Don´t Worry. Be Happy.

por lofredo

http://www.ginolofredo.com

Tren Cuatro Vías Comedores bw small
Cuatro Vías – La Guajira – Web PiXer – Gino Lofredo (2008)

Ese sería el día del carbón y los trenes. Calor seco. Remolinos de polvo minero. Olores diesel y ronroneo de marketing industrial. Los proyectos industriales atraen al Reta como los dinosaurios a los niños. La visita a El Cerrejón estaba prevista. Alguien se ocupó de obtener los permisos, adelantar los datos personales del interesado, conseguirle cupo en el tour de la tarde. Nadie anticipó que el interés personal del Reta por la ingeniería, la mecánica, y especialmente por los trenes terminaría enredándolo otra vez con el Jorge 40, el que, se dice, hizo que sucediera lo de Portete, el que terminó extraditado. ¿Qué puede vincular a un Jefe de las AUC Bloque Norte con una familia de poder de Alabama, y a los aspirantes a la Presidencia en el 2008, con el asesinato contratado de unos dirigentes sindicales del carbón en La Guajira? Paciencia: un día complicado.

Durante la visita a la mina se reencontró con la mujer que en Cabo de Vela le había dicho que era Juez y dictaba seminarios sobre el Debido Proceso Judicial. Una mujer muy atractiva, pelirroja y pecosa que dejó un tanto agitado al Reta esa noche guindado en el chinchorro. Apareció también la anunciada Ingrid, transformada ahora en una calificada geóloga de minas. La Africana, por su parte, atrajo la atención de un asesor de seguridad industrial de El Cerrejón, un hombre casi blanco nacido en una granja de maní cerca de Atlanta, en Georgia, medio siglo antes. Cuando se graduó de la secundaria se hizo voluntario en la campaña de Jimmy Carter y terminó en Washington de corre, ve y dile de un diputado bisoño. Un motociclista de pocas palabras y sonrisa constante que decía gustar de rodar moto en el desierto. Tanta convergencia. Mucha casualidad. Culpa de las motos.

Cuando terminó el tour de la mina, cada cual volvió a lo suyo. La Juez y el Reta quedaron en volver a verse, sin detalles ni compromiso. Sólo un discreto interés cruzado. Pero hubo más y, como siempre, las cosas se complicaron.

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Happy Moments — Foto Gino Lofredo (2007)

El trajín de la mina derivó a un hotel tres estrellas de Uribia que cobija ingenieros, contratistas, capataces, escoltas y chóferes ligados de algún modo al carbón o al comercio. No es un sitio para el turismo organizado. Si llega un turista, es de los solitarios que parecen haberse perdido en alguna vuelta del camino menos transitado. Había pocos clientes y el restaurante estaba vacío cuando llegó con su cuaderno de apuntes y las Hojas de Ruta. Traía el bastón rejuvenecido en el que se apoyaba con más frecuencia para quitarle peso a la rodilla.

Esa tarde, caminando por el barrio de las ferreterías, encontró un sitio donde vendían aceite de linaza por galón. Cuando mostró el bastón al encargado y explicó que era sólo para quitarle el polvo y el seco a la madera, el hombre untó un trapo y se lo pasó por encima del mostrador. El bastón chupó aceite como animal sediento. Un cliente que esperaba turno asintió aprobando el trato que daba el viajero a su acompañante. El encargado no le quiso cobrar.

Un comedor sin gente no abre ni quita el apetito. Hace dudar al que mira y huele a gestación desde la entrada. A través de la ventanilla de la puerta batiente que da a la cocina se puede ver, rodeadas de vapor, a dos mujeres que ríen. La que asiste lagrimea como si picara cebolla. Hay un radio encendido en un programa de asuntos del corazón. La cocinera machaca carne cruda con un mazo de madera y en una pausa ve al cliente que les mira desde la entrada al comedor y avisa. Un hombre de camisa blanca y pantalones negros empuja la puerta batiente y cruza el salón con una servilleta limpia sobre el brazo y sin reloj en la muñeca. Se escucha de lejos un largo bocinazo, el ronquido de motores y un leve traqueteo que hace temblar las copas.

Bienvenido caballero. Es el tren de las ocho. Pase sin pena. Es incómodo ser el primer comensal cuando el sitio no parece estar aún abierto al público. Hasta elegir mesa se complica. El mesero lee al cliente: solo, tímido, transparente. Es su casa y la mejor mesa. Aire fresco y sin bulla. La de la suerte para el tempranero que pronto estará con agradable compañía. El Reta busca en la mirada del mesero algo que le aclare el pronóstico y encuentra sólo la confianza cordial del que conoce su salsa. Tiene razón, el hombre: desde allí verá llegar a quien sea y medir el interés de cada cual, y todo, sin compromiso. Un timbre de picardía y la mirada franca le devuelven un soplo de ánimo a la noche despejada con cortesía.

Es el tren de las ocho. En La Guajira los trenes trabajan. No son reliquias. Están vivos a su manera, hacen lo suyo ignorando a la gente que los rodea, que no son pocos y que, cuando se les pregunta sobre lo que hacen, dicen que trabajan para el tren, para el Hombre de la Carga. También dicen que lo hacen para el carbón. Pero se refieren a la carga que lleva el tren. Los gestos que acompañan la referencia al carbón apuntan más al terraplén, a las rieles que cortan el asfalto o que cruzan sobre la ruta por los puentes de hierro negro. El tren puede ser un villano ladrón, pero se mueve, hace ruido, entra y sale de donde vive su gente, hace temblar el café en la taza, mece el foco que cuelga del techo, se deja sentir cuando pasa, y cuando se atrasa o se ausenta, todos preguntan qué habrá sucedido.

