Pasos de Novela

por lofredo

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El Desierto Protector

 

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Carte Genérale de l’Amérique du Sud et des Îles qui en dépendent
H. S. Dufour – 1836

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“…En aquel imperio, el Arte de la Cartografía logró tal Perfección que el mapa de una sola Provincia ocupaba toda una Ciudad y el mapa del Imperio toda una Provincia.  Con el tiempo esos Mapas Desmesurados no satisficieron y los Colegios de Cartógrafos levantaron un Mapa del Imperio, que tenía el tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él. Menos Adictas al estudio de la Cartografía, las Generaciones Siguientes entendieron que ese dilatado Mapa era Inútil y no sin Impiedad lo entregaron a las Inclemencias del Sol y de los Inviernos. En los desiertos del Oeste perduran despedazadas Ruinas del Mapa, habitadas por Animales y por Mendigos; en todo el País no hay otra reliquia de las Disciplinas Geográficas”.

“Del rigor en la ciencia” – El hacedor
Jorge Luis Borges

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La ruta donde la Sierra Nevada de Santa Marta se mete hasta el borde del Caribe es verde, madura, risueña, filosa, negra y agua fresca en cada quebrada. Al acercarse a La Guajira el paisaje se seca, las plantas se encojen, crecen espinas y proliferan cactus, hojas pequeñas, amargas, santos remedios en ramas. Menos risa. Espejos opacos. Prudencia y respeto.

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Africana XRV750 Guajira – Foto Gino Lofredo (2007)

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Con el sol a media altura el Reta siente mareos deshidratados. Escasea la sombra. El sudor fluye y se evapora. La ruta hierve y el aire deforma la silueta del tráfico. Rueda sobre un terraplén dos o tres metros sobre el nivel del llano. Las banquinas engañan con el ripio suelto, un derrape corto, un talud abrupto y prematuro. Arbustos, piedras, cactus, cabras en la polvareda.

Una carpa de plástico cuelga entre dos palos y una rama espinosa, resguarda a un hombre indio y mulato, sus ojos verdiclaros lo mira desde el filo del ala del sombrero. La Africana se inclina de lado y el Reta desmonta parándose en el estribo izquierdo, pasando la pierna derecha sobre la montura. Acordes de dolor recorren la partitura. Cierra los ojos y respira hondo. Sale del casco, seca el sudor del cráneo, ventila la barba y le pide al rostro un gesto de paz. El hombre sentado que lo observa abre lentamente una incondicional exhibición dental de bienvenida.

¿Viene de lejos en esa belleza? Buenos días. Isidro. Retaguardia, para servirle. Así como Usted surgió del camino, ahora se llama Aparicio y de verlo ya se nota que se está volviendo Guajiro. Se desguanta y saludan. Un poco de sombra. Isidro mira y lee las calcomanías de la Africana: Tierra del Fuego, Latitud Cero, River Boca. ¡Cómo así tío! ¡Usted va montado en un clásico! Tanta carga en la previa le va a encender el combustible. Isidro ríe como si el chicleta se hubiera declarado bisexual o casco azul de la ONU. Comprende. En realidad soy de Central dice Aparicio. ¿Conoce? Cómo no: Campeón de cien jornadas victoriosas. Valiente triunfador que orgullo inspira. Justo.

Oiga Tío Usted está llegando a destino… Viene de donde el Sur es hielo y ya le falta poco para Punta Gallina. Hasta ahí llega y pare. Descanse un poco y medite bien porque del Morro al Norte es puro mar adentro y si quiere seguir, a esa yegua caliente tiene que ponerle un palo con vela. El Reta sigue mareado. Respira hondo y busca fresco para bajar la fiebre. Sombra, brisa, agua, algo.

Tranquilo Tío. Sáquese un poco la armadura y siéntese acá. Así Tío, así. El Reta se sienta y se afloja las botas. Mire como acomodan el color los lagartos, como estiran el pescuezo. Les cae bien vea. Se ponen naranja como si ya lo conocieran Aparicio, ¡qué me dice!. El sudor en la brisa seca le aclara un poco la vista. Isidro va hacia un arbusto espinoso y con un cuchillo corto pela una lengua de corteza y la huele. Tome Tío. Chupe que hace bien. Mastique tranquilo. El Reta acepta y prueba. Lavanda afilada alerta. Agridulce, picante, olvido amargo, alcohol lejano.

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Isidro, Rosquillo y Don Aparicio en Cuatro Vías -  La Guajira – Colombia
Foto Gino Lofredo (2007)

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¿Sabe que La Guajira es colombiana, venezolana, árabe, Wayuu, sobretodo Wayuu? Encuentra Guajiros que se le ven alemán, inglés, como Africa otros. Acá hay de todo. Usted está dónde Dios empezó a crear el universo. Donde un día se aburrió y decidió jubilarse y al carajo. De entonces los entuertos pendientes. ¿Sabe que nuestros muertos pasan un par de años en tránsito haciendo sombra en el ring, cotejando con alguno que siga vivo, dos años confusos esperando que los metan en una vasija de barro o en un costal? Muchas cosas sin aclarar ni resolver. Cada cosa a su tiempo y en su debido lugar.

Mensajeros. Usted sabe: los profetas. Uno ordena que se cocine sólo lo que viene con escamas, que la concha no, que la leche así y no asa; otro que vivan los pobres, otro que el alcohol no pero que la marimba sí; otro que prestar sin cobrar, otro que al revés del riesgo y a los parientes descuento, respetando dignidades; y a quiénes no prestar jamás, cómo desplumar a los tontos y a los que se merezcan, cuidando lo ajeno, y que al chancho de lejos por sucio. Chúpese el dedo con la salsa. Corte esa mano por acá. Bese aquella por allá.

No se junten demasiado. Pero como el amor es ciego júntense todos contra todos. En cada ranchería pocos, juntos sin amontonarse. Que mande la Doña. Quédese sueltito Tío. Que no los entierren hasta el cuello y los decapiten a pedradas a los dos. Les caigan un muro de piedras y el que no se muere queda suelto. Nosotros, en cambio, tranquilos. Guiso de chivo. Pescado y mariscos. Respeto. Silencio.

Bastón a tierra, palabrero, Bastón a tierra. Para botar corriente y recibir correo tectónico. Pronto tendremos un Guajiro Emperador. Acuérdese. Ya mismo el  Guajiro Obama es Emperador. Era hora coño. Somos tranquilos sí. Pero tenga cuidado que el Guajiro sí sabe pelear Tío. No subestime. Nada de pacifista: antes de dar golpes se mide bien, se medita, se evalúa el daño, el dolor, la circunstancia. Aclarado el por qué, con quién, el cuánto, el tiempo y los muertos, se hacen cuentas, pagan deudas y a lamerse el lastimado y descansar. Hecho lo hecho y medidos los resultados y con el acuerdo de todos se escucha la Palabra y cada cual a cumplir lo que le toca.

¿Cuándo me va a llevar a dar una vuelta en esa belleza Tío? No peso mucho y me acomodo. ¿Por qué le dice Africana? Parece Pura Sangre Guajira. Esas nalgas. Vamos Tío. Conmigo va seguro. No se arrepiente. Palabra.

Calmó el calor y hubo algo de brisa. Acomodaron los trastos en la Africana, montaron juntos y entraron briosos a Riohacha cuando se prendía el malecón de feronomas angelicales y luciferinas, luciérnagas curiosas, caderas, risitas pícaras mirando a Barbablanca bajar los bártulos del trineo hablando solo, feliz y agradecido.

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Frente al malecón en Riohacha, pasada la medianoche, Aparicio toma cerveza y chupa la salsa de los calamares al ajillo agridulce. Está en trance por saturación sensorial. Pasan Almas en Pena entre Triunfadores WiFi y Reinas de Belleza: Chéveres en Dodge Rams y Super Hi-Luxes con trombones inflando los vidrios oscuros; oro caliente en pulseras,  relojes y collares para los Mini Patrones del Efímero Universo. Orgasmos sobre tacones transparentes, uñas lacadas de rojo listas para lamidas podófilas, entrepiernas de ensueño, caderas delirantes, promesas en pezones semi erectos, cuellos suaves, mínimo sudor salado en el ébano torneado, labios para acariciar glande y ordeñar todo, y ojos, ojos verdiclaros, ojos, ojos rojo pecado.  En parejas, de a tres, solas. Los hombres babeándose como Alienígenas Depredadores en celo, listos a matar por el acceso, listos a matar a quien toque lo suyo si ya lo fuese. Y entre tanta belleza y tanta hormona, de tanto en tanto transitan las Almas en Pena buscando por sobre el hombro a los perseguidores del más allá. Implacables. Quejidos. Acosos. El que mata se disfraza para que no lo encuentren. Pero nadie engaña a los muertos. Ellas viven desveladas, alertas, mirando por sobre el hombro a ver quién por atrás les arrebata los ojos. Huyen de todo y de todo necesitan. Incapaces de sueño, siempre con el miedo puesto, presintiendo que ahí vienen, que ahí están y te miran. Pena, culpa, insomnio, perico y amapolas.

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Desfile – Riohacha – Festival Francisco el Hombre (2009) – Foto Camilo Rozo

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Ese es el desfile del viernes por la noche hasta que el calor húmedo y quieto se hace brisa y la brisa viento y el cielo revienta en rayos y un diluvio inunda la avenida, detiene el tráfico, se monta en la vereda y hace subir los pies al borde de la silla y salir de prisa finalmente cuando la crecida y el frío dejan de hacer reír y sin preaviso dan miedo. Agua tibia ni pura ni sucia, tan ecológica como una serpiente cloaquera, acaricia tobillos y rodillas, y lo sigue hasta el portal escalera del Hotel. Descalzo en el ascensor con tres mujeres y dos hombres que van a hacer el woogie boogie hasta que amanezca y la aritmética es inevitable, esperanzadora. Se cruzan miradas. El Reta está dispuesto a apostar el todo por el todo, atento al mínimo pero esencial gesto alentador cuando se abre la puerta y bajan los ellos cinco y el Reta continúa en descalzo y mojado ascenso hasta el piso del cuarto de soltero en el que nunca se está solo sino con la compañía del Mundo al Día de CNN y el Presente Justiciero y Optimista de Telesur.

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Almas en celo – Desfile Festival Francisco el hombre (2009)
Foto Gino Lofredo

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A la mañana siguiente, cuando entra al comedor a desayunar, el televisor encaramado contra la pared cerca del techo ya está encendido. Tres Patines discute con el Juez acerca de la bicicleta que le acusan de tomar prestada sin permiso.  En la mesa junto a la ventana del frente un hombre que por los gestos y el tono de voz podría ser profesor universitario, cola de pelo prolijamente recogida en la nuca, collar de semillas rojinegras sugiere antropología, sin soltar el look Wayuu pide huevos revueltos y papas caseras. Con acento californiano habla del ciclo de la vida y la muerte a tres estudiantes, dos mujeres y un varón que se esfuerzan por templar un gesto de atención mientras vacían jarras de café en busca de un claro en la niebla densa de la noche inolvidable que ya no recuerdan. Ejercicio de activación muscular pulsos eléctricos sin convicción hacia la masa cauchosa que no cuadra con el residuo de mojitos y consecuente amnesia:

“En esta cultura el ciclo de la vida transcurre en tres realidades: el mundo natural o anasü, el mundo de muertos o yolujas y el mundo de más allá de la muerte pülasü. Todo Wayuu muere dos veces, en la primera sus parientes lo entierran con sus pertenencias y luego de un par de años los restos son desenterrados,  los huesos exhumados y limpiados por las mujeres, puestos en una urna de cerámica o en un pequeño saco y enterrados nuevamente en tierra Wayuu. En esta segunda muerte su espíritu se dirige a Jepirra, la tierra mítica ubicada en el mundo pülasü donde se encontrará con sus parientes difuntos y el rebaño que fue sacrificado en sus funerales. En esta cultura importa el Sueño o Lapü. Él es quien señala el destino. El Wayuu cuando duerme se reencuentra con su doble. Allí se anticipa cada suceso bajo la forma de reflejos o de sombras. Los sueños son mensajes de Lapu, son premonitorios …”

¡Más café por favor!  El Juez multa cien pesos a Tres Patines que reclama y apela alegando extrema pobreza, causa al fin del uso indebido de la bicicleta, único modo de llegar al trabajo, etcétera, etcétera. Poco cambia el asunto por más medio siglo transcurrido pelándose el culo y arrancados del cansancio por el soplo huracanado de la elocuencia sinfónica.

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Índice

1. Portal de las Estrellas
2. Cruz del Sur
3. El Desierto Protector
4. Pijao de Oro y Almanaques
5. El Mago de Palmira
6. Maicao: Testigos Presenciales
7. Pájaro Rengo
8. Inolvidable Portete Bahía
9. Fuga de Acordeones
10. Pase sin Compromiso
11. Mecánica Sócrates y Juventus Spa
12. My Favorite Things
13. Mandrágora, Almizcle y Sándalo
14. Santa Gaza de Palestina
15. Complícame la Trama, Baby
16. Cambio de Bases
17. Le Business Model del Secuestro
18. Trastienda de Arenas Betancourt
19. Fantasías de Medellín
20. Trastienda de Fangio
21. Fondo de Ojo, Confesión en Seco
22. El Almirante, las Perlas y el Fraile
23. Pueblo, Riel y Carbón
24. Cambia, Todo Cambia
25. Despiste de Madrugada
26. Piernas, Cintura y Arrastre
27. La Trastienda de Satanás
28. Acople, Credos y Padre Nuestros
29. El Triangular de Job
30. La Máscara Roja
31. Precisas Instrucciones
32. Rapsodia de Sísifo
33. El Gran Escape
34. Gasolina Express

Contáctenos a ginolofredo@gmail.com

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Pijao de Oro y Almanaques

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Viaje Tranquilo – Decameron Tours, 1687 -  ScanPix -  ginolofredo@gmail.com

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Mañana no es otro día, Aparicio. Mañana es lo mismo que el hoy de hace un mes. Nos limpiamos con el almanaque. Las fechas del cuento de la historia se deciden con el sorteo del Pijao de Oro. Las cuestiones pasan. Cuando fue o será es otra cuestión. El Pijao de Oro. Cambian detalles no más. Mañana llega a Riohacha el Alíjuna Presidente, Alíjuna Uribe. Como ahora viene cada dos por tres no importa de qué visita se trata. A nosotros nos gusta la lotería. Todos ponen plata en los números cada semana. Sin falta. Siempre. A veces más a veces menos. Como era con la limosna en la canastita del cura, parecido.

Yo le pongo un billete al 3182 en el Pijao de Oro porque es el sorteo histórico digamos. Todos los grandes se la juegan con el Pijao. El que me cuenta y le consta es el que fue mi profesor de historia, el mejor en lo suyo, Arturo Alape, ¿conoce? De historia se las sabe todas y las que no, bueno para las que no, está siempre el Pijao de Oro. Tengo dos números más que ya me van a salir, verá: el 1538 y el 1610, ¿le gustan? ¿Cómo se le ocurren los números? Se los sueña, seguro que se los sueña, ¿no? Cosas que uno encuentra por ahí y que se le pegan. Vea resulta que contra los Pijaos que eran indios de por Popayán hubo 3182 ataques, desbarajustes, batallas, masacres digamos, eso suma 14 es decir 5 y a mi siempre me gustó el 5, un número lindo, bueno. Ajá. ¿Y los otros?

