Ingrid. No se crea lo del palo torcido que el Caníbal no es de Palabra. Cuenta cuentos robados el Caníbal. Ése se lo chupó a un viejo de su tierra don Aparicio. ¿Sabía? Aparicio no tiene idea de lo que habla Ingrid. Pero como confía menos en la gente de su tierra que en los de otros lugares se le ocurre preguntarse de dónde se habrá robado las coplas ese aquel su presunto paisano porque de que robadas han de ser no le cabe duda alguna. “No maltrate Ingrid al maestro. Aprenda a ponerle sabor a lo prestado que de palabras somos todos carteristas.

Nachtwey Dope Big H double

Double Bang Big H Dope – Pakistan – PhotoClassics Nachtwey (2005)

+++

Yahveh no es Vegetariano. Irresistible el Sabor del Cordero asado a la Estaca. Yahveh y Mafalda coinciden en el rechazo militante de la sopa de verduras.  Abel no resiste la violencia de Cain no por Humildad y Mansedumbre sino porque el otro era más grande. Yahveh exilió a Cain a la tierra de Nod. El castigo consistía en tener que llevarse a toda la familia y jugar dominó con un Cuervo Negro  por los tiempos de los tiempos hasta que se acabasen las semillas saladas de calabaza.

CABO DE LA VELA oportunidades

La Guajira; Un cielo de Oportnidades – Foto J.C. Larrea (2007)

+++

HOJAS DE RUTAHojas de Ruta es una novela ilustrada de viajes y aventuras. Su autor Gino Lofredo ha logrado con sorprendente acierto, ironía y desopilante humor cruzar las fronteras entre géneros y construir un producto único. Hojas de Ruta tiene la potencia de un híbrido: fotos, mapas, ficción, hechos reales y voces ricas en individualidad que transcurren por conexiones temporales e inesperadas.

¿Quién es Aparicio Retaguardia? Un doble agente, un ingenuo reportero, un solitario motociclista jubilado, una versión senil de Tintín, o un Papá Noel que recorre América Latina sobre dos ruedas: Don Aparicio es todo ello, y a la vez, ninguno. Hojas de Ruta gira en torno al viaje que realiza este personaje tras aceptar una riesgosa misión, desde el sur equinoccial de Colombia hacia el desierto de La Guajira, hasta la frontera con Venezuela. En los distintos sitios de arribo, Aparicio tiene la sabiduría de un palabrero Wayuu y la ironía de un diablillo que hace autopsias en vivo a los engaños del mundo criollo. Solamente estos rasgos esquizoides permitirán transmitir con fidelidad enrevesada las facetas de un continente.

Hojas de Ruta sobrepone a la linealidad del viaje, las realidades paralelas de la memoria y las curvaturas del tiempo mostrando en Colombia algunos rostros de América Latina: violencia mercenaria, gente asombrosa y geografía imponente… Las aventuras de Don Aparicio evocan a la distancia a Kerouac, al Easy Rider de Dennis Hopper y Jack Nicholson y al filósofo de Zen y el Arte de la Mantención de la Motocicleta, pero desde una cuarta edad que no se resigna.

Índice1. Portal de las Estrellas
2. Cruz del Sur
3. El Desierto Protector
4. Pijao de Oro y Almanaques
5. El Mago de Palmira
6. Maicao: Testigos Presenciales
7. Pájaro Rengo
8. Inolvidable Portete Bahía
9. Fuga de Acordeones
10. Pase sin Compromiso
11. Mecánica Sócrates y Juventus Spa
12. My Favorite Things
13. Mandrágora, Almizcle y Sándalo
14. Santa Gaza de Palestina
15. Complícame la Trama, Baby
16. Cambio de Bases
17. Le Business Model del Secuestro
18. Trastienda de Arenas Betancourt
19. Fantasías de Medellín
20. Trastienda de Fangio
21. Fondo de Ojo, Confesión en Seco
22. El Almirante, las Perlas y el Fraile
23. Pueblo, Riel y Carbón
24. Cambia, Todo Cambia
25. Despiste de Madrugada
26. Piernas, Cintura y Arrastre
27. La Trastienda de Satanás
28. Acople, Credos y Padre Nuestros
29. El Triangular de Job
30. La Máscara Roja
31. Precisas Instrucciones
32. Rapsodia de Sísifo
33. El Gran Escape
34. Gasolina Express
Adquiere este Libro en:

Abel y Cain bajorelieve

Yahvé no es Vegetariano – Bajorelieve – G. Lofredo (2009)

Contáctenos a ginolofredo@gmail.com