12 de Octubre

por lofredo

El Día X

Weildler Guerra Curvelo

La cercanía del 12 de octubre despierta recurrentemente en los países hispanoamericanos emociones intensas y encontradas. Algunos exaltan la herencia hispánica, la riqueza de la lengua española y las instituciones castellanas e indianas. Otros recuerdan el exterminio de la población indígena de las Antillas, la destrucción de las altas culturas indígenas de Cuzco y Tenochtitlán y la imposición del cristianismo.  Los  procesos de contacto tuvieron, sin embargo, diversas consecuencias sociales y dependieron tanto de las características culturales de los pueblos conquistados como de las condiciones geográficas y de la naturaleza misma. Las memorias que sobre ello tengan los Tule, los Wayuu o los Warao pueden ser diversas, complejas y contradictorias pero casi siempre tienen un común denominador: en sus repertorios míticos siempre hay un lugar para el hombre blanco pues la creación de los indios por un demiurgo hacia también necesaria la creación de los no indios.

Tal y como lo ha dicho Tzvetan Todorov en su obra La conquista de América: el problema del otro, no disponemos de la visión de los indígenas de ese entonces acerca de su impresión del contacto inicial ni de su visión sobre sus otros ya fuesen europeos u otros indios. Siempre se ha visto esta historia a través de los ojos y de las palabras de los occidentales, por lo que la historia que rememoramos es la historia de la sociedad europea en América. De hecho el propio término “indio” para referirse a los habitantes ancestrales de este continente es una construcción colonial aun vigente en la que estos son percibidos, pese a su notoria diversidad, como, estáticos, inferiores y homogéneos.

En su libro La invención de América el mexicano Edmundo O’Gorman señala que este continente es una invención del pensamiento occidental. Por ello hay que reconstruir la historia no del “descubrimiento de América” sino de la idea de que América había sido descubierta. En el proyecto de Colón América como tal no existe, es imprevista e imprevisible. El Almirante está convencido de hallarse en una península de Asia y no en una isla del Caribe. Cuando los Tainos le hablan de los feroces Caniba como devoradores de hombres  lo considera una exageración y piensa que en realidad se trata de guerreros del Gran Khan.

¿Cómo designaban entonces los “indios” a esta porción del mundo?. Lo más probable es que no hubiese una concepción equivalente a la de “continente” propia de la geografía europea pero si la de sus respectivos territorios. Anahuac era el valle de México, Tawantinsuyu la región andina, Abya Yala el área que hoy ocupa Panamá. Los invasores le llamaron América en honor de uno de sus navegantes. Con ello, afirma el argentino Walter Mignolo, Europa ejercía un poder de denominación que los otros continentes no tenían. La idea de América funciona en consecuencia a partir del poder y el privilegio de enunciación.

Usualmente la evocación y manipulación  del etnocidio de la conquista ha recaído más en los criollos que en los diversos pueblos indígenas. En una obra tan estimulante como iluminadora: Los herederos del pasado, Carl Langebaek resalta que una de las pruebas de la vigencia del indígena y de su pasado es que se activa en momentos políticamente pertinentes especialmente cuando el criollo percibe amenazas externas. El criollo imagina la historia desde el siglo XVI como la repetición de crisis en las cuales el cumple el papel de víctima y rara vez de victimario.

La invasión de este continente en 1492 nos muestra según Levi Strauss en su Historia de Lince como la humanidad del Viejo Mundo, que se creía plena y entera, se ve colocada de un día para otro frente a frente a otra evidencia del género humano y descubre que ella no es más que una mitad.

wilderguerra@gmail,com

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