Es que esos sangrados los hicieron justo entre 1538 y 1610. Y antes de matarlos  para quitarles las tierras les leían el Requerimiento, en latín, no faltaba más, para que se entienda. Es que no hubo ni habrá jamás lengua más precisa y certera.

“Si no aceptáis la fe, o si maliciosamente os demoráis en hacerlo, yo certifico que con la ayuda de Dios avanzaré poderosamente contra vosotros y os daré la guerra cuando quiera y dondequiera esté en mi poder, y os sujetaré al yugo y la obediencia de la iglesia y de vuestras majestades y tomaré como esclavas a vuestras mujeres, y en cuanto tales las venderé y dispondré de vosotros como a bien tengan ordenar vuestras majestades, y tomaré vuestras posesiones y os haré todos los daños y perjuicios de que sea capaz”

El Requerimiento era un poco como lo del Miranda. Lo escuchó mil veces: “Tiene el derecho a guardar silencio. Cualquier cosa que diga puede y será usado en su contra en un tribunal de justicia. Tiene el derecho de hablar con un abogado. Si no puede pagar un abogado, le será proveído uno a costas del Estado”.  Es como un cuento de Hadas, ¿no le parece? Preciso el almanaque. ¿Se da cuenta? Usted llegaba a los estados y justo lo arrestan al Tito Miranda por secuestro y violación y él confiesa. Dice que sí, que así fue. ¿Escucha la resonancia? Secuestro, Derechos, Debido Proceso. En Arizona.  Seco. Cactus. Cascabeles. Indios. La Suprema lo hizo soltar porque no le habían puesto al tanto de sus de su derecho a no abrir el pico. De todos modos a Miranda le metieron once años y cuando salió a festejar lo acuchillaron en una pelea callejera. Al que lo clavó le recitaron sus Miranda. Calladito de poco se salva. Pero lo del Requerimiento no era como en las novelas: sí lo leían en latín y ahí mismo se los cargaban a todos hasta que no quedara un macho en pie. Expedito Proceso. Con las indias era otro el cantar. Sin Miranda ni Requerimiento era el catecismo.

Esto me lo contó el profesor Alape que por si acaso es mucho más viejo que Usted Don Aparicio, no se ofenda, es que ese sí que es viejo, porque viene contando masacres desde que empezaron con el asunto. Buena gente y muy prolijo en su trabajo el profesor.

Entonces uno y cinco son seis y once diecisiete, siete y uno ocho, y el ocho que oscuro como corresponde al comienzo y a la fecha que más o menos acabaron la matanza porque seis y uno siete y uno ocho, ¿ve lo que le digo? Y con eso ya acerté el Pijao de Oro dos veces. Hay números que siempre salen. Esos no. Sólo dos veces y me tocaron a mi.

Las cosas no son del todo por que sí no más, algo siempre hay. No se sabe, pero no hay casualidad. ¿De algo hay que vivir no le parece? Mañana en la Caracol cantan el número del Pijao y allí ajustamos las fechas para que la cosa cuadre.

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- AMERICA SEPTENTRIONALIS 1733 –

Caribe 1733 from Screen

A MAP of the BRITISH EMPIRE in AMERICA with the FRENCH and
SPANISH SETTLEMENTS adjacents thereto by Hen. Popple

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No se preocupe, aquí nos jugamos los días, viajamos en los sueños y lo que usted puede llamar futuro ya sucedió. Una de Cantinflas la anuncian como estreno exclusivo. Sólo en Cines.

Todavía no se metió en el mar. Pero lo huele. Aparicio Retaguardia levanta el periscopio y aspira. No está lejos. Yo le muestro. Isidro dibuja con una rama seca en la arena un contorno como un lago salado en la caldera de un volcán, salpicado de puntas de piedras que se salen del nivel cero. Esta es la Guajira. El Cabo de Vela está en la entrada de la Bahía de Portete. Desde Portete navegamos hacia el Norte. Salimos al mar abierto, en esta época el mar está tan revuelto que hasta cuando duerme se inquieta.

Fíjese que la brisa le viene de la derecha, siéntala y corrija contra la corriente que viene con el aire de lejos, del desierto, de África. Siempre sopla de allá aunque engañe en el embudo. Trae toda la humedad y se mete como una verga tirabuzón en la papaya caliente. Pero Usted navegue su moto a vela hacia el Norte, ubíquese. La Guajira desaparece a popa. Ahora estamos con ciclón y sólo verá mar y cielo gris, bochorno espeso. Una sopa marinera en blanco y negro. El ciclón lo va a zarandear y a confundir. Pero aguante canalla, aguante.

Al tercer día tendrá costa delante, llegará a una playa, beberá agua de coco y le darán de comer pescado, un trago de aguardiente y dormirá en una choza de palma en el caserío. Lo despertarán las manos de mujer negra que le untarán la piel quemada y reseca con un aceite fragante que le hará soñar con tambores y hogueras. Afuera verá las dos banderas que juntan Haití con Saint Domingue, dos corrales con cuatro lenguas, cocidos con un tramo de cerco de huesos y tripas. Eso está a tres días y tres noches al norte del Morro de la Guajira.

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Desde el Matto Grosso se extendieron los Caribes – Foto Sebastiäo Salgado – Proyecto Genesis (2009)

Pero puede que nunca llegue. Si los vientos del Este le ganan y lo empujan como casi siempre ocurre puede que delirante y medio muerto se encuentre con islas donde sólo habitan mujeres, islas de azúcar y chocolate, o la Isla del Maíz donde sólo podrá comer langosta con ketchup y algas secas. O puede que se engañe frente a Bluefields y se enamore bailando Palo de Mayo con el cuerpo untado de aceite de tiburón en la Mosquitia Nicaragüense.

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Inquietud Tropical – Foto P. Smith – Flickr (2008)

Los que no se mueren antes llegan locos y caen de rodillas. No por fe ni por pedir misericordia. Por las piernas desarmadas, las rodillas remordidas y pies en llagas. Le rodearán los cangrejos. Tratará de apoyarse en algún madero y terminará con una cruz clavada en la arena y otros encontrarán sus huesos pelados junto a los palos, darán Gracias a Dios por haberse llevado por fin al desgraciado. A veces las corrientes arrastran más y el náufrago delirante se le abre delante una laringe de boa lodosa: es la Boca del Patuca. Métase y busque con quien hacer negocio porque del Patuca sigue saliendo oro, merca, crucifijos y muñecas inflables. A los del Patuca les encantan las boinas con estrellitas. Llévese algunas para el bisnes: rojas, negras, verdes y hasta celestes. Lleve boinas. Traiga merca y pepas de oro cobrizo. Cabezas resecas, encogidas. Las de cura con balazo frontal cotizan mejor. Patuca. Madrugadas de sangre escarchada. Mañanas turcas. Largo sopor del mediodía hasta que crezca la sombra y discursen los bichos con el río. Y así puede seguir bordeando de playa en playa. Encontrará ciudades también. Yo le recomiendo que se acomode una semanita en Cancún. Cosa de estudiar ese sitio: fíjese que allí hacen peregrinaje cada año las mujeres del norte. Mujeres de todo tipo pero sobretodo grandes y pálidas.

Yo las vi. y tuve el gusto de conocer personalmente a algunas. Es algo religioso para ellas. Desde que bajan de los barcos y los aviones se empiezan a menear y a tomar aguardiente pintado con piragüitas de colores. Y desde que se instalan al sol les sale una energía tremenda. No paran de menearse y reírse de todo y arrastran al primer cabrón que les resulte simpático y se lo comen. Así como le digo se lo tragan vivo. Impresionante la gente que desaparece en esos sitios. Y Usted que conoció algunas, ¿cómo se salvó? ¿Cómo se defendía? Usted sabe, hay que ser fuerte y rápido. Primero que aspiren y tomen el aguardiente de colores. Entonces es como amansar caballos, hay que darle y no soltar, correrlas por el llano, hasta que estén cubiertas de espuma, el cuerpo y la boca, como rabiosas.

Cansarlas hasta que se les aflojen las piernas y le den un respiro a sus riñones. Usted lo siente porque dejan de apretarlo como serpiente. Ese es el punto merengue. Ahí les viene un sueño corto a las cara pálidas y entonces Usted agarra lo que puede y huye. Huya por la puerta si está sin traba, por las ventanas si alguna está abierta. Rompa las paredes si no hay otra. Huya por el hueco y corra hasta llegar a una playa con canoas y métase al mar y nade o reme y aléjese antes que la doña se despierte, porque ellas huelen lo que les dejó adentro y lo siguen como sabuesos en celo y créame que si no se mete lejos mar dentro lo encuentran y ahí no tiene escape.

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Bicicleta Guajira –  Santiago Harker

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El 12 de Octubre de 1492 marca el términó de la vida autónoma de las sociedades aborígenes americanas y comienza el doloroso exterminio, físico y cultural, de millones de hombres y mujeres de las poblaciones originarias americanas.

Neruda: «Los carniceros desolaron las islas./ Guanahaní fue la primera/ en esta cadena de martirios./ Los hijos de la arcilla vieron rota su sonrisa, golpeada/ su frágil estatura de venados,/ y aún en la muerte no entendían,/ Fueron amarrados y heridos,/ fueron quemados y abrasados,/ fueron mordidos y enterrados./ Y cuando el tiempo dio su vuelta de vals,/ bailando las palmeras,/ el salón verde estaba vacío…»

El Holocausto de los indígenas americanos a causa de la conquista hispana, sólo puede ser comparado en número y sufrimiento al de los millones de africanos negros desarraigados, asesinados y esclavizados en América. En México, sólo entre 1519 y 1532, de los 25 millones de indígenas originarios desaparecieron ocho millones de personas. En la Isla de Quisqueya o Haití (Haití-Santo Domingo), entre 1492 y 1520, del millón de indígenas originales desaparecieron 986.000 personas, víctimas de la violencia física, de los maltratos, de la viruela y otras enfermedades contagiosas introducidas por los castellanos [5].

Para conseguir una población de reemplazo, muchos españoles se dedicaron a perseguir y capturar indígenas designados como caribes, en el litoral venezolano, los cuales eran luego vendidos como esclavos en la Española y Puerto Rico.

Los pueblos caribes: una etnia-nación
por Mario Sanoja Obediente*, Iraida Vargas-Arenas*

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Maicao: Testigos Presenciales

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Maicao hacia Frontera Colombia / Venezuela  -  Foto Lalo King – Gino Lofredo  (2008)

Usted Mister no me conoce pero pregunte a cualquiera en La Guajira quién es Wisky y fíjese como se les destiñe la jeta. Vengo a decirle que Usted ya está muerto, que no se preocupe, no necesita cuidarse. Délo por hecho. Y esto pasa porque Usted quiere que pase. No hay otra. Mister nadie puede ser tan bruto. El por qué quiere morir es cosa suya. ¿Pero por qué se viene a morir a La Guajira? Como están las cosas, lo suyo se lo arreglan en cualquier parte.

Loco no parece. Y no puede ser tan lento como para hacer lo que está haciendo sin darse cuenta. ¿A qué viene esta vuelta? Tres mil kilómetros haciéndose ver, haciéndose recordar, porque con la pinta que se manda nadie se olvida por dónde anduvo y haciendo qué. ¿Para quién trabaja Mister Reta? Los que debieran saber no se ponen de acuerdo. Pero no se creen lo del motociclista senil. No hay pendejos tan pendejos. Usted está acá por algo y Usted me lo va a contar sin que yo le toque un pelo de la barba buena gente con que se tapa la cara. Mire bien, mire bien carajo.

Usted acaba de terminar el arreglo de su motico. Isidro le consiguió el tubo veintiuno y la llanta delantera. Quedaron en encontrarse para almorzar y seguir camino. Sócrates el mecánico le ajustó lo que le sonaba suelto cerca del pedal de freno cuando en alta. Le puso a punto la moto. Usted está contento. La hizo lavar en lo del Turco Miguel y conoció al Coronel Amador. Correcto el Coronel, un caballero. Tanto así que hablaron hasta que se acabó el agua y querían cerrar el lavadero. El Coronel le recomendó sitios para visitar, dónde hospedarse acá y allá, le regaló su propia Guía rutera de Colombia. La suya personal de él. Eso sólo lo hace alguien como el Coronel Amador. Un caballero y un patriota. Lástima que es demasiado confiado y se la tienen prometida pero no pagada.

Es sábado, pega el calor, falta poco para las once y Usted, su moto y yo estamos conversando tranquilos sentados a la sombra de un palo viejo en esta esquina del barrio Santander del lado bueno de Maicao. Las casitas no son mansiones pero para vivir por acá hay que tener algún billete.

En la casa de enfrente están de fiesta. ¿Escucha? Salsa maracucha y alguien tiene un acordeón. Están chupando en la sala. ¿Alcanza a verlos por la ventana? Todos tienen algo de Wayuu. Escuche el cantado al hablar. Son indios y están contentos. Tienen visita del otro lado, de Venezuela. Alguien que se salvó de lo de Portete. Los apellidos a Usted no le dicen nada pero acá son conocidos: Barros, Valdesblánquez, Palmar, Epinayu, Mendiola. Fíjese ahí pasa la camioneta de la policía, la autoridad en Maicao. Vea cómo miran la casa y siguen como si nada.

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Autopasia cosido Comb color bw

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El calor húmedo se pone pesado. Wisky mira el reloj con frecuencia como si fuera referí y estuviera por comenzar el partido. En la casa hay un hijo del Chema Bala dice Wisky.

A usted que le gustan las motos mire esas dos Suzuki que vienen para acá por la Carrera 17. Están muy arropados para ser de Maicao. Placa limpia en moto sucia. Parquean frente a la casa como si fueran invitados. No se quitan el casco. Mochilas de pecho. Audífono. Gente seria parece. Dejan las motos en marcha. Entran sin timbrar como si conocieran la casa. Ahora escuche bien Mister. Los disparos en ráfaga suenan apagados pero contundentes. Luego resuenan tres tiros, como de escopeta.

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Los Cuatro Chanchitos de Maicao – WebPix – Gino Lofredo (2009)

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El Reta se agacha detrás de la Africana. Wisky sigue de pie atento a los detalles. Wisky cuenta los segundos en el cronómetro. Los dos encasquetados salen, montan las motos y arrancan sin prisa excesiva. Al llegar a la siguiente transversal se separan y desaparecen por calles laterales. ¿Cuánto cree que duró la visita? Para el Reta un cuarto de hora. No llegó al minuto cincuenta y cuatro segundos.

Wisky lo toma del brazo y le hace cruzar la calle como si fuera un niño. Entran al matadero. Notable lo que puede hacer un plomazo 9mm al explotar en un cuerpo. Los que no están deshechos del todo dan alaridos.

Los perdigones están salpicados en el cielo raso. El que disparó la escopeta está atravesado en el suelo de la cocina donde pita una olla a presión. Hay un hombre de rodillas junto al sillón de la sala. Se sostiene las tripas con una mano y putea a la madre que parió el mundo. Una mujer se tambalea hacia la salida y se agarra del cuello del Reta que no puede sostenerla y la deja caer. Vámonos, dice Wisky.

