10. Pase sin Compromiso

por lofredo

“Semillas de futuros inciertos, pequeños hombres y mujeres nacidos y criados en zonas de guerra” Desplazados G. Lofredo (2009)

De repente, un fino escalofrío recorre la columna de Aparicio Retaguardia, y las Almas en Pena ya no sólo son parte del espectáculo del malecón de Riohacha sino que están ahí, y las escucha.

Por lo pálido que se le ve, le deben haber estado hablando de sangres. ¿Es cierto o no es cierto? Es cierto, y cómo no vamos a hablar de sangre, si sangre es lo que sobra. Acá, allá y acullá. Hay sitios donde la sangre es más barata que el agua, ¿sabía? Pues sí. Es que siempre hay alguien dispuesto a hacer un carnaval de la guerra, ponerle música, desfile, parrillada, petardos buscapié.

Y si no los hay cuando se empieza, se siembra la idea, se suelta un Memegén —que no hay que confundir con el comején, aunque se parecen, porque no hay mosquitero que los pare ni repelente que los espante—. Mosquiteros y repelentes son un ejemplo, ¿no? Y Memegén es sólo el nombre de una ocurrencia contagiosa.

Cólera Morbus, Guanajuato, Mexico, 1833. Momificación resultante de prematuro entierro en fosas comunes de víctimas de la epidemia. La apariencia del paro cardiorespiratorio y la posterior momificación fueron vinculados durante las exhumaciones a la inusual abundancia de sustancias calcinantes y metales pesados hasta entonces desconocidos en las fosas comunes, y a las condiciones peculiares de oxigenación y humedad presentes en los días y semanas posteriores a los entierros sanitarios. Museo de las Momias Guanajuato, Mexico (2009)

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En esta tierra traviesa, el Memegén Paraquero es como las hormigas de culo colorado. Donde llegan se instalan y no hay cómo pararlas. En cuestión de guerras está todo inventado. El Memegén Paraquero ya está genéticamente modificado, mejorado, perfeccionado, por decirlo así. Lo debe tener debidamente patentado la Monsanto, esa de la semilla desechable, la tipo condón, un polvo y a comprar otro. Los de la Aspirina Johnson y Johnson. Todos enganchados en el negocio del Susto, que es una idea vieja que prende fácil porque funciona y, como cambia rápido, se adapta, y a lo que dejó de espantar ayer le pone algo nuevo, un poco más retorcido, más aggiornado como dicen ahora para darse caché.

Bicho pilas que pasa de mente en mente como musiquita pegajosa. Se multiplica como la picazón. La Macarena, ¿se acuerda? Un pasito acá, un pasito allá y se aprende fácil, y en un tres por cuatro usted tiene treinta millones de pendejos paracaneando para lo que ordene. Algo de cintura hay que tener de fábrica para menear la cadera con simpatía y disfrutar del cuchillo y la metralla. Pero el Memegén Paraquero es la clave. Cuando pega, todo el año es carnaval y la farra —además de ser por billete y papaya— se vuelve fábrica en gran escala, el Susto se vuelve commodities, como el carbón de El Cerrejón, que despacha Susto por kilómetro cúbico y a donde su clientela se lo pida. Porque, al final, el billete es papel pintado y la cosecha de papaya nunca se acaba. Con el Susto hay que estar atento. Sin Susto no se puede gobernar. Acá está escrito y bien clarito. Mi nieto, el menor, me lo bajó del internet.

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