Vuelta Andina

por lofredo

Día uno, Quito Eloy Alfaro y Portugal 6 am salimos hacia el Cotopaxi entrando por el camino viejo en Los Chillos, con mucha energía y a buen ritmo llegamos empolvados y enlodados a la entrada norte del Parque pero no nos dejan pasar por quién sabe qué razones; Bajamos hacia Machachi por camino de tierra asentada por primeras lluvias y empedrado precolonial; a unos 15 kms al sur de Machachi sale el desvió hacia los Illinizas a la derecha Chaupi, San Juan de Pastocalle, Sigchos, Toacaso, Tanicuchi, Saquisilí, Pujilí, Cusubamba, Mulalillo, y no sé muy bien cómo salimos cerca de Ambato y almorzamos un caldo de gallina suculento, grande, profundo, enorme pechuga, cilantro, cebollitas, el cinturón de Orion, Alfa Centauro;

Por Ambato pasa el Rio Ambato… oh milagro… y hay un camino que lo acompaña hacia occidente (rio arriba) cruzándolo a la izquierda y a la derecha por trece puentes, por ahí no sé muy bien cómo, se llega al arenal del Chimborazo lado noroeste a unos 4000 metros, Allí donde hay un grupo de chozas de adobe y paja, y una casa de guarda parque, y pastan unas ovejas, allí mismo se bajó la llanta delantera por un golpe mal dado contra una piedra filosa. Estaba solo pero pronto uno de los compañeros me alcanzó y siguió a avisar a los otros. Los dos más cancheros desarmaron y cambiaron de tubo y entre todos inflamos con masturbobomba, falta oxígeno, hace frío y unos niños nos ven hacer como lo harían ante una tropa de boy scouts venusinos. El camino empieza a bajar empinado y entras a la provincia de Bolivar y todo se vuelve verde brillante, fértil, diverso, iluminado, templado de a poco. y de pronto entramos a Salinas, donde como vos sabés muy bien, el homo sapiens inentó el queso con sal y le enseñó a unos curas italianos el secreto ancestral… que ello9s llevaron de regreso a Nápoles donde a un panadero local se le ocurrió juntarlo con tomates maduros y orégano y emocionado dijo Pizza! carajo y el resto es historia… Comimos queso en Salinas y tomamos Guitig, y seguimos hacia Guaranda  cuando empezaba a faltar el sol de a poco enfriando llegamos a un hotel en las lomas sobre3 la ciudad justo a tiempo porque empezaba la ceguera del crepúsculo que es pésima para desplazarse en dos ruedas y muy cansado…

En la ventana grande del cuarto que me tocó me miraba desde afuera un completo arupo en flor, exuberante en la última luz del día. Ducha hirviente agua pura con Advil y comida buena para el hambre animal y jugo de papaya y sin pausa a la cama a las ocho como buenos niños, media página de Deleuze, como somnífero a medida y chau pinela, cerca del amanecer soñaba que trataba de describir a mis hijos el asombro del día transcurrido y quedaba preocupado de que se terminaran de convencer que el al viejo se le había corrido la última teja que pasé contigo  quisiera olvidarla pero no he podido…

A las seis comienza el Dia Dos, cargando las motos, limpiando gafas, espejitos, focos, y calentando motor antes de los huevos revueltos, el pan con queso y café en agua, y salimos a preguntar a los sabatinos de Guaranda por donde entrábamos al viejo camino Guaranda Rio Bamba. Este tramo del viaje hecho de mañana tan temprano como se pueda es una epifanía en dos ruedas. Hay que ubicarse: estamos ahora al sur oeste del Chimborazo, el camino apunte hacia el este y sube de 2000 metros a 4ooo y pico siguiendo el curso de un rio (Tillag?) pero desde por un camino de falda cornisa que va dejando el rió al fondo de la quebrada izquierda hasta que se lo ve como una vena de plata que refleja el sol matinal entre bruna y cielo vista desde arriba, hipnótico, te roba la mirada el vacío y descuidas por momentos las huellas, las curvas trabadas, alguna camioneta cargada de pueblo chimborazo hacia las ferias, con ropa fina y abrigada y colores rojos y sombreros codificantes de identidades claras y desconocidas.. Por ahí hay un pueblo también San Juan y otro Calpi, y el viejo camino desemboca en la Pana Sur que lleva a Alausí por un lado y a Rio Bamba por el otro.