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Envidia Tristeza biombo

Cuentas Turbias Amistades Cortas – Uribia, La Guajira – Foto Gino Lofredo (Junio 2009)

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Camioneta Maicao a Venez

Pensando en el Otro Lado – Foto Gino Lofredo (2009)

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Pimpineros Lofredo Uribia VA

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La Gota Fría
Rafael Escalona

Me lleva él o me lo llevo yo
pa´que se acabe la vaina

Me lleva él o me lo llevo yo
pa´que se acabe la vaina

Moralito, Moralito se creía que él a mí,
que él a mí me iba a ganar
y cuando me oyó tocar
le cayo la gota fría

y al cabo é la compartía
el tiro le salió mal
y cuando me oyó tocar
le cayo la gota fría… la gota fria

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Rafael Escalona

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Murió uno de los grandes de la música colombiana

Redacción Tribuna Latina. Rafael Escalona, uno de los compositores musicales de mayor reconocimiento en Colombia, murió ayer en Bogotá después de varios días de hospitalización. Escalona, amigo desde la juventud del nobel de Literatura Gabriel García Márquez, deja uno de los lutos más sentidos en la música vallenata.

Cuando Escalona irrumpió con sus composiciones, el vallenato era un género musical de analfabetos y campesinos. “Por eso me crecieron tanto las orejas, porque por estar oyendo acordeoneros, mi mamá (Margarita Martínez) me tiraba de las orejas y me decía que eso era para los plebeyos”, recordaba el compositor.

Las letras de sus canciones, más que lamentos lastimeros, eran crónicas de lo que ocurría en su entorno. Canciones como El testamento, El bachiller, La vieja Sara y El hambre del liceo, entre otras, no sólo pusieron a bailar al país entero en la década de los cincuenta, sino que atrajo la admiración incondicional de quien fuera después uno de sus mejores amigos: Gabo, y con quien protagonizaría infinidad de anécdotas.


Hace algunos años, el escritor de Aracataca escribió, en una dedicatoria de un libro para Escalona: “Al hombre que más admiro en el mundo”. Al músico no le agradó, pues en el lenguaje macondiano aquello no representaba más que una ‘mamadera de gallo’, sin embargo el nobel le respondió que no, que la dedicatoria era sincera, pues él a quien más admiraba es “a quienes son capaces de hacer bien las cosas que yo no sé hacer, como componer vallenatos”.

Gabo confesaría en alguno de sus textos que sabía de memoria las letras de Escalona, sobre todo El hambre del liceo, por sentirla tan suya en su época de estudiante (lea al final del artículo).

Escalona es uno de los personajes ficcionados en la novela Cien años de Soledad. De hecho, además del propio García Márquez, el músico era el último de los personajes que seguía con vida.

Otra de sus amistades más cercanas fue la que mantuvo durante casi medio siglo con el ex presidente de Alfonso López Michelsen, con quien fundó en 1967, en compañía de Consuelo Araujonoguera, el Festival de la Leyenda Vallenata, adonde acuden, año tras año a finales de abril, los mejores acordeoneros de toda la región.

Para resaltar la importancia del maestro Escalona, el ex presidente López escribió: “Nadie puede convertirse en poeta si no nace con ángel. El de Escalona es grandote (…), porque siendo un hombre letrado consigue ser un creador de folclor que alcanza una popularidad de dimensiones increíbles. Es uno de los más extraordinarios fenómenos colombianos entre mis contemporáneos”.

La vida de Rafael Escalona, atiborrada de aventuras y bohemia, fue llevada a la pantalla chica en una serie musical de varios capítulos protagonizada por Carlos Vives. Titulada simplemente ‘Escalona’, el éxito de la serie marcó un antes y un después en la producción de la televisión colombiana.

Últimas dos estrofas de El hambre del liceo:

Y ahora reconozco que esto castigo de Dios
Por lo pretencioso que allá en mi casa era yo
Me ponían de todo y a mí nada me gustaba
Y ahora me conformo con esta comida mala.

Cuando algún amigo me dice: voy para el Valle
Yo escribo a mi casa y ná más pongo en el papel:
Que me manden de comer, que a mí me está
Matando el hambre y con la letra bien grande
Escribo abajo Rafael

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 Wisky Opina: Yuca y Ají

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Goajira Peninsula 1885 – Mapa de F.A.A. Simons – por Chimichagua

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Las autoridades de Maicao se encuentran preocupadas por la ola de violencia desatada esta mañana que dejó como cinco muertos y múltiples heridos. Una pariente de una de las víctimas dijo que estaban acabando a su familia y pide la intervención del Estado colombiano para esclarecer la masacre: “Pido la presencia de los Derechos Humanos, porque a nosotros los Wayúu, nos están matando”.

La policía indicó que ofrece 20 millones de pesos (unos ocho mil 900 dólares) de recompensa a quién dé información que permita la captura de los responsables.En el acto criminal murió un hijo de José María Barros Ipuana, alias ‘Chema Bala’ detenido en la cárcel de Cómbita por la masacre perpetrada por el Bloque Norte de las Autodefensas Unidas de Colombia, en abril de 2004.

Eso dice el locutor de RCN televisión mientras Isidro, Rosquillo y el Reta chupan los huesos de la sopa de chivo con patacon frito en el comedor de la gasolinera a la salida de Maicao dirección Riohacha. El Reta come callado. Wiski, el hombre que le hizo ver el tiroteo está en una mesa preferida cerca del ventilador con otra gente que lo escucha con cara de arepa cruda. Wiski ignora la mesa del Reta y sus amigos como si nunca los hubiera visto antes. Wiski habla.

Derechos humanos la verga. Ingenuidad. Wiski habla como si discutiera con el locutor de RCN. Esa masacre estaba anunciada desde que se robaron la droga. Pero creían que los paisas no tienen sapos en la Guajira, que pezar que los mismos indígenas se sapearon. Beben cerveza. Yuca frita y ají.

Ahí están pintaditos. Los Valdeblanquez, los Barros, los Palmar, los Mendiola, Epiayu, Ipuana. Los mismos con las mismas. Dejen de robar coño! Wiski habla fuerte y se lo escucha en todo el comedor. Pero cada cual mastica lo suyo.

Todo el mundo lo sabe. Hubo un tumbe de una cocaina en La Alta. Una lancha se volteó y se tumbaron la droga. Ellos la vendieron y festejaban el tumbe. Eso les pasa por andar robando droga a los cachacos en La Alta Guajira, estaban fetejando el tumbe y les dieron por donde era… fuellar.

La gente escucha a Wiski pero no lo miran: beben, mascan y ojean de lado la tele donde ahora hacen la previa de un partido del Cali contra el Chivas de México en la Libertadores. Son familia de los de Portete, bueno de lo que fue Portete. De aquello esa gente no se olvida más. Son los de afuera que no saben. Cuándo fué lo del Rally del Desierto?

Estuvimos mirándolos correr. Volaban por las trochas. Tanta vuelta se perdían. Unos pasaron por Portete y se metieron como si fuera de nadie. Los viejos y las doñas anillando el cementerio para que no atropellaran las tumbas. Abrazados a las cruces de barro. Falta de respeto. Es que nadie les explica a los del Enduro. Los camuflados de amarillo, los especiales les prestaron helicópteros. Andaban como plaga por cualquier parte. Hasta entre las chozas.

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Cabo de la Vela Punta Morro

Cabo de la Vela – Punta del Morro – Foto Gino Lofredo (2007)

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Pistola de Oro bw

Oro en la Pistola: Sildanefil – Photo James Convince (2005)

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A un catire de Miami que se estropeó contra las piedras lo sacaron rapidito a Riohacha. Iba con otro que parecía turco pero era francés de Dakar según los de la radio. Un guajiro puede estarse muriendo y no lo sacan ni a cagar.

Ayer mismo un veterano andaba solo dando vueltas por ahí en una moto grande, azul y blanca, cargada como si viniera de lejos y se fuera de largo. Iba suave mirando todo pero estaba perdido y daba vueltas al mismo sitio. En eso se sale de la trocha y pasa justo por donde fue lo peor de lo de Portete, donde las mujeres y el primer malentierro. Como si nada pasaba el veterano. Unos carajitos le tiraban piedras para alejarlo. Él hacía señas saludando, siguiéndoles el juego. Hoy temprano estuvo en lo del Socrates haciéndole ajustar la poderosa. Una belleza esa máquina. Dos cilindros.

Y ahora hay Guajira Fashion. Cielito lindo. Cuanto te quiero. Corazoncito llevame contigo. Caballero el desierto da para todo, para todo da el desierto. ¿Y tú, porqué no te callas?, dijo el Rey. ¿Porqué no te callas?

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Milagros – Cabo de la Vela (2007)

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Sütsüin Jiyeyu Wayúu

Ellos merecen ser recordados en nuestra memoria, para que sus almas descansen en paz, para que puedan emprender el viaje a Jepirra, el lugar de nuestros muertos. Ha llegado el momento de entender que la sangre de nuestros muertos, clama verdad. Los espíritus de los muertos Wayúu serán quienes sigan guiando la luz de nuestro camino para quebrar la impunidad, lograr la reparación y restituir su buen nombre.

La pequeña relación de nombres y hechos que usted verá más adelante, en modo alguno pretende hablar por los familiares de todas estas víctimas, ni mucho menos representarlos. La Sütsüin Jiyeyu Wayúu – Fuerza de Mujeres Wayúu, simplemente pretende hacer un homenaje para que sus nombres no caigan en el limbo de la desmemoria y hacer visible la tragedia por la que han atravesado muchas comunidades de nuestro pueblo.

Damos a conocer una larga lista, desafortunadamente aún parcial e incompleta, de asesinatos y desapariciones forzadas de gente Wayúu, ocasionadas por los actores armados, principalmente paramilitares y autodefensas, entre 1998 y 2007. Hasta la fecha son más de doscientos crímenes contra gente de nuestro pueblo que se están conociendo, pero con seguridad en la medida en que los familiares se animen a denunciar, saldrán a la luz otros hechos.

Si los asesinatos y desapariciones de nuestra gente han pasado desapercibidos y han sido invisibilizados, la misma suerte aconteció con los innumerables desplazamientos forzados de comunidades enteras que se presentaron y aún se presentan, los cuales ni siquiera aparecen en los reportes oficiales.

Las mujeres Wayúu que hemos emprendido esta lucha podremos descansar nuestros corazones sólo cuando los desaparecidos puedan mostrar su rostro o ser adecuadamente enterrados según ordena nuestra tradición. No descansarán nuestros corazones hasta que se conozca la verdad de los crímenes cometidos contra nuestra gente, hasta que se reconozcan los desplazamientos forzados que aún se presentan. Las comunidades del pueblo Wayúu afectadas por la violencia política deberán recibir colectivamente las reparaciones debidas. Hasta entonces no tendremos descanso.

Para que Nunca Más vuelvan a repetirse estos hechos, las mujeres de la Sütsüin Jiyeyu Wayúu – Fuerza de Mujeres Wayúu, unimos nuestras voces en una sola voz para decir: ¡Basta Ya!, ¡Ya no más crímenes contra nuestro pueblo!

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Mujeres Fuerza Wayuu

“Las Almas necesitan nuestra Memoria para Viajar al Descanso y la Paz del Jepirra”

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Salar de Manaure – La Guajira – Colombia – Foto Gino  Lofredo (2007)

Un abuelo de Isidro pescaba perlas en un fondo cerca de la Isla Margarita cuando la cola de un ciclón lo cogió por el pellejo y lo soltó en La Guajira medio muerto. Los Wayuu lo curaron y lo alimentaron con sopa de mar y secos de chivo. Cuando mejoró volvió a lo de las perlas y le fue bien. Se prendó con una Guajira y aprendió a hablar con dulzura. Pasó más de un año hasta que los antiguos los dejaron casarse. Se sabe cómo evitar la inseminación: la mujer unta con prudencia el miembro masculino con un aceite espeso y negro hecho con tinta de calamar y grasa viva. El margariteño se hizo querer y quiso.

Después de casados tuvieron siete hijas y ningún varón. Siete mujeres. Siete bellezas. De la más joven nació Isidro en Cabo de Vela. Fue pescador y marinero. Recorrió el Caribe y aprendió las lenguas de las islas. Un tiempo trabajó en las Salinas cuando eran de todos.

Un hombre que decía ser sobrino o nieto del margariteño, por lo menos primo de Isidro, casi hermano incluso, ayudó a Retaguardia a sacar la Africana del salar donde se hundía como una almeja.

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Se hundía en el Mar Muerto. El arenal salado se la tragaba. A la vista de Sodoma y Gomorra. Pilares de sal. Palas mecánicas cargando volquetas de sal. El Reta intentaba impedir el naufragio con palos resecos atravesados bajo el cárter. El que pudo ser del mismo vientre de donde salió Isidro hizo acercar una buldózer que clavó la pala por debajo de la Africana, la zarandeó para separarla de la mezcla de sal y arena y la levantó al tope como si fuera un cangrejo, un ermitaño tímido en una mano infantil.  El operador retrocedió la máquina con la Africana inerte en alto. Los dos focos sobre los dientes de hierro en el filo de la pala son como dos ojos desorbitados, temblorosos, que le piden perdón por la torpeza de hundirse en el salitral arenoso. El Reta bosqueja una sonrisa triste pero alentadora, como si le dijera no te preocupes vieja que de esta salimos y no fue tu culpa más bien fui yo que me descuidé y no vi que estaba todo flojo ahí, tranquila vieja que ya salimos.

Dos trabajadores ayudaron a ponerla de pie. Con la manguera de agua dulce chupada de un tanquero le quitaron el susto y al segundo intento arrancó tosiendo un poco y agradeciendo efusivamente a todos los presentes, siguieron coleteando en las trochas trenzadas camino al Cabo de Vela. Cuando se alejaba alguien dijo que Dios cuida a los borrachos y a los veteranos que ya no saben lo que hacen, ¿no es cierto primo? A todo pescuezo le llega su guadañazo aunque se lo tape con la barba hasta el ombligo.

El Reta partió siguiendo de lejos a un camión que atravesaba el salar hacia una línea de alambres. A un lado de la trocha había cinco carretillas de madera cargadas de sal y unos puñados de paja. No había nadie más. Las carretillas estaban solas. Perfectamente alineadas como esperando que alguien diera la señal de largada y empezara un rally salino sin pilotos. El camión siguió. El Reta se detuvo y pasó un rato buscando una explicación a la escena en la que había sido insertado. Nada. No, nada no. Todo.

Llegó a Cabo de Vela siguiendo las huellas de la 4 por cuatro de dos italianos y dos españoles, de pronto el mar que parece ser el primer Caribe cierto, bruta bestia durmiendo una siesta de tranquila transparencia. Chozas, canoas, jaulas de arcilla esperando que las fondeen para cobijar langostas, cangrejo, ángeles, fundas de perico, y anguilas.

Llueve, es la cola del ciclón Dean que esta pasando justo al norte de Riohacha, entre la Guajira y el caserío de las dos banderas y las cuatro lenguas donde se juntan Haití y Santo Domingo, donde ahora también se está cayendo el cielo y se tuercen las palmeras hasta tocar con los cocos la arena y la espuma salada.

Un puesto de espejismos ofrece la felicidad del agua pura de coco bien helada en medio del laberinto de trochas de arena chupacabra. Un rostro digno pintado con ceniza negra. Ranchería sobre una loma. Silueta de un pastor niño sobre una roca contra el cielo nervioso y espeso de nubes al noreste, eléctrico.

