Everness – J.L. Borges

por lofredo

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Taller  de Sara Vanégas Coveña

Everness

Sólo una cosa no hay. Es el olvido.
Dios, que salva el metal, salva la escoria
y cifra en su profética memoria
las lunas que serán y las que han sido.

Ya todo está. Los miles de reflejos
que entre los dos crepúsculos del día
tu rostro fue dejando en los espejos
y los que irá dejando todavía.

Y todo es una parte del diverso
cristal de esa memoria, el universo;
no tienen fin sus arduos corredores

y las puertas se cierran a tu paso;
sólo del otro lado del ocaso
verás los Arquetipos y Esplendores.

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Jorge Luis Borges en un taller literario.
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El Taller de Creación Literaria La Pileta de la Universidad del Azuay Cuenca/Ecuador), que dirijo desde hace unos años, entre sus ejercicios de comentarios y escritura eligió para una de sus sesiones el soneto Everness de Jorge Luis Borges, por considerarlo representativo en su vasta obra.
Luego de analizar su estructura y establecer el esquema rítmico correspondiente, pasamos a considerar las ideas relevantes del texto. A continuación sintetizamos algunos de los puntos más importantes que surgieron en la citada reunión de trabajo.

El autor
Borges (1899-1986), uno de los escritores más prolíficos e influyentes de la literatura universal (Premio Internacional Formentor, 1961), inició su carrera literaria, como sabemos, escribiendo poesía. Su primera obra, Fervor de Buenos Aires, data de 1923. Luego vendrían Luna de enfrente (1925) y Cuaderno San Martín (1929). Pero, en las tres décadas siguientes abandonó la publicación de obras en verso, dejando así atrás lo que él llamó “la gran equivocación ultraísta” de sus inicios.
Su bibliografía se empieza a acrecentar, entonces, con los textos narrativos y ensayísticos que todos conocemos: Ficciones, Historia universal de la infamia, Historia de la eternidad, El jardín de senderos que se bifurcan, El Aleph, El libro de arena. Aunque sí incluyó poemas en algunos textos narrativos desde la los años 70. Y estaba tan orgulloso de su prosa como de su poesía.

Primer cuarteto
El poema arranca con un sentencioso y casi axiomático: Sólo una cosa no hay./ Es el olvido (verso que se repite, casi textualmente, en el soneto Ewigkeit –término alemán para “eternidad”–, al final del primer terceto: Sé que una cosa no hay./ Es el olvido). Expresión muy propia de Borges, para quien la memoria es factor fundamental en el destino humano. Inmediatamente, hay una referencia a Dios, quien, en su infinita providencia, salva el metal, salva la escoria; es decir, todo lo existente. Luego, una nueva referencia: a la eternidad del Ser Supremo, quizá su atributo decisivo. Así, en su profética memoria coexisten las lunas que serán y las que han sido, el futuro y el pasado, en una suerte de sinécdoque de la eternidad.

Segundo cuarteto
Se inicia con una constatación determinista: Ya todo está (escrito, decidido). Y se retoma la idea desarrollada en el cuarteto anterior, aunque ya no situada en el macrocosmos sino en el mundo individual y personal, en cuanto que habla de los dos crepúsculos del día (de la existencia: pasado/futuro – nacimiento/muerte); dimensión temporal humana, contingente, en oposición a la eternidad divina.
También aparece aquí otro elemento recurrente en la obra de Borges: los espejos, como repetición y eco; al mismo tiempo que como alter ego.

Primer terceto
El verso central de esta estrofa, en bella imagen, identifica la memoria divina con el universo, en un juego metafórico de resonancias panteístas (es conocida la admiración del autor por Spinoza, filósofo panteísta del siglo XVII); y vuelve a insistir en el carácter de eterno (del universo, en este caso, imagen de la divinidad): no tienen fin sus arduos corredores.

Segundo terceto
Comienza con la constatación de la desolada condición humana, su impotencia frente a los grandes misterios de sí mismo y del todo: y las puertas se cierran a tu paso.
Para luego pasar a una rotunda afirmación no exenta de esperanza: sólo del otro lado del ocaso (es decir, más allá de la existencia, en plena trascendencia) verás los Arquetipos y Esplendores (esto es, la revelación misma, lo esencial de la vida y el universo).
Versos que terminan recordándonos el trascende te ipsum de San Agustín.

A manera de conclusión
Everness se constituye, así, en un poema que fascina e invita a la reflexión: los lazos entre el ser humano y el universo y las implicaciones que de aquí se desprenden: la soledad del hombre frente al cosmos, la grandeza de la criatura humana, la interacción entre los dos. Así como la intuición o la presencia de Dios, en cuanto referente primordial de nuestro destino.
Oportuno para comentar en un taller de lectura y escritura con jóvenes que, por encontrarse inmersos en una sociedad frívola y consumista, no están muy acostumbrados a mensajes de este tenor, pero que saben valorarlos en su debida dimensión. Un poema que despierta en ellos curiosidad por temas vitales, tan poco tratados en la actualidad. Y tan necesarios.

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