Entramos a Rio Bamba a visitar la abuelita de un compañero de viaje. El pelo gris peinado de peluquería. La señora estaba feliz de ver al nieto. El nieto feliz de estar a su lado. La señora me hace acordar a mi mamá, Elva, ojos vivarachos, viva, atenta y viejita. Tomamos agua, mucho agua, un botellón de Guiig en vacitos plásticos y seguimos camino… hacia Macas en la Provincia de Morona Santiago, a través del Parqyue Nacional Sangay, la cordillera oriental, el lado amazónico de los Andes…

Pronto se acaba la zona agrícola cercana a Rio Bamba, los pueblos que pasamos hacen pensar en abandono, son casas que tuvieron prestancia, casas firmes, con ventanas a la calle que alguna vez tuvieron rejas de hierro forjado, la sensación de que la gente murió, huyó, emigró y que los nuevos, los que ahora habitan por allí han perdido la memoria, parecen desorientados, como nosotros, envueltos en polvareda, corridos por los perros que nos piensan rebaño desbocado, a uno lo golpea el estribo y después de los tumbos levanta la cabeza preguntándose algo que no entiende. Subimos y estamos de vuelta en el páramo, esta vez avanzamos entre lagunas de altura, hondas, serias, frias, impenetrables, a las motos les falta oxígeno, a nuestra voluntad  de avanzar hacia el oriente se opone otra pesadez, una inercia como contracara del vértigo fuerza hace querernos detener, respirar frio y dormir asombrados, para siempre, en silencio, quietos. Un soldado en una imposible camiseta camuflaje verde arena nos dice que estamos en el páramo del atillo y que más adelante ya no es tan calientito. Máquina pesada espera amarilla otro día el lunes o cuando llegue el diesel, la orden, el café con pan.

Nos dicen que sí hay paso hacia Macas, nos dicen que se rompió unpente, que hubo un deslave junto al Rio Upano, que se fue el camino, que solo hay mujeres con guaguas, y lodo verde con plátanos. Más tarde sentimos el descenso hacia el oriente y vemos pasar otra vegetación en la humedad y el polvo se torna rojizo, y hay brotes de agua que cruzan el camino y saltan entre las piedras y las hojas paraguas como sábanas verdes y adelante el vacío brumoso la intoxicante promesa de la selva siempre vivo espejismo, adelante, oro, diamantes y aceite de piedra triple virgen sin colesterol y jugo agridulce de sonatas apasionadas, bajo el sol humedo del mediodía.

A la vuelta de una curva el deslave de montaña desaparece el camino. Danilo dice nos jodimos y acá hay que dar la vuelta se acabó y a casita hoy dormimos en Ambato. El cuerpo de ingenieros del ejército despeja pacientemente lo que podría ser una trocha en el lodo por donde pasba el camino. Una docena de personas, todos distintos, como en un muestrario de fenotipos revueltos miran el trabajo con fascinación resignada inquieta hormigas confusas motoalbóndigas de polvo.