Faro del morro Cabo de la Vela

Faro del Morro – Cabo de la Vela – La Guajira – Colombia – Foto Gino Lofredo  (2007)

Atardecer en la Punta del Morro después de una siesta. El Reta conoce a la Dra. Ercilia Maberek, Jueza de lo Penal dando cursillo sobre el Debido Proceso y los Derechos Humanos en Riohacha. Viene de Bogotá o de Medellín.  La gente de la Sierra se desata cuando toca el mar. El atardecer amarillo rojizo sobre la espalda virgen de sol, pecosa, cabello cobrizo. Chispas de sol en los ojos claros celebran ausencia de grises escritos judiciales. Pausa en el desfile de codicias y miseria. Pausa en la soledad del camino. Maberek se interesa en el viajero solitario. Que de dónde viene. Del Sur, de lejos, de allá. ¿Casa, familia, hijos? El Reta no le despega la mirada. Sonríe. Asiente. Hace un gesto abarcador como señalando más allá del horizonte.  ¿Y en qué trabaja? Jubilado dice y se ríe como si él mismo no se lo creyera. Motociclista a tiempo completo. Usted sí que tiene suerte. Sonríe. ¿Y antes? ¿Antes? Sí, antes de jubilarse. No habrá nacido jubilado. Hay que jubilarse de algo. El Reta está pegado a los ojos verdes de la Doctora Maberek.  Sí. Tiene razón. Lo que toca. Tantas cosas.

Cabo de la Vela Punta Morro

Cabo de la Vela – Punta del Morro – Foto Gino Lofredo (2007)

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Al Reta lo distrae algún recuerdo. Sólo un instante y vuelve a los ojos. Saca dos caramelos del bolsillo y convida. Está acostumbrado a que lo miren como bicho perdido. Pero Maberek parece mirarlo con ternura, como si él fuera el más joven, como si fuera un muchacho y no un veterano pidiendo pista al final del último vuelo. Caminaron de regreso a las chozas. Pasaron frente a la Africana. El Reta dijo algo acerca de dar un paseo.  Algún día me gustaría. Salimos de madrugada. El curso a las siete. Buenas noches. Sí, claro. Descanse bien. Y fin. Nada. Otro inconsecuente principio de calentamiento y cuando se apaga el generador y callan las de vaqueros. Palabras y risas en una choza. Sombras de vela entre el mínimo rumor del mar y en la Punta del Morro el faro repite el ciclo de 7 cortos puntos de luz y dos tiempos ciegos. Cactus, ripio, polvo, lagartos, conchas y moluscos incrustados en el cascajo guajiro. Fondo de mar con cabras. Camino a Uribia, capital indígena de La Guajira.

Aclara casi con frío en el Cabo de la Vela y lo que primero se oye entre sueños son los pescadores sacando los botes del mar, los golpes de remo, el regateo por la vida, proteínas para los  que pagan. Hacía mucho que no dormía seriamente en un chinchorro y se acordó cómo hacerlo atravesado. Aclaraba cuando sacaban la pesca. Una manta raya con cola de metro y medio se enredó por descuido. Le clavan en las agallas un gancho afilado y la arrastran hacia la arena seca. El pescador coge un tronco y la apalea. El animal ciego latiga la cola y el hombre la esquiva como saltando a la cuerda. La golpean hasta que deja de moverse. Dicen que es sabrosa y que se la pone dura hasta a los muertos. Dedo índice izquierdo al pliegue del codo derecho. Al Reta le gustaría desayunarse con filete de manta raya, arroz, queso de cabra y café pasado. Se le ocurre que se está volviendo Guajiro.

PLAYA GUAJIRA SOLA
Playa Guajira (2007)

Los italianos devoran langosta recién secuestrada del mar, los manotazos y pellizcos, pataleando la meten en la olla hirviente. Instantes de asombro, atroces quemaduras, rendición y paz en la reencarnación inminente, con arroz, plátano frito, queso fresco,  jugo de frutas y café con leche. Pronto estarán en Roma. Vestidos como se debe. Esquivando tráfico en una Vespa. Ni se imagina la langosta.

Un italiano explica a Retaguardia que en Europa ya no se puede y tampoco vale el esfuerzo. Somos profesionales dice: diez años en arquitectura de sistemas, sí, aunque no parezca. ¿Y sabes de qué vivo? Enseño a una docena de nostálgicos seniles como usar el Photoshop para juntar 500 euros al mes. Mejor no te cuento cómo completo el alquiler. Doy masajes en un Spa para las turistas de cualquier parte. Fisioterapias revitalizantes de lo que quieras: ¿De barro caliente? ¿De chocolate con crema? O prefieres el completo, el de pura mierda con enjuague urinario: Fetiche se llama. Las unto con lo que quieran les doy masaje y si quieren les doy por el culo. En Italia quedan modistas, mafiosos, diseñadores de interiores y bellos africanos superdotados genitalmente por el Demonio en Celo. No hay anillo que aguante, aquello son puños… Para trabajar en lo mío tengo que huir a Massachussets, Austin,  New Jersey  y llevarle las cuentas a Tony Soprano. ¿Sabías que nosotros armamos el programa de la Amazondotcom? Sí nosotros, italianos y meridionales le programamos a la Amazon la mejor herramienta de ventas por la red. ¡Masaje un cazzo! Estaba buena la langosta. Seguía coleando hasta que la pinté con ají. Putanesca.

El catalán cartunista desayuna con estilo propio: tres coca colas, dos aspirinas, dos tazones de café tinto, tres cigarrillos sin filtro. Luego respira hondo y eructa. Moja el carboncillo con la punta de la lengua y bosqueja la primera caricatura del día: el personaje es Ingrid, la niña que vende pulseras, que se burla de todos y muestra sin pudor su inteligencia. Está bien el dibujo pero Retaguardia no alcanza a leer la burbuja. Quizá diga: ¿y tú por qué no te callas, eh? El fotógrafo de ABC.Barcelona.es llega con dos cámaras al cuello y una en mano, saluda profusamente a todos los presentes, se felicita por lo que pudo tomar prestado del alba y prende un porro inhalando largo y profundo. Ingrid le pregunta si no es temprano para eso. Temprano era cuando empezó a despertar horas antes. El mar está ligeramente revuelto. El ciclón que se aleja sigue haciendo travesuras. En la radio del catalán alguien dice que está barriendo Jamaica,  que va, que vuelve, que quien sabe. Hay que alistarse para retomar el camino.

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Llovió durante la noche y la arena está más floja donde crecieron los charcos. Tan pronto se alejan del caserío los italianos en su cuatro por cuatro desaparecen en el laberinto de trochas y huellas. El Reta intenta seguirlos hasta que al pasar por segunda vez el mismo zanjón se da cuenta que los otros están perdidos y que mejor disfrutar con calma que intentar seguirles el tranco.  Cuando se sigue a alguien en camino desconocido se tiende a la distracción. Uno deja de buscar los referentes que necesita ordenar para orientarse.

En cuanto se alejan los punteros el Reta nota la diversidad que lo rodea en el desierto. Caseríos, cabras, la vegetación rastrera, racimos de espinas. Al prestar más atención al entramado de  trochas y huellas nota las diferencias:  unas transitadas después de la lluvia, otras cruzadas por las enredaderas del viento.  Unas que sólo van y otras que sólo vienen. Ramales menores que apuntan a un caserío lejano, un cementerio, un corral vacío. Sólo huellas de bicicleta por un costado y de llantas lisas de camión por otro.  Hay troncales, ramas, senderos peatonales, pasos de ganado, perros sueltos y cabras de patas flacas y ojos salidos.  Se le cruzan lagartos y aves corredoras, jaspeadas de gris, como gallinas enanas, de pico negro y sin cogote.  Ante tanta cosa viva y tanta forma nueva el Reta rueda tan lento como la arena le permite sin dejar de avanzar, evitando detenerse y que el suelo le chupe as ruedas y se lo trague.

El ronroneo de la Africana es parte de sí, como su respiración. No lo piensa. Lo oye sólo cuando no suena como debe.  Ahora atiende los sonidos más allá de sí  y de su monta. Es un zumbido guerrero, como el de  una sierra cortand metal. Se acercan y se alejan, estan por todas partes. Lo rodean. Son muchos. Se detiene en un parche de suelo firme y apaga la máquina. Se siente rodeado de motosierras volantes, chillonas, histéricas, invisibles. Le viene encima un enjambre de avispas enpericadas.  Algo inhumano se está comiendo el desierto. Mal paridos son los Bungas del Motocross. Tan rápido como llegan se alejan  por las trochas entre las dunas y desaparecen. No vuelve el silencio. Le queda un tintineo agudo, como si la punta de una aguja se apoyara contra el tímpano, y una sordera como las que dejan los megaparlantes asesinos de un concierto de rock.

Pala moto Manaure

Sal en los Huesos – Nick Veasy X Rays – Gino Lofredo (2009)

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El primer pinchazo guajiro del viaje ocurre cuando la llanta delantera golpea de mala manera una piedra filosa, diez kilómetros antes de Uribia, cerca del mediodía, cuando el calor agarrotaba la nuca. Cuando la llanta se desinfla gradualmente al principio el conductor no se percata. Piensa que es el camino o que él mismo se distrajo o está mareado, quizá por no reponer los líquidos que le quita el calor seco del desierto. Luego nota que la moto no responde a sus toques de timón como debiera. Se desliza sobre la arenilla y el ripio suelto como si estuviese cansada y necesitara detenerse y vomitar. Para entonces ya no se puede intentar frenar. Se la deja rodar hasta que por sí misma se detenga. Siempre queda torcida, mal inclinada, con la trompa gacha, como si quisiera disculparse o estuviera avergonzada. El Reta la acomoda contra la banquina y le anuda al portaequipaje una franela roja que señale su presencia. Los italianos con el cuatro por cuatro deben estar más adelante y van apurados. Isidro se bajará en Uribia y ellos seguirán su camino solidario hacia el AirBus de Alitalia Cartagena-Roma. No tiene mucho que intentar. Solo no puede sacar y reparar la llanta.  Por la ruta no pasa nadie a esa hora. Esperará que cambie el viento, la hora, la suerte.

Trepa por el talud que bordea el camino en construcción y busca sombra entre unos arbustos de tronco espinoso. Apoya  la espalda contra una roca que dobla su altura. Está a unos 40 kilómetros del mar. No hace tanto tiempo las piedras removidas y expuestas cuando las máquinas trazaron el camino y abrieron las cunetas estuvieron en el fondo del mar.  Algunos millones de años. Tienen incrustados fósiles de crustáceos. Hay tantas. Busca las que muestran  las formas más completas, espirales con celdas, parte del espinazo de un pez si cabeza, la pinza de un cangrejo violinista, conchas cerradas, escondidas en la arcilla que se deshace al tacto en un talco amarillo y pálido. Se decide por tres piezas que le impresionan y las guarda en el bolsillo de la mochila. Hay hormigas rojas, culonas, voraces. Cargan disciplinadamente trozos selectos de hojas en un desfile voluntarioso que desaparece entre una piedra y el asomo de una raiz retorcida.

El calor y el silencio de la espera lo adormecen.  Un hombre mayor apoyado contra el peñasco lo ve y se acerca. Tiene aspecto de una persona de autoridad. Lleva un bastón labrado que le llega a la altura de los hombros. El hombre le alcanza el bastón a Retaguardia que se pone de pie para recibirlo. El hombre le habla en su idioma y Retaguardia cree entender que se trata de un bastón mítico de los palabreros Wayuu. Es un bastón de una madera oscura y muy dura, pesada, está labrado con la historia de la Guajira desde el arribo de un pájaro mensajero en la tormenta, la aparición del arco iris, la vida del mar, los barcos y batallas. Al Reta le parece que allí está todo lo sucedido desde el inicio hasta el presente en que todo termina. Todo labrado desde la empuñadura hasta la punta del estilete de plata apenas hundido en la piedra rodeado de fósiles marinos.

http://www.aragosaurus.com/secciones/in_pl_noc/img/Fosiles_marinos.jpg

Clávelo en la piedra, dice el hombre. Sin miedo. No se daña. Apóyese hasta que sienta corriente. Pídale  lo que quiere saber. Pregunte y escuche. No hay laberinto sin salida. Retaguardia se imagina que el bastón es un polo a tierra entre su corazón de bisoño aspirante a palabrero y sus viejos, sus padres y los padres de sus abuelos. Sí joven, para eso es, para escuchar a los de antes, los que le dieron la vida. Ellos saben del amor, la locura y las máquinas de movimiento. Tiene que estar con ellos para llegar sano a su destino. Es lo más importante: llegar sano a la muerte. Usted ya sabe a dónde apunta este viaje. ¿No es verdad? El bastón es el puente con su gente, los suyos, su tribu, su cuerpo y todo por la palabra. Le señalará por dónde, le ayudará a persuadir, integrar, le enseñará a cantar, enamorar, defenderse, a ser justo. Ya es muy tarde señor. Todo los errores ya fueron cometidos. ¡No sea tan pendejo carajo! Mírese en el ojo del bastón, usted es un crío que no termina de nacer y se queja de que ya es tarde. Bestia, que viva el cuento cabrito nuevo. Que viva el cuento. Y ya no llore.  Chúpese las lágrimas, trágueselas pendejo. Bueno y ¿cuántos bastones va a llevar? Le hago buen precio… No crea que son todos iguales, cada uno tiene sus detalles. Mire tranquilo sin compromiso Mister. El anciano ahora es un vendedor que ofrece artesanías a los turistas y los bastones son paraguas de colores. Uno no más Señor. Con uno me alcanza. Gracias. Me quedo con este rojinegro que me gusta. Me trae recuerdos.  El viejo le deja el bastón y Aparicio Retaguardia vuelve a cabecear, ni dormido ni despierto en el calor como un tábano, pesado y torpe. Isidro dijo que la Guajira salió del mar en el cuaternario. ¿Cómo sabe? ¿Qué es el cuaternario? Hace poco entonces. Cara de pescado tenía el viejo. Aparicio no presta atención a las aves que lo rodean de cerca: colibríes chupacactus, bichofeos de cabeza roja, hormigueros verdeamarillos, el gavilán merodeando como si no pasara nada, como si no tuviera en pantalla media docena de roedores y reptantes, almuerzos en potencia.

El pitazo lo saca del sopor arenoso. La camioneta amarilla se detiene junto a la moto que abajo en el camino de piedra y polvo parece abandonada. El Reta ve que lo buscan. Deben pensar que se fue por ahí.  Es Isidro que vuelve al rescate con otro primo, con el afiliado a la cooperativa del gremio del volante. El Reta los ve conversar desde arriba pero aunque no entiende lo que hablan se le ocurre que se preocupan por él. La punta del bastón que le vendió el viejo no parece de plata, más parece de lata, sí acá se ve una mujer, … ga… Sar… dinas La Galle…

Hay que sacar al Alíjuna, al Aparicio, al Argentino Retaguardia, como se llame, qué coño, a él y a su moto hay que sacarlos hasta Uribia. Que la arregle y se vaya.  Por donde sea: que salga o se lo cargan. A Venezuela mejor. Medio día a Maracaibo y ahí tranquilo. Si se vuelve al sur quién sabe. No volver al sur se le complica peor.  Trepar en piedra es más fácil porque uno ve donde pisa. Bajar ciego y cansado es jodido. Acordate que te dije primo, al Gringo algún huevón se lo carga y si es en la Guajira nos endosan la factura.  Bien labrado el bastón y se agarra bien entre las piedras. Como que quitara el cansancio, buenazo. Del Alíjuna en moto hablan por todo lado. La doña en Tolú me dijo que había estado por Caño Limón, curioseando, decía que andaba perdido y que iba a la Punta que viajaba no más por gusto. Lo pararon los del batallón en la troncal y le dijo al capitán que era ingeniero de las minas y quería ver El Cerrejón. Dicen que le decía al Capi que eso era lo máximo, cosa seria, dice que insistía que con estos ojos quería verlo.  Ayer llegó de Cartagena y dicen que lo vieron en Tambacú queriéndose levantar una mulata que le había sonreído al veterano pero que tenía marido la verga de celoso. Decía que quería sacarle fotos, que era periodista de la ce ene ene. Cuando supo el negro salió a correrlo con el machete alzado.  Si no lo frenan en el paradero le da un sablazo y al barranco con moto y todo. Está loco ese. Sigue vivo de milagro. Loco no primo. Tonto tampoco. Es que se cree muchacho, cree que puede y le da palante. Como que se olvida… Apoyarse en el bastón le refresca la cabeza, le aturde menos el calor. Da un rodeo y sale al camino a un buen trecho delante de la camioneta.

