17) Le Business Model del Secuestro

por lofredo

No te Equivoques Cuatro Vías La Guajira G. Lofredo (2009)

Esto le contaron al Reta esa tarde, después de encontrar el aceite de linaza en el Mercado Nuevo: Van cuatro comerciantes que se cargan en lo que va del año. Abuela. Tías. Primos. Telas. Arroz. Aceite. A la señora Oneida la mataron porque no les pagó y porque arengó a los demás a que tampoco lo hicieran. Jubilada. Veinte años de bancaria. Puso la tienda y já. Al mediodía, cinco plomazos. El barranquillero que disparó no llegó a la esquina, lo faenaron y encendieron las llantas con kerosén. Lunes callado. Nada. Bajaron la cuota. Hubo disculpas. Todo tranquilo.

¿Francisco el Hombre habrá realmente derrotado al Maligno con lo del Credo al Revés? Cuando toque el turno lo cuento. Es importante, pero por ahora no podemos. Sea como sea, lo importante es lo cierto. No lo dude. Ahora, seguimos con el Reta y Ercilia Mebarak en el restaurante de su primo Américo. Él está en la gloria. Ella tiene el voltaje alto y habla mucho. Al Reta le gusta escuchar aunque no entienda todo lo que le dicen. Cuando escucha no tiene que hablar ni explicarse y eso le calma los temores. Sustos de niño, como todos los miedos.

Fernando Botero (Colombia -1932)Serie Abu Ghraib (2008) Donación del artista a la colección permanente del Berkeley Art Museum y del Pacific Film Archives

¿Hasta cuándo podrá seguir navegando con bandera bovina? ¿Reta será de Retaguardia o de Retardado? Admirad la ternura del retrasado y del tonto rodeado de tanta fiera criolla rugiendo empericada contra el conejito del tambor. El bobito indefenso llega menos golpeado al final de la tragedia. Mejor que siga así. A las mujeres les agrada sentirse fuertes. Más cultas, más sensibles, más informadas, más al día. Les despierta lo maternal y cuidan al vulnerable. Y a quién no le agradaría sentirse fuerte y sabio. Sólo el Reta opta cada vez con más convicción por la plácida tibieza de la idiotez, escuchar callado y pasear en moto.

Ercilia: Cuando me secuestraron tenía doce años y tetas de quince. Tuve suerte de que no fuera rapto ritual nativo, como dice vuestra merced. A papá le había ido bien en los negocios desde que llegó de Palestina. En veinte años juntó plata, poder y respeto. Lo querían tanto que daba miedo la envidia. Me sacaron por dinero y para poner en su sitio al Califa. No sabían en qué se metían. Enloqueció; por su hija, por mí.

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