Caminamos por donde la lengua de lodo se detuvo a esperar otra lluvia, más agua que afloje el terreno arriba, suelte las raices y alimente el flujo de todo en el descenso divertido, burlón, tranquila creación de nuevas formas, posiciones y moles de roca, y desde una camioneta a todo tuning Santana suena Supernatural y la mujer del chofer se menea mirando a los dos moticlistas trepados en el deslave buscando una huella que les permitiera cruzar y seguir hacia el este la bajada del Opano hasta Macas, y las mujeres bellas macabeas y una comida  con cerveza helada y una noche de sábanas frescas y caricias de brisa en el rumor del sábado por la tarde. Que sí se puede pero que no se pudo y que el lodo engaña del tobillo a la rodilla de la llanta al eje, del dicho al hecho, lodo y cobijas de verde, cáscara de plátano y patacones pisados, que sí y Juancho enciende la cuatrocientos, la más liviana, la de su viejo, la maravilla voladora, y siguiendo los pasos y las señales trepa ante todo el cuerpo de ingenieros que había despejado con el brazo mano de hierro la trocha en el lodo, cuerpo de ingenieros verde olivo que ahora almuerza de todo montados en las Kowatsi amarillas carnaval, y alienta el paso de la primera mirando sin dejar de masticar porque abrirle trocha en un deslave solo lo hacen por los locos del camino, los que lo quieren tanto como ellos que lo hicieron y lo curan cada día, por los otros no mueven palanca hidráulica que no sea por orden, amor o sangre urgente. Asi pasaron Juan, y Marcelo y Marco las propias y las de los dos veteranos vagos, y casi sin pausa cargamos y seguimos creyendo que ahí se cerraba el incidente…

Cruzamos tres o cuatro arroyos benignos de agua limpia, bebimos, y salpicando se aflojó un poco el empanizado de lodo, las costras. Preciosos instantes de goce cada cruce parado en los pedales abriendo abanico de agua vertiente a lado y lado, resbalando llanta sobre piedra bola, sacudiéndose al salir como perros mojados, meneando la cola, levantando polvo, ladrando risueños hasta la curva ciega donde el camino se mete en el hueco del tunel tallado en piedra, chorreando agua y babas, venas y moho y seguramente murciélagos y reptiles vizcos, lenguilargos, berbenas en baches pileta, y oscuridades curvas. Se duda se frena se para no se penetra hasta el grito de guerra, la acelerada y adentro, ciegos siguiendo la luz blanca y la luz roja, el arco de día se achica en el retrovisor mientras palpamos con caucho los obstáculos y retumban las carcajadas y los relinchos hasta que aclara el frente y nos nos perfilamos en la salida de escape amorfo. Yde ahí fueron curvas trabados y arroyos divinos en bajada, coleando gritos dentro del casco, cagados de risa, sudados, perdidos y contentos.

En un comedor colono más mujeres con guaguas cola andina de tres litros, pan salado y atún real con aceite orinar entre las matas notando la magna y colorida simetría de las alas de mariposas que se pasean alrededor, sorprendidas sin dudas de la exuberancia alada de su tan reciente transformación, pronto apareo y muerte. Ojos rojinegros en fondo verde me miran desde su espalda.

El placer, la cura, el dolor están en el movimiento, en el desplazamiento al filo del descontrol por espacios labrados por la especie, premeditadamente meticulosos, espacios especie fórmica de bípedos impúberes, montados en ruedas y explosiones, los bípedos tontos, cansados, olvidado todo presente, brevísimos fogonazos del equilibrio estable, de instantes glandulares. Y a las pocas curvas nos saluda el orden y los ángulos rectos, las señales y los olores del asentamiento, de Macas, de la ciudad en la que entramos erguidos, de pie, intoxicados, mudos, salvajes saturados por un calefón de movimientos y reflejos, milanesas sedientas, conciencias sucias y sordas, contentos de deseo. Las nalgas aplastadas entre los huesos y el asiento, las piernas entumecidas, los ojos de lija y arena, los dedos torpes, la piel quemada, idiotizados, sacarse el casco, desnudar vejeces y picardías. Era el día 2, sábado cuatro de la tarde y en la demencia logística  la razón imponía continuar la ruta, ni un instante para la foto, para los cachos, para desenpolvarse, nada, tanquear y seguir, tanquear y seguir, tanquear y seguir, hacia el Norte ahora, hacia Puyo, allí sí, allí sí haríamos noche, y así el Domingo día 3 podríamos completar el circuito y aparecer en Quito con cara de que acá no ha pasado nada y el Lunes a la oficina a retomar las cosas pendientes, las rutinas necesarias, el estado sedentario, los movimientos virtuales, las comunicaciones precisas, la defensa, la seguridad y lo demás que ya se sabe.

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