Muchacho un carajo. O tiene un ángel que lo protege o está arreglado con el cornudo, porque nadie entiende qué hace ni para quién trabaja, y acá el que no está con nadie está con cualquiera, entonces si alguno se lo carga por deporte o por pendejo y si resulta que con alguien estaba entonces analice primo: ¿quién paga los gastos? a ¿quién le endosan la factura? Analice. Porque además fíjese que diga lo que diga que es de Central, que ni izquierda ni derecha, resulta que viaja con pasaporte del mismo Washington y estuvo en todo lado como Papá Noël. Sellos en chino, en árabe, y demás. Isidro y el primo siguen en la camioneta. El primo parece el más preocupado. Se limpia el sudor con un trapo. Isidro está más tranquilo. Ese en algo estuvo. Mire que hasta fue a Moscú. Ahí dice en el pasaporte, y en el Moscú de antes cuando todavía era ruso imagine. Hay que sacarlo primo. Si le pasa algo nos cargan la leña y dale bala con la matraca, jaleo. Mucho loco suelto primo, esto no da más. Ya mismo hay candela, verá mañana, verá. Ahí viene Don Aparicio mírelo y con bastón de palabrero viene. De dónde… Disculpe Isidro, Señor, me dormí con el calor ahí arriba hasta que pitaron.

Tranquilo Tío. Que acá estamos entre amigos y hay que hablar claro. A mi primo aquí lo conocen como Rosquillo. ¡Salúdense coño! Salúdense que acá nadie muerde a esta hora. Usted don Aparicio capaz que escuchó algo de lo que decía el Primo… No, qué voy a escuchar si estoy cada día más sordo. Algo les tiene agitados eso sí se veía desde arriba. Hablábamos que nos preocupa la salud de Usted. Lo que pasa es que a veces parece que no tiene claro dónde en dónde pisa, porque si está de paso y nos visita  queremos que disfrute y que cuando vuelva a su tierra se sienta bien, hasta que se lleve un amorcito de lo nuestro, ¿cierto? ¿De dónde era su tierra Don Aparicio?  Uno al final se olvida y entonces cualquier sitio da lo mismo pero yo soy del Sur, bien al Sur.

Subir la Africana al cajón de una camioneta es casi como cargar un muerto para llevarlo al entierro. No exagero y disculpe que no quiero faltar el respeto porque cada cual tiene sus cosas con los muertos y no me vaya a interpretar que la Africana, en fin que la moto pueda compararse con sus finados Don Isidro. Isidro y la niña Ingrid terminan de amarrar la Africana a los ganchos de frente y de costado. Animal resignado. Quieto. Sólo mira por los focos a un lado y al otro con la curiosidad de quién está lastimado y no sabe a dónde lo llevarán para que lo curen.  Primer transporte en camioneta. Subir la África que es como el albatros de Baudelaire. Divino en el aire acompañando al navegante sobre las olas. Torpe sobre la cubierta arrastrando las alas. La África en el cajón de la camioneta, desinflada por delante, renga de costado. El Reta sosteniéndola como para darle ánimo, que no llore, no se rinda. Un drama tener la moto lastimada…

Primo la cosa circula. Muchos saben. Gente amiga averiguamos. Nada malo con el veterano. Es como cualquiera. Un poco desgastado y el aire despistado como si viera las cosas de otro modo. ¿Será otro loco de la guerra, de las causas perdidas? Bueno eso somos todos: causas perdidas y guerras por ganar. ¡Ay mulata! Tus caderas me arrebata… no me mires así que me caigo al fondo de tus ojos… No me mires más así…

Bueno pero hay que salir de acá. Va a pasar el tren de las ocho y la seguridad está de punta y afilada. Está oscureciendo sobre el desierto. Refresca. Los vehículos encienden luces y se mueven en una polvareda como aureolas de santos en éxtasis. Tenemos que salir del camino hacer noche. Estamos cerca del Portete… La trocha empieza allí delante. El Reta ve una huella en el polvo que se insinúa apenas entre los arbustos,  a contraluz de un cielo  tardamente encendido.

Esa trocha va hasta la Bahía. Hasta donde el Muelle del Chema, que estuvo abandonado un tiempo por respeto, y donde ahora que están montando una discoteca megaláctica. El tiempo pasa pero no cura. En Portete están sólo las mujeres y los viejos, pocos pero buenos. Verá. Vamos que es tarde. El Reta se anima: sí Puerto Portete, la Bahía. Puerto Bolívar. Se podrá ver cómo se llevan el carbón? El tren de los cien vagones… Los cargueros sin tripulantes que se pierden en la niebla. Cállese. Escuche. Ese es el de las ocho. Viene de la mina va a Puerto Bolívar.  Escucha el ronquido distante y estable de los motores. ¿Qué quiere con el trencito? ¿Quiere cambiar la moto por una locomotora? Hacemos noche allí y mañana vemos como amanece… Me gustan los trenes desde chico. Ahhh.  Antes usaban una zorra para revisar y reparar los durmientes. Le decían zorra. Dos empujaban, sube y baja, un reloj. Acá son Brujitas. En los tramos abandonados la gente se empuja sobre los rieles con un palo como de escoba larga, empujan la zorra como canoa. Eso. Quiero poner la Africana bien amarrada en la zorra y con la rueda contra el riel. Una maravilla. Eso quiero hacer un día Rosquillo, y llevarla zorra cargada de niños y remontar barrilete. Cielo despejado. ¿Que dirán los de la mina? ¿Tío tú estás fumado?. ¿Qué le dieron además del bastón?

El Pájaro Rengo: Los marineros suelen divertirse cazando alguno de los grandes pájaros del mar que siguen como indolentes viajeros el barco que se desliza sobre abismos y amarguras. Apenas los arrojan sobre cubierta, los príncipes del cielo se vuelven torpes y avergonzados. Aflojan un ala enorme y la arrastran como si ya hubiera muerto.  Ahora débil e inútil el viajero. Grotesco. Con el tabaco encendido un marino le quema el pico. Rengo, inválido, casi vencido. Albatros.
Souvent, pour s’amuser, les hommes d’équipage
Prennent des albatros, vastes oiseaux des mers,
Qui suivent, indolents compagnons de voyage,
Le navire glissant sur les gouffres amers.

À peine les ont-ils déposés sur les planches,
Que ces rois de l’azur, maladroits et honteux,
Laissent piteusement leurs grandes ailes blanches
Comme des avirons traîner à côté d’eux.

Ce voyageur ailé, comme il est gauche et veule!
Lui, naguère si beau, qu’il est comique et laid!
L’un agace son bec avec un brûle-gueule,
L’autre mime, en boitant, l’infirme qui volait!

Le Poète est semblable au prince des nuées
Qui hante la tempête et se rit de l’archer;
Exilé sur le sol au milieu des huées,
Ses ailes de géant l’empêchent de marcher.

L’Albatros — Charles Baudelaire

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albatros y gata

Cabo de la Vela – Bicicletas Pescadras – Foto Gino Lofredo (2007)

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 Inolvidable Portete Bahía

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¡Sígueme Amor! – Portete Bahía – Fusión – Gino Lofredo -

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El atardecer es largo y variado cuando se lo ve desde el cajón de una camioneta que traza en el desierto un dibujo que desorienta y reordena el pensamiento. Ingrid está sentada hacia el lado izquierdo, sobre un balde rojo volteado bocabajo. Apoya la espalda contra el vidrio de la cabina, la mano y el antebrazo sobre el costado, los pies descalzos sobre el piso de alquitrán junto a la rueda reventada de la Africana. Por una improbable geometría el Reta ve el rostro parcial de Ingrid en el retrovisor derecho de la moto, y ella el lado izquierdo del suyo.

Su piel mezcla bronce con café pero la luz rojiza y encendida de amarillos cambiantes hace que el rostro de la niña se encienda de tal modo que ilumina el camino con destellos de fósforo blanco.

En el espejo redondo la imagen del Reta es la de un muchacho anciano: media sonrisa permanente, barba blanca y revuelta, pómulo marcado por el sol, ojeras de piel floja debajo de cada párpado, capilares a flor de piel, irritados de aridez y ruta, la mirada verde e inquieta fijando detalles en un cactos en flor, la media luna de un médano, las quebradas llenas de agua imaginaria.

Es la niña la que habla primero: ¿Sabes que soy más vieja que tú no? Sí. Me lo imaginaba, dice el Reta siguiéndole la corriente. Yo acá jugaba a las escondidas cuando esto estaba en el fondo del mar. Era muy divertido y no necesitábamos untarnos la cara con ceniza negra para protegernos del sol. ¿Y en aquella época había bicicletas? No te hagas, las bicicletas no funcionan bajo el agua y además se oxidan.

Dibujadas como sombras contra el crepúsculo aparecen y desaparecen algunas casas separadas entre si por distancias calculadas y prudentes para que los animales pasten sin molestarse, en el desierto al final de senderos que la camioneta recorre como descartando opciones en un laberinto descifrado en cada recorrido. Restos de paredes de bahareque y barro apelmazado. Techos resquebrajados apoyados en la espesa densidad del vacío. En una curva el camino entra en un playón amplio y plano, atravesado por un remolino de viento y polvo.

Ingrid: “Cuando se fue el mar nos encontrábamos para jugar y nos despedíamos cuando había que volver a casa o viajar para no volver. Más tarde inventamos el chivo, la canasta de colores y el carbón para dibujar y mandar estrellas al cielo”.

En la cabina de la camioneta Isidro y Rosquillo hablan y ríen. Primero habla uno y cuando hace una pausa ambos sueltan la risa. Luego el otro habla, hace gestos, calla y sueltan la carcajada. No encienden aún los faros de la camioneta. La luz del crepúsculo parece no acabarse, es como las velas que los niños ven como columnas de mármol en las iglesias, las que arden siempre y nunca se consumen.

La trocha trepa un promontorio de arena hasta una terraza circular donde repentinamente asombra al Reta el vasto círculo blanco que dibuja Bahía Portete. Fosa de mar que alguna vez fue cráter y lanzó sulfuros, calcio y piedras en llamas. Lejos, hacia la izquierda del promontorio, en la punta oeste de Bahía Portete, se encienden en el crepúsculo, las luces de Puerto Bolívar. Dos trazos paralelos reflejan el cielo y marcan las ramas de rieles por el que llega hasta los muelles el Hombre de la Carga, los cien vagones del tren del carbón. Simultáneamente las cintas transportadoras sueltan la piedra negra en las bodegas abiertas y sin fondo. El flujo incesante desde el fondo de El Cerrejón hasta las cuevas flotantes de óxido de hierro. Empacho en curso con el aliento fétido del huevo muerto y descompuesto.

Bahía Portete está claramente destacada en su hoja de ruta. Están ahora en el sitio que buscó al salir del Cabo de la Vela esa mañana y no pudo encontrar en todo un día de dar vueltas en la Africana. El sitio perfecto para que descanse el navegante, comercie el comerciante, trafique el traficante, jueguen los infantes, salga el carbón del Cerrejón y paseen los turistas, en burbuja, camioneta, paquebote, bicicleta, a pie o en Africana. Bahía Portete Paraíso de moluscos disfrazados e incontables escondrijos en cuevas en las que alguna vez hubo perlas y sirenas.

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Cabo de la Vela – Africana y Pura Vida – Foto Gino Lofredo (2007)

Ingrid, explícame: ¿Dónde está Puerto Portete? El pueblo digo. Las rancherías. Portete el pueblo alguna vez existió, dice Ingrid. ¿Cómo que existió? ¿Y esas casas? ¿Ahí abajo hacia la playa, el muelle, las lanchas?. Ingrid lo observa mirar la playa descampada, desnuda y espera. Sí Don Aparicio eso es Portete. Usted tiene razón. Yo le decía que está cambiado, ahora tiene más vida y también se ha hecho su fama. Casino y Discoteca. Festival danzante de Moluscos en Bikini.

Rosquillo gira alrededor de la terraza y se mete en una trocha escondida, bajando de curva en curva hacia el caserío que desde el mirador se veía habitado y con luces. Para allá vamos seguro. Allí nos darán lo que haga falta. ¿Hambre Don Aparicio? Más bien sed, Ingrid. Mucha sed. ¿Tendrán cerveza? Claro. Milagrosa maravilla una cerveza helada. Limonada para las niñas. Pescado, langosta, ostras. En Portete hay todo lo que se le ocurra imaginarse, Don Aparicio y hasta más ya verá: Ingrid, tono entre pícaro y perverso, prometedor y amenazante.

Lo cierto es que al fin Portete resultó más poblado y acogedor, con más vida de lo insinuado por Isidro y Rosquillo, y las ironías de Ingrid. Dejamos atrás el cementerio y avanzamos entre las casas hasta un rancho bien techado y amplio como un comedor playero bien cuidado, abierto y esperando clientes. Realmente parecía que hubieran estado esperando, que sabían que puntualmente. El Reta tenía la pierna derecha adolorida y entumecida por la posición trabada contra el carenado.

Para bajar saltó apoyándose con la izquierda y compensó clavando el bastón en la arena. El cosquilleo concentrado en la pierna adormecida se difundió por todo el cuerpo y en unos instantes en que creyó que tendría que dejarse caer al suelo el hormigueo se hizo levedad y sintió el principio de un vigor que pareció llegarle con la brisa del mar.

Sentado en una silla baja estaba un hombre con los ojos tapados con gafas oscuras, con un vidrio roto, el sombrero de lado y el cayado de pastor en su mano derecha. A su lado sentado en el polvo un niño hace sonar un acordeón diminuto con tal habilidad que se vuelve un fuelle de adulto. El niño se agacha tanto sobre el teclado que lo toca casi con los pómulos.

El viejo habla: Son cuentos de cuando el fierro ardía; cuentos de la Costa Brava y del Camino de las Tropas. Una historia de ayer que apreciarán hasta los cerdos y que el destino no reproche que esta noche lleguen del Sur los recuerdos. Verán el visitante señor del camino y las canas: es la historia de dos hermanos Ipuana, hombres de amor y de guerra, bravos que ante el peligro primeros, sagaces cuchilleros que ahora tapa la tierra. Soberbia y codicia hacen perder al hombre y también el coraje envicia a quien lo menea noche y día.

El menor de los hermanos era el que más muertes debía. Cuando el mayor de los Ipuana vio que el otro lo aventajaba, por celos perdió paciencia y con sólo mentiras enredó la cabeza al hermano y lo mató de un machetazo allá por la Costa Brava. Sin pausa ni prisa cortó el cuerpo en trozos y lo fue tendiendo en los rieles para que el tren lo disipara. Las ruedas de hierro lo dejaron sin cara ni forma que es lo que el mayor quería. Nada quedó del menor que opaque la valentía de su hermano. Los rieles sí recuerdan y no olvidan cómo cruje la sangre y el hueso bajo el rodar del carbón. Los fierros dan cuenta fiel de la historia hasta el fin, historia que ya conocen, la de Caín matando a Abel a cada paso del tren.

