27. La Trastienda de Satanás

por lofredo

 

El Infierno de Dante - William Blake (1826)

 

Gauchito Gil Nuñez advirtió que sobre Francisco Moscote se dice mucho. Se cuentan demasiadas historias, tantas que podría tratarse de varias personas, varios encuentros, varios demonios. Algunos dicen que hay sólo uno y que nunca hubo más de uno; que los que andan por ahí con distintos nombres, pintas, travesuras y discursos son en realidad el mismo. No da igual que te espíe y entrabe Satanás, y que Mephistos te ofrezca el saber, la comprensión y el entendimiento absoluto, como si antes de los Enciclopedistas viniera un fulano e instalara una Wikipedia para tu exclusivo disfrute. Sin embargo debemos reconocer las jerarquías en el valor del divertimento y la variedad del repertorio con que cuentan los politeístas serios. Son incontables las culturas que llevaron sus teologías topográficas, sus Upstairs, Downstairs, sus Arriba y Abajo, al estadio superior de la Telenovela Cósmica: deshechas en lágrimas, suspenso y desenlaces con muertos en descomposición y zopilotes pacientes. Rayos y centellas en la escena del drama más sublime. Sutiles diferencias en la bondad, los poderes y la cruel sensualidad de las deidades antropoides con tantos brazos y piernas como puedan requerirse en una danza con Tablas y Cítaras y cópulas prolongadas en siglos de incienso, hasta dejar al Cirque du Soleil pendiente de los movimientos incorporados a los últimos videojuegos de Krishna Productions. Laliberté, acróbata fundador, da tumbos ingrávidos en la Estación Espacial Internacional.

 

 

 

Tema recurrente en las Guerras intestinas del Cristianismo: El Papa como encarnación del Maligno Acusador.

 

En cuanto a nuestro héroe — Don Aparicio Retaguardia — no es la felicidad o su ausencia lo que le aqueja sino el dolor de rodilla. Para eso están los sitios con megagerencias en lacustres enclaves de pulcritud farmacológica. Verticales amontonamientos de burbujas de cristal impenetrable desde donde con previsible regularidad sueltan blitzkriegs de desinflamantes, como el de los Panzer del Conde de Celebrex y Arcoxia, que distraen el silbato de alerta, el “póngase hielo y aguante”; y cuando el golpeado siente menos dolor caliente, le flechan un chorro de código perverso que en menos de lo que dura la vuelta en yate por el Egeo, le disuelve las tripas y el desinflamado se va en sangre por todos los orificios.

Roguemos a la musa que nos inspira y protege que nos exima de tener que volver a las tripas perforadas por milagrosos desinflamantes recetados como fruna en semáforo, por los matasanos junta puntos de la Merck en pos del anhelado recorrido náutico por los puertos de la mitología griega: deleite flotante con sus cuatro blancos mástiles suturando mar y cielo en celeste asepsia hipocrática.

 

continúa…

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