Desde la mesa asignada, el Reta puede ver las otras seis, así como los cuatro taburetes de la barra de cara a las botellas de anisados, el licor de café y el espejo detrás. Sobre la repisa de vidrio, hacia el lado del teléfono y el pasillo de servicios, hay una Virgen negra dando pecho a un recién nacido de piel rosada. Medio escondido del otro lado, San Lázaro atiende la salud de los que beben con alegría o están golpeados por la tristeza, comatosos de tedio.

v-lucid-wideLúcido Paranoie – Absynthe Supérieure – Brujita Verde – Niebla de Musas  – Morphing  G. Lofredo (2009)

Cruzando la sala, en la penumbra, en un espacio de pared, cuelga una pintura casi escondida, como si estuviera allí para mirar y oír, para presenciar y ser testigo, más que para decorar o mostrarse. Simple. Tres franjas horizontales. Cielo, mar y arena. Un tejido rojo bordado con líneas blancas en rombo se sacude al viento que le deshilacha el borde.

El mesero regresa con una media jarra de jugo de fruta fresca y dos copas altas: una vacía y la otra con una medida generosa de ron blanco. Sumo de maracuyá. ¿Fundamento? Sí, gracias. Seco y doble. Bienvenido. Bebe y piensa en trenes. Abre el cuaderno de apuntes, sus hojas de ruta, fecha la entrada del día en una página nueva y titula: Carbón y Rieles. De tanto golpe se me muere la cámara, escribe. Ya no me obedece. Magallanes. Se está quedando ciega. Saca y mete las lentes del cuerpo hasta quedarse sin fuerza. El mensaje de pantalla pide le traigan un cura. Quiere confesar. Ha visto tanto que necesita olvidar. Guardó la ficha de memoria a la salida de El Cerrejón. Tenía que disciplinarse más con los apuntes. Cuando repasaba lo anotado pocos días antes se le hacía difícil reconstruir lo sucedido.

Como ese confuso intercambio con Isidro: Ya llevamos tiempo juntos y sigo poco claro. ¿Usted, Don Aparicio, en qué piensa? ¿Por qué anda como gitano por ahí y por acá? ¿No tiene familia? ¿Casa? ¿Qué quiere? ¿Qué propone? Debe haber sido el “¿Qué propone?”, lo que provocó al Reta porque en seguida anotó: Decencia o Paredón. Inventen el detector de hijueputas. Que no falle ni dude. Mentira. Nada Isidro. Nada. Decepciona admitirlo pero es lo menos falso: él es sólo un solitario chicletero de distancia que sabrá que le toca cuando le toque, pero no sabrá de dónde le vendrá el sacatrazo. Disfrutará del paseo y las sorpresas como se vive el torneado sin anestesia del nervio de un molar.  Lúcido y en paz. Bandido. Azúcar Moreno.

La luna me embrujó y me llevó hasta ti,
veneno del amor que yo feliz bebí
Y aunque mi pecho ardió y me abrasó la piel,
me supo dulce como la miel
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Tus ojos bandido robaron con cuentos la sangre
y la vida de mi corazón
Tu ausencia en mis noches provoca lamentos,
suspiros y llantos, y oscura pasión
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Y ahora cada vez que de mi lado te vas,
siento el dolor crecer más y más
 
Tus ojos bandido robaron con cuentos la sangre
y la vida de mi corazón
Tu ausencia en mis noches provoca lamentos,
suspiros y llantos, y oscura pasión
+

Al final de la página el Reta escribió: Lawrence Descarrila Trenes Turcos en el Desierto. Auda abu Tayi. Honor Beduino. Caballo Blanco. Anthony Quinn. Howeitat. Rebelión Desierto 1917.

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trenesdalorosmallDavid Lean – Lawrence of Arabia (1962) < > Rendition: Daniel Lofredo

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Foto Paúl Rivas – El Comercio – Enero 2009

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Ters_by_DelirecekTers Attempting Reconstruction – Foto Delirecek – Deviant Arts (2009)

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Azúcar Moreno eligió su propio camino. Contaban con sus propias armas, desde una presencia realmente impactante a una puesta en escena sensual y vigorosa a la vez. Y además tenían dos voces entrenadas en el flamenco, porque no en vano son sobrinas de Porrina de Badajoz.

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Ocean_V_2_by_DelirecekOcean Recovery – Photo Delicreke (2009) Deviant Arts

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Índice

1. Portal de las Estrellas
2. Cruz del Sur
3. El Desierto Protector
4. Pijao de Oro y Almanaques
5. El Mago de Palmira
6. Maicao: Testigos Presenciales
7. Pájaro Rengo
8. Inolvidable Portete Bahía
9. Fuga de Acordeones
10. Pase sin Compromiso
11. Mecánica Sócrates y Juventus Spa
12. My Favorite Things
13. Mandrágora, Almizcle y Sándalo
14. Santa Gaza de Palestina
15. Complícame la Trama, Baby
16. Cambio de Bases
17. Le Business Model del Secuestro
18. Trastienda de Arenas Betancourt
19. Fantasías de Medellín
20. Trastienda de Fangio
21. Fondo de Ojo, Confesión en Seco
22. El Almirante, las Perlas y el Fraile
23. Pueblo, Riel y Carbón
24. Cambia, Todo Cambia
25. Despiste de Madrugada
26. Piernas, Cintura y Arrastre
27. La Trastienda de Satanás
28. Acople, Credos y Padre Nuestros
29. El Triangular de Job
30. La Máscara Roja
31. Precisas Instrucciones
32. Rapsodia de Sísifo
33. El Gran Escape
34. Gasolina Express

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