Ingrid observa la expresión de Aparicio mientras escucha la historia. Él muy serio. Ella con una mueca burlona como si hubiera escuchado mil veces el cuento robado y disfrazado. Es el Caníbal de Portete, dice Ingrid. No se crea lo del palo torcido que el Caníbal no es de Palabra. Cuenta cuentos robados el Caníbal. Ése se lo chupó a un viejo de su tierra don Aparicio. ¿Sabía? Aparicio no tiene idea de lo que habla Ingrid. Pero como confía menos en la gente de su tierra que en los de otros lugares se le ocurre preguntarse de dónde se habrá robado las coplas ese aquel su presunto paisano porque de que robadas han de ser no le cabe duda alguna. “No maltrate Ingrid al maestro. Aprenda a ponerle sabor a lo prestado que de palabras somos todos carteristas.

Nachtwey Dope Big H double

Double Bang Big H Dope – Pakistan – PhotoClassics Nachtwey (2005)

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Yahveh no es Vegetariano. Irresistible el Sabor del Cordero asado a la Estaca. Yahveh y Mafalda coinciden en el rechazo militante de la sopa de verduras.  Abel no resiste la violencia de Cain no por Humildad y Mansedumbre sino porque el otro era más grande. Yahveh exilió a Cain a la tierra de Nod. El castigo consistía en tener que llevarse a toda la familia y jugar dominó con un Cuervo Negro  por los tiempos de los tiempos hasta que se acabasen las semillas saladas de calabaza.

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La Guajira; Un cielo de Oportnidades – Foto J.C. Larrea (2007)

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Abel y Cain bajorelieve

Yahvé no es Vegetariano – Bajorelieve – G. Lofredo (2009)

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Fuga de Acordeones

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Fuelle Mandarina Dulce – Foto TangoBrujo 78 (2007)

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La cena en Portete fue austera y generosa. Se bebió cerveza. Estaba helada. La cerveza helada después de un día reseco se presta a formas calladas del éxtasis. Hay quienes afirman haber visto hombres maduros, veros guerreros de la distancia, sorber unos tragos y, con la espuma sobre la barba, alrededor de los labios, abrir una sonrisa de alegría y llorar de gratitud por la armonía del equilibrio restaurado. El Reta admite haber tenido encuentros cercanos con deidades de cierto rango en virtud del acceso inesperado a esa bebida en la pausa obligada de un tramo difícil de la vida.

Durante toda la cena se oyó como si llegaran de un par de ranchos, más allá o más acá, las melodías de acordeón. No los acompañaba canto alguno. El viejo bastonero y el niño no se dejaron  volver a ver. Eran otros los cantantes. Buenos músicos y buenos acordeoneros estaban practicando, armando variaciones de cierta melodía, llevándola hacia un paseo alegre o al desafío de una pulla, con el ritmo del merengue que le mueve las piernas al más tímido de los paralíticos. Acordeones, ¿qué puede haber más cotidiano y normal en un rincón parrandero de La Guajira? Participaban a veces tres, a veces cuatro. Ninguna voz. Ni risas. Ni bromas. Se callaban un rato. Y uno retomaba unos acordes a poco fuelle y algo nuevo se vislumbraba. Se le sumaba otro. Y así.

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Gabanellis mejorados
4 Gabbanelli entregados por el Mar -  Foto Tangobrujo (2009)

Pero se habló poco en la mesa. Y poco también con la mujer que los atendió con sobria gentileza. Don Aparicio sintió deseos de caminar. Isidro y Rosquillo querían acomodarse en el chinchorro y dormir. Lo dijeron como si lo justo fuera que ese paseo lo hiciera el alijuna solo y que fuera la niña Ingrid quien lo acompañara porque nunca se sabe con qué se puede encontrar uno desprevenido en esos sitios y porque quién mejor que Ingrid para dibujar  alguna imagen que le ayude a recordar Portete cuando, por cualquier razón, resulte necesario hacerlo.

Caminan por la playa cuando comienza a delinearse el muelle donde hombres amarran varias lanchas. Hay actividad allí. Cargas y descargas en un silencio eficaz. Al inicio del muelle están tres camionetas estacionadas, todo terreno, con la suspensión subida, llantas doble ancho, faros rompe niebla encendidos sobre el techo de la cabina iluminando el trabajo en curso. El Reta se pregunta por qué no había notado antes tanto ajetreo y la violencia de las luces en el crepúsculo como telón permanente.
El agua de la bahía está quieta. La gente trabaja en silencio. Los acordeones siguen allí como una música de fondo. Más lejanos ahora. Desapareciendo por completo cuando la brisa sopla de algún modo especial y regresando con más vigor cuando cambia de dirección. El Reta siente la arena húmeda en los pies descalzos. Avanza apoyándose en el bastón punta de lata que le da cierta agilidad al paso, algo que va perdiendo desde hace algún tiempo. Ingrid va dos pasos delante, señalando el camino sin ofender. Periódicamente, camina de espaldas y observa la curiosidad del Reta.

¿A quién le ha sucedido estar caminando por una playa tranquila y encontrar meciéndose entre la espumilla de las olas un acordeón rojo y de teclas blancas, abierto el fuelle como un abanico, abandonado, con algas delgadas enganchadas en los botones y en las esquinas del fuelle? Sólo eso, un acordeón que trajo el mar y espera ser recogido, cuidado y resucitado. Puede que sí. Puede que se golpee contra las rocas y se desbarate. Ahí está ese y un centenar de metros más adelante hay otro. Este es un Hohnner que al poco informado Retaguardia le parece más moderno, aunque pocas son las diferencias entre ambos. Este es negro y con toques decorativos dorados y amarillos. Como para tocar música más fiestera, más bailadora. Ingrid mira la expresión de asombro e incomprensión del veterano Retaguardia y ríe.

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Preparaciones Exequiales – Foto Santiago Harker – Wayuu (2005)

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¿Y estos acordeones? ¿Así no más botados por todo lado? No siempre, Don Aparicio, no siempre. Hay meses que no se encuentra ninguno y otras veces, como hoy, que lo tenemos a usted de visita, salen a las playas como lo hacen desde hace mucho tiempo, mas de ciento veinte años, nadie sabe con precisión. Hubo un carguero de esos que tenían motor y se ayudaban con las velas. Humo negro y velas sucias. Llegó por acá cuando pasaba un ciclón cerca de Santo Domingo y para escaparse del coletazo se acercó al Cabo de la Vela y no vio el arrecife. No había faro en esa época. Dicen que el carguero traía cientos de acordeones de Alemania y de Italia. Resulta que los migrantes de esos lados estaban por toda América y querían sus acordeones para espantar la tristeza. Iban para Argentina, para Brasil, y Uruguay y Chile. Allá se pagaba en oro por un buen acordeón de los Hohnner, o los bandoneones, hasta la armónicas de boca eran apreciadas. Los acordeones permanecieron mar afuera y se muestran de vez en cuando. La gente les da mantenimiento, los ajusta, toca con ellos un tiempo y de pronto, así como llegaron una mañana, ya no están. Algunos se quedan, acaso porque les cae bien el acordeonero o alguna mujer de la zona. Los acordeones también se enamoran y son celosos así, que tenga cuidado. Se llevan bien con los loros más que con  nadie.

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“El Duro de los Acordeones” – Foto Sr. Hyde (2007)

¿Qué pasó en Portete Ingrid? ¿Por qué tanto misterio? No hay ningún misterio. Quien controla esta bahía, los puertos, los muelles, entra y sale al mar abierto con cualquier cosa que enriquezca. El producto cambia, como la moda. Hubo años de licores, televisores, estéreos. Salía marimba. Una época fue acetona y gasolina. Cocaína y armas son elenco estable. Gran diversidad en las clientelas. Y el carbón, claro pero eso es oficial, es comercio libre, legal y protegido. Si el Cerrejón estuviera en la luna, lo veríamos desde acá como vemos los cráteres allá cuando el aire sopla seco. Celulares, computadoras, cámaras, filmadoras.
En esta playa aterrizaban avionetas, descargaban costales de billetes y cargaban lo que fuera. Ingrid es otra persona. El Reta deja de entender lo que sucede. La naturalidad del cambio. Ahora es una mujer alta de cabello canoso. Una persona de poder que parece verlo todo. Pasamos entre el muelle y las camionetas, encandilados por los faros. Como si nada. Invisibles. Cada cual en lo suyo. Y la media luz del atardecer sigue sin hacerse noche.

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Seis Fuelles – Foto TangoBrujo 78 – (2009)

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El intercambio, el trueque, el comercio transitan por el barrio de los equilibrios. Equilibrios inestables, pasajeros, forzados incluso, pero menos angustia que arrancar lo suyo al prójimo a llama y fierros. Nos dejaban tranquilos si les dejábamos hacer sus asuntos. Si les ayudábamos pagaban lo que podía ser fortuna para cualquiera de allí. Gente guajira también le entró al negocio. Somos de acá. De carne. No de palo. Normal comprar y vender en nuestra tierra lo que el alijuna se hace matar por tener.

Al que le dicen Chema Bala tenía más apellidos: Ipuana, Epinayu, Barros. Ese tenía un muelle en Portete. Su mamá se lo dio para que lo administre y aprenda a mantener a su gente. Dice la gente vieja que al Chema se le metieron los demonios en la cabeza y en el corazón. Yo creo que lo que le entró fue el saborcito del poder. El negocio de poder hacer lo que te da la gana a quien te da la gana. Eso perjudicó a los suyos, a la gente del mismo vientre. El Chema les abrió las puertas de la Guajira a los matarifes de todo lado. Hasta mató a unos primos de sangre. Hubo juicios y le dieron la sentencia de los palabreros: tenía que pagar con plata, poder y sangre propia y de los suyos. Algunos dicen que cumplió, que fue muy duro y que nunca se recuperó del todo.

Pero esas son de las cosas que no tienen precio. Para esas no aceptan tarjeta, interpuso el Reta arrepintiéndose de haber abierto el pico antes de terminar la frase. Usted sí que es bruto ¿no? ¿Ahora justo se le ocurre hacerse el payaso? Disculpe Ingrid es que me la pasó servida… ¿Cómo que servida? Servida en la bandeja de tu abuela y movete con los platillos y las naranjas, que la luz está en rojo: treinta segundos de boleo y treinta de morisquetas mirando de frente a los parabrisas ciegos.

Nunca mires las monedas que te suelten, calculale el peso si querés pero no las mires porque se te corta la leche. Se cuenta después. Cuando corre el tiempo verde. Ingrid está totalmente concentrada en mantener sus cinco naranjas en el aire, y el Reta, que ahora es negro de rostro impúber, con el pelo largo enredado a lo Rasta recientemente oxigenado al amarillo militante, ese Retaguardia Recargado con milenios de Marimba, mantiene ahora girando tres platillos danzarines en el extremo de iguales bastones con punta de lata de La Gallega, solo que ahora más delicados y flexibles, bastoncillos jóvenes como de caramelo, antiquísimos dientes de ballena. A través de un vidrio oscuro, asuntos celulares contra orejas de caucho. Monedas sueltas en ceniceros vaciados. Ventanillas entreabiertas, dedos en punta sueltan cobre, leve avance de vanguardia, gambeta hacia los lados, escondido amarillo lateral, tres, dos uno, verde.

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Malabarista de C. Linero. Fusión de G. Lofredo (2009)

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Los de afuera se vinieron a pelear acá y los nuestros, con uno o con otro por la plata, por familia, deudas. No todos iguales. Siempre habrá gente justa, dura, firme en lo que cree. De donde sean Don Reta. La guerra embrutece sin discriminar, agusana la mente, le come el sentido del equilibrio, no hay a quien no le mate los sueños. Gane quien pierda. Vinieron a hacérselo todo suyo. O por la miseria, perseguidos, persiguiendo, para amontonar abundancia. Siguiendo la orden del patrón con látigo celular, picadores a sueldo, camuflados de todas las selvas y todas las arenas; a cada propuesta su metralleta, y a cada fierro su billete. Sueños, promesas y esperanza. El desierto, la sal y la arena hacen brisa de cualquier templo, le borran el destino a las trochas. Balas, sables, dudas y deudas, miedo, sumas, restas y saldos de cuentas, recuerdos de ceniza entre montones humeantes, carnes al carbón, que se vomitan sin haberse visto siquiera.

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Chivo en Bicicleta – Uribia – Santiago Harker

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El Chema se juntó con eso. En un par de años toda La Guajira era paracaidista. Decían que con los del César, del Magadalena, y de más arriba y más lejos, de donde ya ni se les entendía el hablado. Mentiras. Desesperados, cebados, ciegos de risa y con un diente de oro. Muchos guajiros no quisimos. Casi no quedaba ninguno. Decíamos que esa balacera acabaría con lo poco propio que nos quedaba. Terminaríamos en hueco de huesos y alaridos. Tendríamos que hacer entrar el mar de vuelta para que limpie y se coma tanto odio desperdigado. Empezar de nuevo.

Todos los repartos de mercancías que el mundo entero deseara se ubicaron acá, en los vericuetos de la costa Guajira, y eso trajo el desarreglo: con cuerpos guajiros cubiertos de sal, colgando de alambres sobre la arena, entre los ranchos, los chivos y cordilleras de adobe con cruces de espanto sin nombre. Las que quedamos con el hambre y los niños no teníamos brazos para desenterrar con respeto. Cundió vergüenza, se buscó distancia y se trató de olvidar.

Un domingo de abril, hace sólo tres años, brazaletes con calaveras Aucas llegaron a Bahía Portete y, desbocados, pisotearon con sus trocas encendidas nuestra media luna de playa, aullidos y remolinos de ponzoña, encamuflados de un verde medio marrón, un verde de mierda en el desierto.

Venían a matar para poder decir que el muelle de Portete, esa docena de palos clavados en la arena, donde secamos pescado y de donde saltan al agua los niños, ese punto fuerte por donde empezarían a trocar sarcófagos de nieve por licuadoras estéreo banda ancha y pantallotas como mesas de ping-pong de Panamá, Curazao, Margarita y las Bahamas, era suyo y allí se cumplían sus órdenes. Eran los mismos que siguen matando en Maicao y Carraipía para exprimirle todo el jugo a la gasolina venezolana que debió y pudo ser Wayuu de ambos lados del manicomio, para hacer algo de agua limpia y aire que se respire.

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Riohacha – Matadero – Santiago Harker

Por el muelle dicen que fue el desangre. Hombres algunos. Pero más mujeres, niños y los viejos que ya no podían huir o no querían hacerlo. Nada que a las jovencitas. Violaron a todas. Hasta desgarraron algunas que ya no respiraban. Otras desaparecimos. Dejaron de verme y me quedé entre ellos. A una tía la tiraron junto al telar arco iris y la golpearon hasta que dejó de moverse. Estaba a su lado. No dijo nada. Le preguntaban por cualquier cosa. Ella me veía. Me pedía que le ayudara a clavarle la bayoneta con que la marcaban. Que cuando le cortaran los pezones me dejase caer encima y la clavase en la arena de una vez y basta.

Fue peor. La dejaron mirar. Delante nuestro, el que hacía de jefe, el tal Manguera, mató a tiros a mi hermana, que era como hija para ella. El degenerado arrastró el cadáver y lo sentó en una silla de mimbre ahí a dos pasos. Desenvainó el machete y la decapitó de un tajo. La tía miró en silencio. Dejó de respirar un rato largo, suspiró y no dijo palabra. El mismo camuflado tomó la cabeza por los pelos y la puso en lo alto de un cactus crecido de la nada frente a la enramada de la casa. En Portete dicen que las muertas fueron doce. Pero en realidad todas quedamos entre los vivos y los otros. Ni de acá ni de allá.

