12. My Favorite Things

por lofredo

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13:44 El Hombre de la Carga Cuatro Vías, Guajira G. Lofredo (2007)

Ese sería el día del carbón y los trenes. Calor seco. Remolinos de polvo minero. Olores diesel y ronroneo de marketing industrial. Los proyectos industriales atraen al Reta como los dinosaurios a los niños. La visita a El Cerrejón estaba prevista. Alguien se ocupó de obtener los permisos, adelantar los datos personales del interesado, conseguirle cupo en el tour de la tarde. Nadie anticipó que el interés personal del Reta por la ingeniería, la mecánica, y especialmente por los trenes terminaría enredándolo otra vez con el Jorge 40, el que, se dice, hizo que sucediera lo de Portete, el que terminó extraditado. ¿Qué puede vincular a un Jefe de las AUC Bloque Norte con una familia de poder de Alabama, y a los aspirantes a la Presidencia en el 2008, con el asesinato contratado de unos dirigentes sindicales del carbón en La Guajira? Paciencia: un día complicado.

Durante la visita a la mina se reencontró con la mujer que en Cabo de Vela le había dicho que era jueza y dictaba seminarios sobre el Debido Proceso Judicial. Una mujer muy atractiva, pelirroja y pecosa que dejó un tanto agitado al Reta esa noche guindado en el chinchorro. Apareció también la anunciada Ingrid, transformada ahora en una calificada geóloga de minas. La Africana, por su parte, atrajo la atención de un asesor de seguridad industrial de El Cerrejón, un hombre casi blanco nacido en una granja de maní cerca de Atlanta, en Georgia, medio siglo antes. Cuando se graduó de la secundaria se hizo voluntario en la campaña de Jimmy Carter y terminó en Washington de corre, ve y dile de un diputado bisoño. Un motociclista de pocas palabras y sonrisa constante que decía gustar de rodar moto en el desierto. Tanta convergencia. Mucha casualidad. Culpa de las motos.

Ocean Recovery Delirecek Deviant Arts (2009)

Bienvenido, caballero. Es el tren de las ocho. Pase sin pena. Es incómodo ser el primer comensal cuando el sitio no parece estar aún abierto al público. Hasta elegir mesa se complica. El mesero lee al cliente: solo, tímido, transparente. Es su casa y la mejor mesa. Aire fresco y sin bulla. La de la suerte para el tempranero que pronto estará con agradable compañía. El Reta busca en la mirada del mesero algo que le aclare el pronóstico y encuentra sólo la confianza cordial del que conoce su salsa. Tiene razón, el hombre: desde allí verá llegar a quien sea y podrá medir el interés de cada cual, y todo sin compromiso. Un timbre de picardía y la mirada franca le devuelven un soplo de ánimo a la noche despejada con cortesía.

Es el de las ocho. En La Guajira los trenes trabajan. No son reliquias. Están vivos a su manera, hacen lo suyo ignorando a la gente que los rodea, que no son pocos y que, cuando se les pregunta sobre lo que hacen, dicen que trabajan para el tren, para el Hombre de la Carga. También dicen que lo hacen para el carbón. Pero se refieren a la carga que lleva el tren. Los gestos que acompañan la referencia al carbón apuntan más al terraplén, a las rieles que cortan el asfalto o que cruzan sobre la ruta por los puentes de hierro negro. El tren puede ser un villano ladrón, pero se mueve, hace ruido, entra y sale de donde vive su gente, hace temblar el café en la taza, mece el foco que cuelga del techo, se deja sentir cuando pasa, y cuando se atrasa o se ausenta, todos preguntan qué habrá sucedido.

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