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Nazareth – Entierro – Foto Santiago Harker – Wayuu (2005)

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Pase Adelante sin Compromiso

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“Semillas de futuros inciertos, pequeños hombres y mujeres nacidos y criados en zonas de guerra” .- Desplazados – Composición G. Lofredo (2009) –
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¡Sálgase de ese solazo mi Señor! ¡Es que acá si se descuida al mediodía le achicharran la molleja caballero! Póngase cómodo. Usted dirá si gusta, pero yo me atrevo a invitarle a compartir una cerveza que de tan helada no necesita botella. Imagínese. ¿Le parece bien? Claro que sí señor. Claro que sí. Y así podemos conversar de lo que le dé gusto y curiosidad.

Por lo pálido que se le ve le deben haber estado hablando de sangres. ¿Es cierto o no es cierto? Es cierto y como no vamos a hablar de sangre si sangre es lo que sobra. Acá, allá y acullá. Hay sitios donde la sangre es más barata que el agua, ¿sabía? Pues sí. Es que siempre hay alguien dispuesto a hacer un carnaval de la guerra, ponerle música, desfile, parrillada, petardos buscapié.

Y si no los hay cuando se empieza, se siembra la idea, se suelta un Memegén –que no hay que confundir con el comején aunque se parecen porque que no hay mosquitero que los pare ni repelente que los espante –. Mosquiteros y repelentes son un ejemplo, ¿no? Y Memegén es sólo el nombre de una ocurrencia contagiosa.

En esta tierra traviesa, el Memegén Paraquero es como las hormigas de culo colorado. Donde llegan se instalan y no hay cómo pararlas. En cuestión de guerras está todo inventado. El Memegén Paraquero ya está genéticamente modificado, mejorado, perfeccionado, por decirlo así. Lo debe tener debidamente patentado la Monsanto, esa de la semilla desechable, la tipo condón, un polvo y a comprar otro. Los de la Aspirina Johnson y Johnson. Todos enganchados en el negocio del Susto, que es una idea vieja que prende fácil porque funciona y, como cambia rápido, se adapta y a lo que dejó de espantar ayer le pone algo nuevo, un poco más retorcido, más aggiornado como dicen ahora para darse caché.

Bicho pilas que pasa de mente en mente como musiquita pegajosa. Se multiplica como la picazón. La Macarena, ¿se acuerda? Un pasito acá un pasito allá y se aprende fácil y en un tres por cuatro usted tiene treinta millones de pendejos paracaneando para lo que ordene. Algo de cintura hay que tener de fábrica para menear la cadera con simpatía y disfrutar del cuchillo y la metralla. Pero el Menegén Paraquero es la clave. Cuando pega, todo el año es Carnaval y la farra —además de ser por billete y papaya —se vuelve fábrica, en gran escala, el Susto se vuelve commodities, como el carbón de El Cerrejón, que despacha Susto por kilómetro cúbico y a donde su clientela se lo pida. Porque al final el billete es papel pintado y la cosecha de papaya nunca se acaba. Con el Susto hay que estar atento. Sin Susto no se puede gobernar. Acá está escrito y bien clarito. Mi nieto el menor me lo bajó del internet.

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Estrés de Testamento – Momias de Guanajuato -  Foto  Astroyorch Flickr (2008)

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Parece que poseemos dos tipos de procesadores informativos distintos: el genoma o sistema genético, situado en los cromosomas celulares de cada individuo y determinante del genotipo. Este ADN constituye la naturaleza biológica vital en general y humana en particular. Mediante la replicación, los genes se transmiten sexualmente durante generaciones. El cerebro y el sistema nervioso permiten procesar la información cultural recibida por enseñanza, imitación (mímesis) o asimilación, divisible en idea, concepto, técnica, habilidad, costumbre, etc., y nominados “memes” con cierta ambigüedad. Los rasgos culturales, o memes, también se replican. Por analogía, con la agrupación genética en los cromosomas, se considera que los memes también se agrupan en dimensiones culturales, incrementables con nuevas adquisiciones culturales. La gran diferencia es que, mientras los cromosomas son unidades naturales independientes de nuestras acciones, las dimensiones culturales son nuestras construcciones. Así, la cultura no es tanto un conjunto de formas conductuales, sino más bien información que las especifica.

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El Memegén Paraquero hace del Susto una red de franquicias. La que más le llame la atención. Starbucks, Leche Larga Vida, Elecciones por ejemplo, o las Águilas de Colores que llegan ahora que los aucos se medio jubilan: Águilas Verdes, Rojas, Azules y las que más prenden, las Águilas Negras. Chévere ¿no? Ese es el Memegén Paraquero. Hay que tratarlo con cuidado. Se lo contagian amigos y enemigos así que atención y prudencia.

Hablamos del Susto Grande, no del Mal de Ojo. Mire que el Memegén Paraquero le trae el Infierno a la puerta de su casa, tanto en la Tierra como en el Cielo. Diente por Piojo. Hijo por Diente. Te saco un ojo y si te quejas te mato un hijo.

Es como los de la pizza con entrega a domicilio. Si le timbran con una medio atrasada, tibia digamos, le traemos dos y con doble queso, salsa de tomates frescos y ni un centavo adicional. La propina al de la moto eso sí. Pobres muchachos, sí que son de fierro. Y sólo por la propina y en negro. Diez horas, seis de la tarde a cuatro de la mañana repartiendo, esquivando amputaciones, empepados para distraer el cansancio.

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Honores de Entierro a Motorizados – Caracas, Venezuela 2009 -Foto Serie NYT/Gino Lofredo

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La pizza que sobre o les toque no la prueban. Se la llevan a la familia. Esos muchachos se merecen mínimo un diez y más también. A mi me gusta la moto como a Usted. Yo quiero a la china como a perro fiel. Cuando toca hacer el mes, reparto familiares especiales o lo que sea al barrio bacán.

Ahí, si no me dan al menos un quince y con sonrisa y muchas gracias, ahí sí, en cuanto se descuidan, les pongo el gargajo exprés sobre el queso derretido. Esa flema que uno rejunta atrás del paladar cuando respira diesel negro de la busetera que revienta con los que madrugaron tanto que ahora se duermen con el rostro aplastado contra los vidrios como si les estuvieran pisando la nuca con bota punta de acero. El gargajo no lo notan por el color vainilla de la mozzarella. Se chorrean de risa saboreando lo que se ahorraron en la propina. Otros en cambio saben dar cuando se puede y todo tranquilo.

Aclaremos de una vez quiénes fueron Ellos: el pelotón de las AUC Bloque Norte comandado por el Jorge 40,  Rodrigo Tovar Pupo, en el Cesar y La Guajira . Ellos querían testigos vivos para correr la voz. Señora. Disculpe. No se puede. Arnulfo Sánchez, el Comandante Pablo, alias Hércules, ése dirigió el operativo con el Chema Bala, José María Barros Ipuana, el que reclutó Wayúus para las AUC y el que las metió en Bahía Portete, ese es el Chema que dicen que está o estuvo en la Cómbita de Boyacá. A esos nada ni nadie les saca el demonio de adentro. Ni matarlos sirve.

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Tres Gatas de Madrugada GTres Gatas de Madrugada en Guanajuato – Fuzz Soho Medvéyev/Gino Lofredo (2009)

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Yo me muerdo el corazón amigo. ¿Sabía Usted que en esta nuestra gran patria de Upar, Colón y Bolívar hemos estudiado el asunto científicamente, con experimentos serios? Nada de pendejadas. Así aprendimos cantidad sobre el Memegén de los auto indefensos de la inmunidad.

Es como con el negocio de las flores para exportación: hay variedades para cada mercado y cada una con su propio veneno y sinsabores. Hasta tenemos unas sin veneno y sin aroma siquiera para el cliente más delicado, cuestión de alergias, los que se las tiran de ecológicos.

Pero el cliente siempre tiene razón. Acá protegemos las variedades nativas y estimulamos el desarrollo de otras bien arrechas, sépalo y siéntase orgulloso. Nuestra biodiversidad paraca supera todas las conocidas hasta ahora: Escuadrones da Morte, Triple Ases, Comandos Póker, los Macoutes, las Defensas Campesinas.

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Desmovilízame Amor – Foto Jon Sohor (2007)

De todos siempre algo se aprende. Hicieron sus aportes, históricos, eso sin duda. Tampoco hay que desmerecer el esfuerzo de los colegas, con todo respeto verá. Pero la biodiversidad paraca de nuestros muchachos es de colección. Dictan cátedra adonde los manden.

Y lo bueno es que trabajan fuerte porque quieren estar en su tierra. Mucho se sacrificaron para recuperarla de los que creen que de repartir se trata, y debidamente escrituradas, todo legal, no vaya a creer que así nomás. Recién adquiridas sus parcelas campesinas, la media agüita con las macetas de geranios en la baranda del frente, el chinchorro y el par de cientos de hectáreas y con ganado suelto encima, imagínese. Tierra buena. Tierra de nadie que ahora tiene legítimos propietarios y además dan empleo a los desplazados de otro lado.

Así que ya sabe: lo que se le ofrezca. Estamos a la orden y disfrute su paseo que acá no tiene de qué preocuparse. Todo tranquilo. Cualquier cosa mi tarjeta y los números. Me llama a mi primero y así no perdemos tiempo. Porque si surge un malentendido y alguien se inquieta de verlo mirando por ahí y hablando por allá, entonces el tiempo es oro. Oro. Todo por todo en cinco minutos.

Los que saben de Susto exigen lo necesario, lo que está demostrado que funciona en la creación del espanto. Quieren que la imagen que circule incluya detalles, todo, hasta los nombres y apellidos de las violentadas – y los de sus padres y hermanos que no pudieron protegerlas – los nombres y apodos de los niños, lo que le tocó a cada madre y a cada abuela.

A uno del grupo le decían Herculito. Un muchacho en su primera intervención en vivo, ojos verdes, usted sabe el que estudia para cirujano alguna vez tiene que hacer el primer tajo, sacar un quiste y coser con prolijidad. Este muchacho Culito hace lo que le ordenan con una actitud si no ciega, al menos un poco ausente, sin enjuiciar mucho, como si le hubieran machucado con punzón ese sitio detrás de la ceja arriba del ojo, ese que dicen que sirve para distinguir entre un deberse hacer y un deberse impedir. Culito con un banco de tres patas en una mano acompaña a Don Amable de una muestra a la siguiente.

Una feria de actos vivos. Acomoda el banquillo. El viejo se sienta y mira impasible. Videocam grabando sobre un trípode en la arena. Don Amable asombraba por su memoria para el detalle. El joven le daba de beber agua de su cantimplora después de cada escena y continuaban. Don Amable vio tostar sobre el carbón pinchos de corazón tierno. Les miró masticar, estudiar el sabor de las achuras con el gesto que ponen los chefes del canal Gourmet, como diciendo ahora sí que estas carnitas están a punto preciso. Amable era un hombre de palabra. Lo que le hicieron ver haría correr ríos de sangre a contra pendiente: desde un diluido en el mar hasta lo puro rojo en la arteria fuente, junto  a la caldera del volcán.

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Tungurahua  Erupción Ecuador – Foto Taschler

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¿Cómo saldar deudas de ese tamaño? ¿Misa de la amnesia y el perdón? Imposible, porque se hicieron cosas peores y al final siempre se las arreglaron para darse un respiro. ¿Le ponemos una vela a San Perdón del Amable Olvídelo? Por ejemplo si Jesús se pusiera de acuerdo con el Otro, el MeroMero, el Ilustre Desbarrancado, o como le digan. Llegar a algo bien conversado en busca de cierta racionalidad digamos, algo que restaure el sentido de las proporciones. Un mínimo equilibrio. Un reparto menos hediondo. Mire, para que todo termine habría que aprender a perdonar, porque esa costumbre se fue perdiendo desde el tiempo de las bisabuelas.

La gente desconoce el asunto. Si alguien empieza a hablar del Perdón lo quedan mirando un poco torcido y si insiste ahí mismo lo dejan con descanso prolongado por si acaso. ¿Usted me entiende? Es como el merengue con dulce de leche: hemos pasado tanto tiempo sin probar uno bien hecho que ya no se recuerda el sabor, esa dolorosa dulzura que obliga a chuparse los dedos. Por eso le digo que sólo si se juntan los dos y se ponen de acuerdo entonces por decir algo podrían dar un taller de capacitación, algo como una misa concelebrada y entonces sí, en el sermón dar a conocer la orden conjunta.

Sabemos que no es fácil, sin ir más lejos ya imagino cuál sería el celebrante principal, a quién correspondería traer y llevar los ornamentos, de qué libros leer lo que concierne. En fin, el asunto es que lleguen a ordenar juntos y con transparencia para que Todos, sin excepción y por decreto estén obligados a perdonar. Habría que negociar detalles —y con cuidado porque en los detalles se destaca el Oscuro— lo básico: amnesia general y perpetua, durante el despiste inicial un fugaz desarme preventivo, luego Pan y Circo, algo original, por ejemplo un Gran Festival del Olvido y el Perdón, del Amor y la Buenaventura. Todos contra todos con mutuo y jubiloso consentimiento general.

Trabajadores en Túnel

Trabajadores Túnel Guayasamín – Foto Daniel Lofredo

Yo sé que se duerme de cansado Aparicio Retaguardia pero aguánteme que le termino el cuento de lo que pasó con Don Amable que insistía en dar fe ante juez y fiscal, describir una vez más lo que ya había dicho cien veces durante el mes transcurrido desde la documentada matanza, recorriendo rancherías, por el malecón de Riohacha junto a los bisuteros tirapaño, en la Plaza de Uribia, en torno a la mezquita de Maicao, hasta en Valle de Upar donde hizo ayuno severo y pasó desapercibido en la Plaza de Francisco el Hombre durante un ensayo general del Festival del Vallenato. Fue en un cementerio cerca de la ranchería de Halapalichi donde lo ubicaron contando su historia una noche entre las tumbas. Ahí sí lo mataron.

¿No era que El Método recomendaba dar a conocer los detalles? Divulgar, asustar, expulsar, desplazar, desterrar, desaparecer y tomar posesión. Eso sí. Pero una declaración jurada incluso ante la más piojosa y desquiciada presencia de una estampita del escudo nacional, que represente algo por encima de las necesidades operativas, ligeramente superior y al mismo tiempo lo indispensablemente insensato e insensible al riesgo, como para estar al tanto y ejercer equilibrio, habría sido un precedente indeseable, el retorno de la palabra legitimada, un asunto de consecuencias inciertas.

Así que lo mataron y sanseacabó.

A Don Amable no lo enterraron con el respeto merecido. Luego la gente empezó a irse y no regresar. Pasados dos años tampoco se hizo bien lo que era debido. Y entonces anda por aquí y por allá con sus chivos y sus bastones. Cuando encuentra alguien cansado de brillar se le arrima y ayuda. No crea que se mete con cualquiera. Si ve alguien que no le cae bien deja que se pudra y se seque.

Usted debe haberle gustado, o capaz le dio pena verlo tan, y sin ofensa Don Aparicio no vaya a ofenderse se le ruega,  verlo digamos, tan buenamente dispuesto a la aventura, tan ampliamente desinformado. ¿Recuerda? Le dio ese bastón punta de lata para que los que sepan le enseñen y para que no olvide lo que aprenda. Cuídelo bien que es un polo a tierra por el que muchos darían lo que no tienen. Son buenas las Sardinas La Gallega. Si las sabe comer no le hace falta bicarbonato para quitar las agruras.

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El Grito Desesperado – Pedernales, Ecuador – Foto Daniel Lofredo (2008)
Centro Psico-Terapéutico Un Grito Desesperado – Tratamientos: Alcoholismo – Drogadicción –
Trastorno de Conducta – Problemas Conyugales – Depresión Severa

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“Semillas de futuros inciertos, pequeños hombres y mujeres nacidos y criados en zonas de guerra”
Desplazados – Composición Gino Lofredo (2009)

Este éxodo empezó con esa matanza en Portete. Digo éste porque éxodos hay desde cuando la Lucy se fue de África. Ahora quedamos un puñado de mujeres valientes y niños. Los hombres no vuelven y cuando lo hacen es casi como a escondidas, les da vergüenza estar vivos, por no haber podido evitar la desgracia. Culpa. Impotencia. Otros asumieron la obligación de saldar los crímenes. Eso sigue. Al Chema Bala lo enjaularon por lo de Bahía Portete, de los demás no se sabe. Sigue preso en la Combita de Boyacá. Se lo endosan al Bloque Norte Auca.

Dicen que al Jorge 40 lo extraditaron a Florida. ¿Ah Sí? ¿Cuándo? El 13 de Mayo del 2008. El año próximo entonces. Walter Mercado, el horóscopo preciso. El Pijao de Oro, como dice el turco Omar. Quizás necesitemos algún nuevo tipo de infierno. Algo ingenioso. Porque si esto que tenemos, lo de todos los días, es como es, ¿a qué le va a temer la gente? Allá sí saben tener la gente enjaulada. Usted,  ¿qué piensa? Dos millones y medio sin saber ni por qué ni hasta cuándo. Y escaparse no se escapan. Es decir, están enjaulados, casi puede decirse que la mayoría, precisamente por intento de fuga. Fuga de todo y de cualquier cosa; hacia cualquier lado. Da lo mismo. Fugar en sí es una meta.

¿Servirá eso? Las jaulas. Porque siempre hay alternativas para mantener encendida la lumbre del terror. ¿No será mejor espantar con los Mercados de Papel? ¿Los Bonos Inmortales? ¿Con la volátil libertad de los Fondos Soberanos? Financieras con Psicotecnologías  de Punta. ¿Quién sabe no? Inshallah. Salud.

¿Y a qué se debe esta digresión hacia el voodoo fiscomonetario a partir del Éxodo Wayuu hacia La Guajira Maracucha, New Orleans, New York, y New Uribia? No mucho y todo. No mucho porque es una reacción previsible y quizá prefabricada del striptease de los vende monos de las finanzas frente al momentáneo levantamiento de los zombis agusanados por la mala fe con que fueron tratados por los maestros patrones del universo. Y decimos Siempre mayúsculamente, porque los éxodos, las fugas, las migras, los desplazados, los boat people del Canal de los Vientos, o el más benigno estrecho entre Tunisia y Palermo, entre Kiev y Francoforte, están conectados y tienen que ver con el poder de tales sobre cuales. El reparto de poder cambia. Y cambia más rápido de lo que parece en un primer vistazo. Como esos megaciclones de amoníaco, azufre y metano que llaman las Manchas Rojas de Júpiter, huracanes de tres o cuatro veces  el tamaño de la Tierra, esos resultaron tan activos allá como lo son acá los Mitch y los Katrina del Caribe.

Ya ve cómo se mueve la cosa… No es por apantallarle pero soy buena con los números. En eso nos parecemos. Usted y yo digo. También en los números nos parecemos con los de Irak. Entre dos y tres millones desplazados allá y acá. Acá éste año que termina, y esto lo tengo de fuente de confianza, los colombianos vamos a desplazar 250,000 cristianos más que el año pasado. ¿Qué le parece el dato? Vamos segundos. Los únicos, escúcheme bien, los únicos que desplazan más gente que nosotros son los del Sudán, allá con Darfur, con turbante y sin turbante, no hay quién les gane. Nosotros somos más selectivos en esto. No desplazamos a cualquiera así porque sí no más. Por ejemplo: en La Guajira logramos desplazar más o menos uno de cada diez. Sabemos desplazar indios con entusiasmo: Kankuamo, Wayuu, Kogui y Wiwa. Fíjese que una vez, cuando nos juntábamos, mi gente, usted entiende, éramos cuatrocientos y pico. Ahora entramos todos en un bus más o menos y el chofer resulta que no es pariente…

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Corazones Poliuretanos – Foto Nicolás Osorio

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Esto que le leo ahora no sé quién lo habrá escrito pero parece que sí sabe de lo que habla, escuche bien:

“Es la violencia temprana, la violencia que espanta, el terror acumulado en conciencias frágiles que crecen con el recuerdo de la muerte y la huida apresurada, es el drama de los niños desplazados… “

¿Casi nada, eh? Debe ser cura y madre este, y sigue, vea:

“La mayoría de los desplazados son menores, es decir, niños y jóvenes inmersos en el desarraigo forzado por decisión de los señores de la guerra y de la muerte.  Pequeños seres humanos que acumulan la experiencia del dolor compartido, de la tierra abandonada, del sufrimiento urbano, del hambre que se vuelve costumbre, de culturas desconocidas, de nostalgias reprimidas, de los seres queridos ultimados, de recuerdos que vibran en silencio”.

¡Juemá Caraio! ¡Hijué la Gran Puta coño! Le leo otro poquito y ya nos vamos, vea:

“Semillas de futuros inciertos, pequeños hombres y mujeres nacidos y criados en las zonas de guerra, niños obligados a obedecer el lenguaje de las armas que vieron disparar antes del éxodo forzado. Niños en la mira de los ejércitos de hombres que quieren perpetuar la guerra para sumar más combatientes a los enfrentamientos del absurdo.”

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Desplazados de Rwanda – Sebastiao Salgado – Proyecto Genesis  (2002)

 
 
 
 
 
 
 

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El Reta busca a quienes todo le cuentan, los que pueden recordar, explicar, relacionar, pautar, juzgar incluso. Pero sólo distingue entre las sombras tres o cuatro siluetas que se alejan de la Bahía y se le adelantan. ¿Y ahora qué? Ahora usted se va a meter en su chinchorro y dormir como un angelito que se pasó con los tragos. Mañana Isidro y Rosquillo lo llevarán en la camioneta con su Africana hasta la mecánica de Sócrates. Saldrán de Portete antes de que aclare. No se preocupe, Sócrates es una persona de confianza. Un mecánico de verdad y hombre de fe. A veces hace falta fe para ser mecánico, cuando todo se rompe y a uno no le alcanzan ocho manos. Sócrates. Sí. Le dejarán la Africana como es debido. No cero kilómetros pero segura y contenta. De lo compartido esta noche no se acordará mucho. Una que otra cosa le vendrá cuando la necesite.

¿Y qué pasó con la niña Ingrid?

Digamos que Ingrid ha crecido, está mayor y ahora maneja moto y es del equipo de seguridad de la mina del Cerrejón. Sí, es la única mujer del grupo. Esa mujer va a ir lejos. No se extrañe, que en cualquier momento se cruzan de nuevo. Caminan entre arbustos y encuentran una trocha. Adelante está la choza donde cenaron un par de horas antes. Mañana, cuando refresque, espérela en Cuatro Vías. Descanse un poco. Haga turismo que para algo sirve.

El crepúsculo sigue en el claroscuro, por momentos noche cerrada y de pronto encendido por un fogonazo que marca las nubes, los médanos, la bahía. La mujer de poder ya no está. Los demás también se dispersan. La brisa sopla con más vigor. Caen unas gotas que prometen más aunque sin compromiso. Debe ser la cola del ciclón al que llamaron Dean merodeando al norte de La Guajira, como explicaba ayer Isidro hablando del Caribe y las tormentas. Vientos curiosos metiéndose donde les da la gana y el destino obliga.

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Codazzi - Coquibacoa - Maracaybo 1840

Agustín Codazzi 1840 – Detalles de la Población en La Goajira y Región circundante al Golfo y Lago de Coquibacoa, luego Maracaybo, Estado Zulia, Venezuela.

Codazzi ubicó en esas tierras las poblaciones indígenas diversas que habitaban el Norte sudamericano: Toar, Motilones, Goajiros, Sabriles, Guayimaes, Caralas. La carta señala además las rutas de navegación y exploración del Almirante Colón y otros conquistadores. El mapa fue publicado en el Atlas de Venezuela. Por este trabajo Codazzi recibió honores en Francia (Legion de Honor), Italia (Il Sorpasso Archibaldo de Galibardi).

Murió en un pueblo en las faldas de los Andes en su cordillera oriental al sur del Golfo de Maracaibo en la región de Mérida, actualmente entre los Departamentos de La Guajira y el Cesar en Colombia. La población llamada Espíritu Santo adoptó posteriormente el nombre de Agustín Codazzi. Aún a principios del siglo XXI son pocos los que logran cruzar los Andes entre Augustín Codazzi en Colombia y la Ciudad de Machiques en Venezuela aunque los separa sólo 76 kms en línea recta.  La divisoria de aguas de los Andes en esa región pasa los 3260 mts.snm de páramos envueltos en neblina y lluvias constantes.

Cuando Aparicio Retaguardia intente salir de Colombia para reunirse con Ercilia Mobarek cerca de Maracaibo buscará un paso tranitable entre Codazzi, Colombia y Machiques, Venezuela. Le decían en Valledupar que ese cruce se hacía sólo en mula y con guías de confianza. Aparicio no estaba bien de salud. No se recuperaba de los daños del accidente. En Maicao un médico  le recetó Arcoxia, un anti inflamatorio fuerte para quitarle la hinchazón y las punzadas en la rodilla derecha y dejarle aguantar el cruce de la cordillera y el trecho caliente hasta Maracaibo. El médico que lo revisó estaba apurado porque partía de vacaciones a Grecia donde abordaría un crucero de la hacia quince días por el Mar Egeo en un crucero de la Windward

Los restos de Agustín Codazzi se hallan en el Panteón Nacional de Caracas:  Oficial de Artillería de los Ejércitos de Napoleón, Revolucionario  Independista a las órdenes de Santander y Bolívar,  comerciante y hacendado comprometido con la Revolución,  reconocido cartógrafo y antropólogo.

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Greek Isles Cruises: Athens, Rhodes, Santorina, Istanbul and Mykonos host the ships of Windstar as they explore the most intimate and legendary ports of call in the Agean Sea. It is said that Aphrodite, the goddess of love, was born from the sea. If so, it was surely in the impossibly blue waters surrounding the Greek Isles. The signs of her beauty are imprinted on each island. From the haunting Cave Lake of Cephalonia to the magnificent cliffs of the island of Kythira. Even today, one might happen upon a Greek god or goddess sunning on the beaches of Mykonos or Rhodes.


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MARACAIBO: REPUESTOS  “EL FUTURO”

Geriberto Antonio Fernández, de 35 años, conocido como “Genito” y oriundo del municipio de Maicao, fue asesinado, junto a otros dos Wayúu, con pistolas automáticas nueve milímetros por cuatro hombres encapuchados que conforman una red de sicarios al servicio de grupos armados ilegales que hacen presencia en la frontera. Los familiares estaban asombrados por el hecho.

Fueron acribillados por cuatro pistoleros cuando salían de comprar unas piezas en la venta “Repuestos El Futuro” para el camión Ford 350 en el que se desplazaban. Los disparos provenían de pistolas automáticas, calibre nueve milímetros y punto 40. La mayoría fueron en dirección a la cabeza. Cada uno de los fallecidos recibió más de cinco balazos en sus tórax y rostros.

“Genito” Fernández y quienes lo acompañaban se dedicaban al comercio y transporte de víveres desde Maracaibo hasta la población de Paraguaipoa, en el municipio Páez.

“Eran cuatro hombres en total, tres de ellos se encargaron de y el cuarto estaba atento, mirando hacia los lados por sí se acercaba alguien”, comentó un testigo.

Y para que no nos distraiga tanta letra negra en fondo blanco acá va una versión del sitio de lo sucedido, es decir en frente de “Repuestos El Futuro”, ubicada en el corredor vial Los Robles (calle 148), parroquia Luis Hurtado Higuera, al sur de Maracaibo.

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Wayuu maracaibo asesinato
“Repuestos El Futuro” Parroquia Luis Hurtado Higuera, Maracaibo Sur
Digital Leonel Sandrea/ Gino Lofredo (2009)

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“Repuestos El Futuro” Parroquia Luis Hurtado Higuera, Maracaibo Sur – Digit Leonel Sandrea/ Gino Lofredo (2009)

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President Barack Obama and Supreme Court justice Sonia Sotomayor

Sí: President Barack Obama and Supreme Court Justice Sonia Sotomayor – May 2009

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“¡Éste es un beso de despedida del Pueblo de Irak para ti Perro!”

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Entonces sí están muy ligadas estas cuestiones y por eso no podemos dejar de lado dos sucesos (insignificantes y decidores con las más explosivas contradicciones en momentos de alta tensión)  antes de pasar a describir con mucho detalle y gran cariño la visita al Maestro Sócrates en Maicao. Los dos incidentes son:

Uno, Muntadhar al-Zaidi, reportero Iraquí de Al-Bahdadia TV pitcheó sus zapatos contra George W. Bush durante una conferencia de prensa el 14 de Diciembre del 2008. Mientras lanzaba los zapatos Muntadhar dijo a Bush: “Éste es un beso de despedida del Pueblo de Irak para ti Perro de Mierda”, según la versión de Notimex. En el mundo árabe el índice de popularidad de Muntadhar duplica el de cualquier Jefe de Estado de la región. Muntadhar sigue preso.

Dos, el 7 de Diciembre del 2008, el inmigrante ecuatoriano José Osvaldo Sucuzhañay fue asesinado a golpes en el barrio de Bushwick en Brooklyn, New York. La reportera Luz Plasencia escribió:

La iglesia Nuestra Señora de los Dolores en Queens se llenó de familiares y amigos quienes recordaban al inmigrante ecuatoriano.

Durante la ceremonia, el sacerdote reflexionó sobre la muerte de Sucuzhañay: “Pedimos que esta Madre Nuestra dé fuerza a la madre de José, a sus hermanos, le aumente su fe en Jesús, le dé Consuelo Profundo porque es lo único que tenemos,” dijo el sacerdote.

Sucuzhañay murió luego que cuatro hombres lo atacaran a botellazos y con un bate de béisbol de aluminio. Él caminaba hacia a su casa junto a su hermano Romel quien dijo que los agresores les gritaron insultos anti hispanos. Se está ofreciendo una recompensa de $27,000 por información que conduzca a arrestos en este caso.

El cuerpo de Sucuzhañay será trasladado a su tierra natal del Ecuador el viernes donde será recibido por familiares y por el presidente Rafael Correa, quien le dará el pésame personalmente a la familia. Sucuzhañay es el segundo ecuatoriano que muere en un mes en la ciudad de Nueva York, tras el asesinato de Marcelo Lucero, ambos víctimas de crímenes de odio.

Lucero fue atacado por un grupo de adolescentes, uno de los cuales lo apuñaló en la localidad de Patchogue, en Long Island. Tras el ataque a Lucero, al menos una veintena de latinos han denunciado haber sido víctimas de agresiones por ser hispanos.

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José Osvaldo Sucuzhañay

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Jefferson St. Bushwick, Brooklyn, New York – Diciembre 2008 – Foto New York Times

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Momio con Priapismo y Testamento – Foto Vladimir Astroyorch (2008)

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